La semana que termina comenzó con la publicación de la convocatoria de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) para que los aspirantes a su eufemismo de candidaturas se registren en las nueve entidades federativas en las que se elegirá gobernador el 2024. Puebla está entre ellas y por lo mismo no faltaron entusiastas del futurismo y venta de baratijas. Eso incluye tanto a los que se asumen como “candidateables” como a quiénes beneficie el juego especulativo, que será necesariamente un simulacro. Lo es porque la historia de Morena se caracteriza por su ausencia de competencia. No podría ser de otro modo. Definido en oposición y como némesis al “neoliberalismo” lo suyo es el patrimonialismo, “cuatismo”, y la decisión arbitraria de quién regentea al movimiento.
Ese monopolio del líder providencial se deriva del hecho que el movimiento y estructura de partido existe para asegurar su candidatura y elección, así como concentración de poder y ante todo ser quién decide sobre el estado de excepción. En una palabra, del soberano.
Sabiendo eso, de cualquier manera, es obligación del movimiento y estructura montar simulacros de competencia entre personajes degradados por su relación al líder como “corcholatas”. Quizás ya no se use ese epíteto pues el abuso en la definición de la candidata presidencial fue contraproducente. Esperemos a ver con qué mote se lacera a los que se aprestan al juego. Hay dos pares de decepciones a considerar en él. En primer término, la necesidad que se perciba como real entre los potenciales votantes indecisos; en segundo, el castillo de naipes que, siguiendo las simulaciones del juego impuestas desde el Instituto Nacional Electoral (INE), hacen irrelevante al primero.
Si bien morena cuenta con un voto duro y comprometido, compuesto mayoritaria pero no exclusivamente por beneficiarios de sus programas de transferencia condicionada de efectivo, así como convencidos y militantes, este no da para ganar la elección. En aras de lograrlo debe poder persuadir a una minoría de indecisos que sin filiación partidista o decepcionados de ella estén dispuestos a ser atraídos por su oferta.
Eso supone apelar a emociones y razones, resabios y esperanzas, cosa que comienza por construir candidaturas creíbles. El primer paso para ello es exponer la persona pública al escrutinio del (ir)respetable. En segundo paso es validarlo en una competencia contra otros. El antecedente más cercano que hay fue la elección primaria del PRI en 1999 de cara a la elección del 2000. En ella los llamados en un inicio “cuatro farsantes” (Roberto Madrazo, Manuel Barttlet, Francisco Labastida y Roque Villanueva) lograron persuadir a militantes y ciudadanía del espectáculo una vez que Madrazo se lanzó rudamente contra Labastida.
Al tener que defenderse de sus ataques y sobre todo la credibilidad del personaje del neo-baby tabasqueño como un patán y cacique suriano, Labastida entró en ventaja para posteriormente perder contra un inmejorable candidato del México bronco, ultramontano, católico y macho-facho del PAN. De hecho, morena intentó copiar el molde del PRI para la presidencial del 2024 éste año sin conseguir convencer a nadie. No sólo privó la tibieza y pusilanimidad de los seis suspirantes de la coalición gobernante, todo el tiempo se supo el gran elector era el presidente como dueño del congalito hecho movimiento. Este “hándicap” seguramente informará al proceso en los nueve estados.
Para el caso de Puebla hay también un antecedente significativo en la elección del finado gobernador Luis Miguel Barbosa. Entre los cuatro suspirantes que sonaron en 2017 y 18, él no se reunió con ninguno de los otros para discutir la idoneidad de su candidatura, cuando se sabía los demás lo hicieron, armando la de Enrique Cárdenas. Esta negativa se explicó como el hecho que pese a no tener una base fuerte de simpatizantes en el estado ni haber hecho proselitismo, había aportado suficientes recursos para la campaña presidencial. Aún si eso fuese una leyenda urbana, el hecho que perdiera la elección ante la siniestrada Martha Érika Alonso, obligaba a replantear la candidatura que se mantuvo contra Enrique Cárdenas y que se ganó por una escasa diferencia. Podemos suponer que esa tónica se mantendrá; quién comience con más recursos para repartir podrá gozar de una ventaja en el ánimo del movimiento, independientemente de los votantes. El voto duro obedecerá, pero eso supone el peligro de alienar a los indecisos que se quedarán sin ser persuadidos la competencia fue real y quedó la persona idónea.
Finalmente, el sistema de “cuotas” o mal llamadas “acciones afirmativas” impuestas por el INE para dotar a la farsa electoral de una pátina “representativa” hacen que sea imposible se cuente con la persona de mayor arrastre e identificación popular. Si es que existiese, es secundaria su relevancia a los equilibrios formales y de apariencias.
Para el caso que nos concierne del que se debe dar entre hombres y mujeres. Habiéndose ya definido la candidatura presidencial para una mujer, serán cuatro las candidatas a gobernadoras y cinco a gobernadores. Aquí regresa la estrategia y cálculo de la burocracia partidista dentro de los contornos del INE. Sabemos el INE no dejará morena de las candidaturas femeninas a los estados que gobierna hoy la oposición porque eso es mandarlas a perder.
Quedan pues cancelados Guanajuato, Jalisco y Yucatán, mientras que Morelos es y no es de morena. Puebla, Veracruz, Chiapas y Tabasco muy probablemente tengan candidatas. Quién de ellas dependerá de la relación con el líder providencial y las certezas que den respecto a la campaña presidencial.
No es que sea imposible armar una buena candidatura femenina para el estado, pero quién lo ha intentado sostenidamente por dos años no levantó. Otras pueden darse sin arraigo o jalón suficiente. La idea será imponerlas en avalancha por la fuerza de la estructura territorial y tamaño de las clientelas. De ahí que será necesariamente un simulacro o pobre espectáculo.
Quiénes estén ya comprometidos tendrán dificultades para entusiasmarse. Quiénes estén decididos por el voto opositor la tendrán aún más difícil. Queda acaso una camaradería de burla y memes, disfrutando el hecho que la elección venidera no da ni pa arriesgar ni cuantimenos perder amistades. Eso es un cambio benéfico a las elecciones desde el 2000 y es lo que se conoce como una democracia procedimental consolidada: poco importa el resultado pues los dados están cargados y las apuestas son irrelevantes.
Foto de Facebook: Morena Sí Puebla









