Esta columna lleva una semana y media en el refri, la tuve que guardar y esperar que no se echara a perder con los días que pasaban. Ya estaba lista y a punto, sazonada y calientita. Pero se nos vino encima el tema de la pretendida Reforma Electoral y había que salirle al toro.
No es que nos tomara por sorpresa, ya se había que la democracia incomoda a los que dicen que somos el país más democrático del mundo. Y aunque les fue útil para llegar al poder, les preocupa que alguien ajeno a su grupo ahora llegue gracias a ella, por lo que hay que poner al arbitró a jugar en su mismo equipo y evitar que eso suceda.
Es un asunto tan grave que tomó los encabezados en todos los medios, todos los análisis, incluso la COPARMEX Nacional en una rueda de prensa en la que presentaba el informe sobre el experimento fallido de la elección judicial, terminó enlazándola con las posibles repercusiones sobre nuestra democracia, libertades y economía si la propuesta de reforma electoral avanza en los términos que se está planteando. En voz de su presidente nacional Juan José Sierra, el organismo empresarial nuevamente alzó la voz con posicionamientos claros, argumentados, muy firmes. Todos aquellos que dicen que el sector empresarial organizado no está alzando la voz debería revisar lo que la COPARMEX ha venido poniendo sobre la mesa en las últimas semanas.
Así que hubo que dar espacio a eso para llegar ahora a esto. El tema del estancamiento económico no es menor, todo lo contrario, lo que pasa es que este gobierno está tan empeñado y es tan bueno en poner todo patas arriba, mientras se victimiza, acusa y dinamita sus puentes, que empiezo a creer que quedarse sin margen de maniobra ante las amenazas que desde el exterior están pateando la puerta, es una estrategia -no sé para qué- y no el resultado de su estulticia. Así que eso hace que se nos acumule la chamba y debamos posponer algún tema por el timing de otro.
Regresando a nuestra columna, hoy que abrí el refri vi que estaba muy bien, huele un poco fuerte, pero es normal tratándose de lo que se trata. Así que le puse un poco de aceite de oliva, y la metí al horno para recalentarla, creo que quedó muy bien, oportuna y picante.
Por más que la narrativa institucional explique cada mañana que “vamos bien”, la realidad se empeña en estrellárseles en la frente: México ha perdido el paso, finalmente se le ha acabado la inercia. Hoy ya no hay dudas, la economía nacional ha perdido su dinamismo, apenas y se mueve, y aunque podemos aferrarnos a algunos indicadores que todavía pintan en negro, el panorama general apunta a un riesgo real de estancamiento.
El INEGI confirma que en el primer trimestre de 2025 el PIB creció apenas 0.2 por ciento respecto al trimestre anterior, evitando por un pelo la recesión técnica. No echemos las campanas al vuelo, se salvan con esa cifra, pero la industria se contrajo y los servicios no levantan cabeza.
Les adelanto; durante abril–junio la “estimación oportuna” apunta a solamente 0.7 por ciento de crecimiento trimestral. Lo que se veía venir desde 2024 hoy nos deja sin aliento. Y no es solo una cifra mágica: la inversión fija bruta ni siquiera alcanza el 20 por ciento del PIB, mientras que para ver un crecimiento sostenido requerimos al menos un 24 %. O sea, no es que estemos estancados, es que estamos hipotecando el futuro.
Pero el golpe económico a la entrepierna social llega en salud. Aunque el CONEVAL certificó una caída en la pobreza multidimensional —de 51.9 millones en 2018 a 46.8 millones en 2022—, esa cifra viene teñida por programas sociales masivos que hoy ya muestran su límite. Eso no es progreso sustentable: es parche. Lo peor: la pobreza extrema apenas se movió (7.0 por ciento en 2018 vs. 7.1 por ciento en 2022). Y lo que sí se dispara es la carencia por acceso a servicios de salud, de 20.1 millones en 2018 a 50.4 millones en 2022.
Esto no es sólo una estadística más: significa que millones de personas están perdiendo el acceso básico a atención médica. Y cuando no hay salud, tampoco hay capacidad de trabajar, de generar ingreso, de vivir con dignidad. La pobreza se reduce, sí, pero el riesgo es que la vulnerabilidad en el acceso a servicios de salud más tarde les empuje hacia abajo, hasta volver a niveles de pobreza, peores.
Los hogares que hoy logran sacar la cabeza con programas sociales están en riesgo de verse otra vez sin recursos, y sin salud pública, volverán a estar atrapados en la precariedad. En un retroceso que toca cada aspecto de la vida: empleo, ingreso, bienestar y futura productividad.
Y aunque el empleo “crece”, se trata principalmente de trabajo informal. La mitad de la población trabajadora sigue sin acceso a salud laboral o seguridad social. El IMSS reporta apenas un leve aumento de afiliados. Mientras tanto, las MiPyMEs, abandonadas a su suerte, enfrentan inseguridad, incertidumbre jurídica y una tramitología de otro siglo.
El gobierno federal en modo de negación total ha continuado al pie de la letra la estrategia que apuesta a la polarización social y a las cortinas de humo, mientras se aferra con discursos, encuestas de popularidad y programas sociales insostenibles, una receta que ya rindió lo que podía y que hoy se desmorona ante la cruda realidad económica. Y es que, en lugar de enfocar sus baterías para consolidar y atraer inversión, dar certidumbre fortaleciendo el estado de derechos y mejorando la seguridad, ha debilitado la confianza, cambiando reglas al vuelo, imponiendo reformas que claramente buscan la concentración de poder y erosionan la autonomía de los órganos constitucionales.
No se puede hablar de recuperación económica sin reglas claras, sin instituciones fuertes y sin colaboración real. ¿Quién invierte en un país donde el Estado de Derecho está siendo desmontado?
Digámoslo claramente, la situación es grave. Y no solo por el presente. Hoy la pregunta ya no es si creceremos en 2025, sino si tendremos una democracia funcional para 2030. Las reformas político-electorales que se avecinan ponen en duda incluso cómo se organizarán las próximas elecciones. Bajo este escenario, la recuperación económica y el desarrollo social son técnicamente imposibles.
El gobierno en todos sus niveles debe tomar medidas inmediatas que permitan reactivar la inversión productiva. La presidenta Sheinbaum deberá empezar a gobernar por ella misma y con diálogo respetuoso y escucha activa luchar por restaurar la certeza jurídica, una tarea tanto titánica como indispensable, con transparencia y firmeza el gobierno debe garantizar la seguridad para las personas y las empresas, mientras que con trabajo coordinado con el sector empresarial diversificar los mercados. Necesitamos infraestructura, competitividad energética, seguridad jurídica, y sobre todo, voluntad política para hacer del crecimiento una política de Estado.
La desaceleración ya se siente en las empresas y duele en los hogares de los trabajadores. Ha quedado atrás el momento de repetir mantras nacionalistas mientras nos empujaba la dinámica económica de los Estados Unidos, hoy debemos tomar decisiones valientes con visión de largo plazo.
Claramente el sector empresarial organizado debe estar listo para trabajar en una agenda común, construida con inteligencia, generosidad, dignidad y valor. Y como ya lo hace la COPARMEX, también debe ser capaz de apretarse los machos, salir al ruedo y señalar, alzar la voz y defender a las empresas, a los trabajadores y a los ciudadanos cuando el estado de derechos se debilita. Porque sin democracia, sin justicia, sin certeza, no hay economía que prospere. Y sin economía, no hay futuro que valga la pena imaginar.
¡Un abrazo!
Rubén Furlong Martínez
Los leo en X: @RubenFurlongM










