Juzgue usted mismo. Dentro del World Economic Forum del 2018, sí, el de hace ya tres años, se compilaron los riesgos más representativos que, de acuerdo a las empresas y organismos públicos mundiales, pudieran incidir en crisis para todos los ciudadanos en el mundo.
En el WEF del 2019 se delinearon bajo un análisis mucho mejor estructurado y ceñido a probabilidades, por supuesto, sin dejar de lado ninguno de los eventos que representarían un desequilibrio para las empresas y estados, pero con un método que evalúa la probabilidad de realización.
Los riesgos identificados y presentados en el WEF 2019 son los siguientes:
- Pérdida de la biodiversidad y colapso de ecosistemas.
- Desastres ambientales por la acción (inacción) del hombre
- Crisis alimentaria
- Desastres naturales (incendios, inundaciones, tormentas eléctricas, caída de granizo, etcétera)
- Eventos derivados de clima extremo, hielo, nieve en lugares donde habitualmente no sucede
- Falla en la mitigación y adaptación al cambio climático (promoción del consumo de combustibles fósiles, negación al reciclaje o reutilización de los desechos)
- Migración involuntaria a gran escala
- Crisis de agua
- Incremento en el costo de la generación de energía
- Conflictos entre estados
- Armas de destrucción masiva
- Enfermedades de rápida transmisión entre la población (pandemias)
- Falla en la gobernabilidad estatal
- Inflación desmedida
- Desempleo
- Subempleo
- Consecuencias adversas al avance tecnológico
- Falla en la infraestructura critica
- Colapso de Estados
- Inestabilidad social
- Falla en la planeación y desarrollo urbano
- Ciberataques
- Irrupción en infraestructura informática
En recientes días, mucho se ha hablado de la amenaza de un gran ataque cibernético combinado en distintas geografías y diferentes estados con la finalidad de caotizar más el regreso a la nueva normalidad, pero qué podemos y debemos hacer los ciudadanos mexicanos para protegernos ante este alud de posibles riesgos en curso.
Seguramente las autoridades encargadas de la protección y seguridad, en caso de que se presentaran eventos de origen natural, tendrán un plan de acción, ya sabe, el típico de cada año, sin embargo, la pregunta versa sobre si el plan estará a la altura de lo pronosticado y si el grueso de la población también lo estará.
Recordemos lo sucedido en la frontera de España con Marruecos en la ciudad de Ceuta, donde una avalancha de migrantes traspasó las barreras de acceso al país, al grado de requerir la presencia de las fuerzas armadas para corregir la situación.
Este riesgo, ubicado como el número 7 de los identificados durante el WEF, muestra gráficamente el desborde que puede producirse en cualquier país del mundo atizado por las condiciones que exacerban las causas para cuestionar si nuestros modelos de reacción tendrán la capacidad de solucionarnos el problema del que se trate cuando llegue a nosotros.
O qué decir de aquel que incorpora dos riesgos de la lista en un solo evento. ¿No adivina? Le ayudo: la falta de suministro eléctrico durante el cierre de la temporada invernal en México a causa de un problema que está representado en el número cinco del ranking, es decir, eventos derivados de clima extremo. ¿Usted fue de los afortunados que no tuvieron cortes de electricidad durante dos semanas? Si no lo fue, ahora sabe que el origen no fue del todo culpa de la mano del hombre, la naturaleza también nos pasa factura eventualmente.
¿Seguimos? En 2020, en México, se han identificado cerca de 111 presas artificiales captadoras de agua construidas desde los años 70 que actualmente se encuentran a menos del 20 por ciento de su capacidad. ¿En serio esto no le preocupa?
El riesgo de quedar sin agua se ubica en el número 8, pero detonaría los riesgos 3, 9, 10, 15, 18, 19, 20 y 7. Por favor, dele una leída a éstos y, si no está de acuerdo, simplemente olvídelo, pero, si le hace sentido, prepárese junto con su familia. Es posible contrarrestar casi la mayoría de los eventos de pérdida a un costo muy bajo si estamos prevenidos.
Es una realidad, alguno o algunos, llegarán, por ello hay que estar prevenidos, contactar con especialistas para contención y gestión de riesgos, más allá de lo que pudiera ser un simulacro de incendio o sismo, en donde a todos los participantes de manera monótona los acostumbran a sintonizarse en un evento que debiera ser mucho más dinámico y espontáneo.
Hay un elemento más que no se encuentra en el listado del WEF, el del impacto psicológico en los niños y adolescentes que estuvieron en cuarentena dentro de sus casas durante la mayor parte de la pandemia, viviendo situaciones de estrés, de violencia familiar, de situaciones de agresión permanente y, quizás, extrema. Este riesgo de insanidad emocional lo tendremos que descubrir de a poco conforme los pequeños avancen en su cotidianeidad para conocer hasta adonde llegó el daño. Por favor, esté pendiente de sus hijos, es posible que, entre las horas de videojuegos y la frustración por no poder salir de su casa, encuentre un tipo de neurosis que ya se ha presentado en otras partes del mundo y que ha cobrado vidas de niñas y niños, así que a poner atención y a ayudar a que sus hijos tengan un regreso a clases lo mas terso posible.
Y, a todo esto, ¿por qué decimos que es la tormenta perfecta? Porque tiene todo: evolución en los problemas sin resolver en el mundo, poca o nula acción de las autoridades para poner manos a la obra y corregirlos, actualmente se encuentran más ‘entretenidos’ tratando de consolidar su imagen y reputación antes que arremangarse y palear junto con la población todo lo que se avecina. Hoy se pueden combinar dos, tres o más factores de riesgo que antes y la solución no será un discurso lindo desde una zona alejada. Hoy las personas necesitan sentir que las autoridades están ahí, codo con codo, luchando a brazo partido por ayudar a resolver las dificultades que plantean años y años de explotación a la madre tierra. Hoy llegó la hora de pagar.
El futuro ya está aquí. Es momento de tomar acciones para crear las mejores soluciones, prevenir, asegurar y, sobre todo, proteger a nuestras familias, nuestras empresas y al personal que labora en ellas. Si no tomamos el asunto con seriedad, quizás estemos perdiendo la única oportunidad de salvar aquello por lo que hemos trabajado arduamente durante tantos años.
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