En Taipei, Taiwán, el camión de la basura de color amarillo se anuncia con música clásica a lo largo de las calles estrechas, tiendas de té de burbujas y los edificios bajos de apartamentos, en lugar de la tradicional campanilla utilizada en muchos países.
Se trata de Para Elisa de Ludwig Van Beethoven, la melodía siempre presente de las clases de piano de los jóvenes y de los juguetes de la niñez. Para los habitantes de Taiwán, es una llamada para sacar la basura.
En ocasiones, se anuncia la presencia de los camiones recolectores con La Oración de la Doncella, una melodía para piano de Tekla Bądarzewska-Baranowska, compositora polaca del siglo XIX.
Todos los vecinos disfrutan la salida a sacar la basura en bolsas, separada convenientemente. Atrás del camión amarillo de la basura le sigue un pequeño camión blanco de reciclaje.
Un equipo de recolectores de basura se bajó del camión y colocó una serie de botes, además de otros receptáculos separados para papel, plástico, vidrio, metal, alimentos crudos utilizados para abono y comida preparada usada para alimentar a los cerdos, reportó el diario The New York Times.
Es débil el hedor a basura en el aire. Muchos coinciden en que es un buen sistema que ayuda a mantener limpio a Taiwán y donde la gente convive cinco días a la semana. Todos tienen los oídos bien abiertos para escuchar los primeros compases de Para Elisa o La Oración de la Doncella
Todo forma parte de una política de manejo de residuos que lleva décadas en Taiwán, según la cual la basura no puede tocar el suelo. Obligar a la gente a entregar su basura personalmente a los camiones, en vez de sacar sus botes para que los recojan después o de colocar la basura en un contenedor, fue la clave para la transformación de un lugar, que en 1990 fue apodado como la Isla de la Basura, en una sociedad limpia y en gran medida, sin desperdicios.
El sistema también ha fomentado el sentido de comunidad en muchos vecindarios, ayudando a fortalecer la sociedad civil que sustenta la vibrante democracia de Taiwán, llamada actualmente la República de China y anteriormente China Nacionalista.
Sigue siendo un misterio cómo eligieron Para Elisa y La Oración de la Doncella. Algunos dicen que un funcionario de salud eligió la canción de Beethoven tras escuchar a su hija tocarla al piano, otros aseguran que los camiones venían preprogramados con las melodías.
Una cosa está clara. Las dos piezas se han convertido en parte integral de la banda sonora de Taiwán, atrayendo a una multitud como lo hace la tonada del carrito de los helados en otros lugares.
A pesar de la efectividad del enfoque de Taiwán, no todos están contentos con el sistema. Algunos se han quejado de que la música está demasiado alta. Otros, han expresado su frustración por tener que planificar sus vidas en torno a los horarios de recolección de basura.
Como dijera el filósofo: Ahí te hablan Eduardo Rivera Pérez, Alcalde de Puebla Capital.
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Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









