Con una motocicleta heredada por su papá, emprendió el camino y echó a andar su proyecto. Luego de trabajar en varias cafeterías, aprendió a tratar el grano con la delicadeza necesaria para sacar del fruto la taza más exquisita que complaciera hasta el paladar más severo.
Primero adaptó un auto Volkswagen Sedán para abrirse camino en el mundo de las cafeterías móviles. El “vocho” se hizo conocido entre los poblanos, sin embargo, fue tanta la demanda, que la movilidad y gastos se tornaron complicados. Decidió llevar a cabo la idea que le rondó el pensamiento por varios meses.
Gracias a sus estudios en ingeniería mecánica tenía el bosquejo de una estación cafetera en la cabeza y con la ayuda de un herrero, forjó cada pieza a la medida hasta adaptarla en su moto.

El café se ha convertido en sinónimo de lucha, de nostalgia y de desvelo, pero más que nada, de materializar un sueño. Arturo Espinoza siempre soñó con conocer la ciudad de Puebla, a pesar de nacer en la capital, de enorgullecer a su padre y de tener su propio negocio.
El grano
Encontró el sabor perfecto en el grano de Coatepec, un municipio de Veracruz que destaca por su café de altura.

Texto y foto: Identidad Puebla









