Por muchos años, las mujeres hemos luchado por ser respetadas, escuchadas, liberadas, y tomadas en cuenta para muchas situaciones, como es el derecho al voto, colaborar en la toma de decisiones importantes en casa o en la sociedad, hasta el mismo acto de poder sentir placer. Y si bien en muchas culturas dominadas por mujeres, esto no ha representado un problema, la realidad es que aun falta mucho camino por recorrer.
Tal vez en muchas ocasiones, las batallas no hayan sido por sentir que aplastan nuestros derechos, sino por creer que nuestros roles, indispensables para la crianza, la administración del hogar o el desarrollo de una sociedad, no son valorados. Pero algo es seguro, las mujeres hemos representado una seria amenaza para los hombres que intentan superarse y mantener el control.
Porque no se trata de igualar posturas, uno y otro somos diferentes en funciones orgánicas, capacidades y roles, ambos pensantes, ambos fuertes, ambos listos para la solución de problemas.
Sin embargo, no siempre el trabajo ha sido equitativo, y no siempre todos, hombres o mujeres tienen esa madurez emocional que se requiere para vivir dignamente, para gestionar las demandas de la vida diaria o para una sana convivencia. Las historias de vida y las relaciones interpersonales dominan la situación, evitando clarificar nuestras necesidades.
Y esto no facilita que se ajusten las cosas como queremos, porque muchas veces, no es la lucha contra un género, sino todo lo que conlleva crecer como ser humano.
Sin embargo, es claro, que el sexo femenino no ha tenido en este sentido más ventajas. Las diferencias entre ambos sexos, es clara, en el aspecto familiar, de pareja, laboral, social, y en todas las áreas donde nos desarrollamos.
Y entonces entre las historias de vida, poca madurez emocional y una real desventaja de género, la ira puede desatarse.
Aunque hay que admitir que muchos avances se han tenido, cuando las capacidades de una mujer son evidentes y reconocidas en temas como los derechos civiles y sociales, el desarrollo de proyectos o el fortalecimiento de sus habilidades cognitivas, o la toma de decisiones importantes en cualquier área en la que se desempeñe.
Sin embargo, todavía hay mucho que hacer para fortalecer a una mujer, pues su trabajo se duplica cuando las necesidades del hogar exigen su presencia como es el caso de la maternidad, la lactancia o el maternaje de los hijos, por ejemplo. Sin contar los riesgos constantes en su salud, cuando las enfermedades les asaltan sin darse cuenta.
Nuestro sistema reproductor, nos identifica como mujeres y aunque, hay muchos avances en la medicina y la tecnología, todavía las creencias nos dominan y nos hacen dejar de lado, el cuidado tan necesario de nuestro complejo organismo. Toda una paradoja, pelear tanto tiempo por nuestros derechos y olvidar el más importante, nuestra salud.
Hoy en día, podemos ver a muchas mujeres sufrir por enfermedades que probablemente se han podido evitar. Y si bien muchas de ellas nos las podemos identificar de inmediato, lo cierto es que tampoco tomamos lo que sí está al alcance de nuestras manos, prolongando el tiempo de espera para pedir ayuda y sanar.
¿Tendrá que ver con nuestro ser mujer desde el corazón? ¿Será como si no nos mereciéramos vivir saludables y felices? ¿Será una forma de seguir lastimándonos para compensar todas aquellas ganancias que hemos obtenido a través de años de esfuerzo para igualar nuestros derechos? O, ¿tal vez dejamos de lado nuestra salud y preferimos morir, para demostrar que seguimos siendo vulnerables y mantener la ya conocida dinámica social? ¿Qué pasa entonces?
No es sencillo responder a eso, porque cada caso es diferente.
Aun detectando alguna enfermedad grave y llevando disciplinadamente un tratamiento, algunas mujeres no logran sobrevivir, y sufren en el proceso de tratamiento, una larga y dolorosa agonía.
Son muchos los aspectos que deben tomarse en cuenta en este asunto urgente de cuidar la salud de las mujeres. Las creencias sobre el pudor, la culpa, la vergüenza, la mala praxis de los especialistas, la falta de recursos, la ignorancia sobre el funcionamiento de nuestro cuerpo o una muy baja autoestima, son factores que entorpecen el proceso de prevención o de una atención temprana y adecuada.
Además de que una campaña por un solo día o un mes, no será suficiente para tomar conciencia de lo preocupante de la situación, y atender nuestra salud.
La idea clara de cuidar de ella, debe estar presente cada día, por el resto de nuestra vida, no solo por miedo a morir, sino por el derecho que tenemos las mujeres y cualquier ser humano de vivir con plenitud y libertad. El primer derecho por el que debemos luchar.
Y RECUERDEN, TODO SALDRÁ BIEN AL FINAL, Y SI LAS COSAS NO ESTÁN BIEN, ENTONCES, TODAVÍA NO ES EL FINAL.









