La semana pasada se rompió el récord histórico de demanda de energía eléctrica en el Sistema Eléctrico Nacional. En palabras sencillas, se consumió en un momento el máximo de energía eléctrica por encima de cualquier otro momento de la historia del país.
El récord anterior era del 20 de julio de 2022 con 48,921 megawatts (MW). El nuevo récord fue el jueves de la semana pasada, con 50,655 MW. Los dos años anteriores, la pandemia evitó que creciera la demanda, por lo que no hubo records, pero en un país con crecimiento, eso debería suceder cada año. Los datos económicos dicen que este año recuperamos el tamaño de la economía de 2018, que se cayó primero por decisiones del presidente como cancelar el aeropuerto de Texcoco, y luego se profundizó por la pandemia.
Según el programa de desarrollo del sector eléctrico nacional, la demanda de 2021 a 2022 creció alrededor de 3 por ciento. Cómo podemos ver, la demanda máxima creció 1,734 o MW sea 3.54 por ciento.
¿Por qué es importante esto?
Porque México además del incremento de la demanda tiene dos problemas: no ha crecido la generación de términos prácticos desde 2021 y la transmisión de energía eléctrica tampoco ha crecido desde 2018. Si bien de 2018 para acá han entrado en operación diversas centrales, hay alrededor de 1,500 MW eólicos y solares listos para generar, que siguen bloqueados. Además algunas centrales han sido sacadas de operación.
Lo peor, prácticamente desde 2019 a la fecha no hay proyectos nuevos, a reserva de algunas centrales de ciclo combinado de CFE, que cuando se terminen todas agregarán 4,000 MW nuevos de capacidad de generación. El gran problema es que difícilmente se terminarán antes de 2024.
Si además agregamos que muchas de las plantas térmicas de CFE son cada vez más viejas y tienen el doble de salidas por fallas que por mantenimiento, las necesidades de energía crecen cada vez más. Y si no se tiene energía suficiente vienen tres posibilidades: freno económico, apagones o una mezcla de las dos.
Ahora, como dijimos arriba no hay proyectos nuevos.
Eso quiere decir que en el mejor de los casos, en octubre de 2024 y ante un posible cambio en política energética (ya sea que gane la oposición o se mantenga el partido en el gobierno, pero con nuevas ideas) puedan empezar a fluir los permisos de generación. Si consideramos un año de trámites, por lo menos, y un par o tres años de construcción, tal vez empiecen a operar nuevos proyectos por ahí de octubre de 2027 o 2028. Y eso si hay proyectos de transmisión y se concretan. Si no, podemos esperar unos meses más.
Entonces, si el crecimiento no lo pueden cubrir las nuevas centrales de CFE, si que tendremos problemas desde este año y hasta 2028. El próximo presidente podría recordarse como el presidente que regresó al país a los apagones.
Para terminar, Baja California Sur hasta el año pasado era un sistema emproblemado, con apagones rotativos para satisfacer a la mayoría de usuarios sin dañar al sistema. La entrada en operación de centrales solares y eólicas, privadas, ha permitido superar algunas crisis ahí. En el resto del sistema quedan 1,500 MW bloqueados, que también podrían ayudar, aunque no resuelven del todo.
Nomás es de que el gobierno quiera. ¿Podrá más la ideología que la urgencia de energía?









