Para la poeta multidisciplinaria Tania Márquez, el arte no debería ser un privilegio. En los talleres que ha impartido en diferentes partes del mundo, las mujeres expresan temas complejos como abuso sexual, gordofobia, discriminación y muerte, a través de su escritura.
La poeta estudió Lenguas Modernas en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y en el taller de “Los hiperbóreos”, con el poeta Mario Bojórquez, en la Casa del Caballero Águila, con ello inició su camino por la poesía.
Bojórquez culminó el curso de tres años con la publicación de un libro en el que se daba a conocer el trabajo de los participantes. Con esta publicación, Márquez reafirmó su deseo de dedicarse de lleno a la poesía.
“Mis primeros poemas son acerca de la naturaleza y el mar. El hecho de que esté en constante movimiento marca la manera en que escribo, a veces meto frases en inglés y escribo sobre identidades y fronteras”.
Vida de nómada
Tras la publicación de la antología, la poeta no se identificó con ningún grupo de poesía, además que no buscaba quedarse en Puebla, pues quería viajar y realizar diferentes proyectos. Por ello, inició un nuevo camino con la poeta Martha Mega, quien le hizo reflexionar sobre la escritura de las mujeres y el canon en la literatura.

En entrevista exclusiva con El Heraldo de Puebla, Tania Márquez comentó que la mayor dificultad de las mujeres al empezar a escribir es la falta de lecturas de escritoras. Los maestros ofrecen lecturas de hombres, porque esa es la tradición, y con ello, las escritoras se forman leyendo a pocas mujeres.
Por ello, leer a mujeres fue fundamental en su formación. En los talleres con Martha Mega fue encontrando su voz y el sostén de su poesía.
Temas de la poesía de Márquez
La poesía de Márquez se caracteriza por explorar las formas de identidad y de cultura, las fronteras geográficas, fronteras ideológicas, y su experiencia en diferentes momentos y lugares; por ejemplo, cómo se siente el mar en diferentes países.
La poesía además funge un papel crucial en la vida de Tania, pues es su manera sacar el enojo, de hablar con personas que no están y, aunque no todo es publicable, esos ejercicios de libertad constituyen parte de su ser en el mundo.
“Si no escribiera poesía, no sabría qué hacer. La poesía es el centro de mi ser en el mundo. Sin la poesía tendría un hueco en mi vida. La poesía va marcando el camino de mi vida. La poesía define mi vida”.
A pesar de su pasión por la poesía, Márquez Aragón tiene otros trabajos para poder dedicarse a la poesía.
“Tengo diferentes trabajos y ellos alimentan a mi poesía”.

Síndrome de la impostora
Además de sus diferentes trabajos, Tania ha sido una tallerista en los lugares a los que viaja. Disfruta trabajar con mujeres que no han tenido gran cercanía con la academia o donde la cultura no está centralizada. En sus talleres, las mujeres encuentran un lugar seguro para desahogarse y poder encontrarse consigo mismas y las otras.
“Aunque no lo busque, los talleres se vuelven terapéuticos. No siempre contengo, a veces son las mujeres mayores las que contienen”.
En sus talleres se lee solo a mujeres y se escribe sobre la experiencia de ser mujer. Muchas talleristas sienten que su poema no tiene valor estético o que ellas no puedan escribir más allá de un simple taller.
“Hay muchas mujeres que piensan que su poesía no tiene valor porque desde niñas nos dicen ‘tus pensamientos no valen. Tu poesía no tiene valor estético’. Leemos en voz alta nuestros poemas, no es competitivo, es escucharnos a partir de la libertad y de saber que cada experiencia vale”.
Danzando entre las fronteras
Tania es disruptiva, pues no es una poeta solitaria, obsesionada con el lenguaje (como han sido estereotipados los poetas). Es una poeta que dialoga con diferentes disciplinas, como la música, danza o el collage, para nutrir su quehacer artístico.
“Leo a más mujeres, pero no por eso dejo de leer a hombres o dejo de lado la tradición. Exploro diferentes territorios, como el son jarocho, con la danza y con el collage y es interesante ver cómo las artes dialogan”.
A pesar de que rompe con la tradición, que elige trabajar en periferias, conoce la tradición de la escritura.
“Tampoco creo que se pueda escribir sin una tradición, se necesita mirar atrás y mirar adelante”.
Identidades
Durante sus viajes su identidad cambia, al vivir en Canadá es una mujer latina; sin embargo, al viajar por África fue una mujer blanca. Ella plasma esas identidades y contextos en su obra y juega con ellas; además, juega con su propia identidad, pues tiene diferentes pasiones.
“No me defino poeta, y no porque no valore mi poesía. (…) Hay gente que me percibe como una mujer dedicada al son jarocho y me gustan esos límites sobre mi identidad, porque no soy solo un quehacer.”
Fotos: Noah Jordan









