Cuando una propuesta de valor nace, siempre tiene el reto de descubrir dónde y cómo generará dinero, le ha ocurrido a Facebook, a Google, al streaming y por supuesto a los coworkings, que constituye una propuesta nueva que va más allá de simples espacios para trabajar. En el caso de WeWork ha sido una película inspiradora y de terror, al ver los altibajos de la empresa y de su fundador.
Adam Neuman, fundador de WeWork, nació en Telaviv en el año de 1979 y debido a su dislexia aprendió a leer y escribir hasta el tercer año, sirvió durante cinco años en el ejercito de Israel y a los 22 años decidió mudarse a Nueva York a estudiar en la Escuela de Negocios Sickling del Baruch College, Adam buscaba al terminar sus estudios conseguir un trabajo, divertirse y ganar mucho dinero, pero lejos de convertirse en un Godin neoyorquino, inició su carrera de emprendedor serial.
Sin haber concluido los estudios arranca su primer emprendimiento, zapatos de tacón plegable, proyecto que no logró el éxito, posteriormente fundó la empresa Egg Baby, que consistía en ropa para bebe con rodilleras integradas, la cual fue su primer éxito empresarial, posteriormente con Miguel McKelvey, quien se convertiría en su principal socio, generaron la idea de espacios comunes de trabajo, lo que se convertiría en lo que ahora conocemos como coworking.
El primer coworking de Adam, que inicialmente se pensaba llamar Kibbutz 2.0 y finalmente fue bautizado como Wework, abrió sus puertas en el barrio italiano de Nueva York y posteriormente crecería a 120 ciudad en 40 países, el slogan de la marca «haz lo que amas» fue idea de Reckah Neuman, esposa de Adam. Wework en poco tiempo se convirtió en la start up de mayor valor en los Estados Unidos.
Adam inició algunos spin offs como fueron We live (vivienda), We grow (educación) y Rise by We (gimnasios), el éxito generó ciertas excentricidades en Adam, estar descalzo siempre en la oficina y tener sauna en el, la compra de un avión y enormes fiestas, situaciones que no gustaban a sus inversionistas, los cuales empezaban a dudar de la valuación de 47 mil mdd de la compañía, en el año 2019 la empresa realizaría una IPO (salida a bolsa de valores).
Se dice que tarde o temprano alguien tiene que pagar las cuentas y esto le ha pasado a Wework, la empresa recientemente alertó a su sus inversionistas que corre el riesgo de no contar con el capital de trabajo necesario para operar, en los primeros meses de este año ha acumulado pérdidas superiores a los 700 mdd y sus ingresos en su principal mercado, que es Estados Unidos, van a la baja.
Por otro lado, la marca de espacios para trabajar Regus, que es una propuesta de valor mucho más conservadora y tradicional que WeWork, reportó este año los mejores resultados de su historia.
En nuestro país, hay coworkings que han sido disruptivos y están descubriendo su camino, como en el caso de Workosfera en Puebla, de Comadre en la Ciudad de México y por supuesto de la red de coworkings llamada passwork.
A mi parecer, la historia de Adam y WeWork nos deja varios aprendizajes:
1. Descubre en tu propuesta de valor o empresa, donde se genera el dinero.
2. Se vale como emprendedor soñar y ser disruptivo, pero con prudencia, los excesos cuando estás en la cima te pueden costar caro, es clave «creértela» cuando estas iniciando y «no creértela» cuando lo has logrado. El gran riesgo del éxito es la soberbia.
3. Atrévete a ser un emprendedor serial, Adam brincó de diseñar zapatos a ropa para bebé a coworkings.
La historia de WeWork aún tiene mucho camino por recorrer, descubramos con el paso del tiempo lo que ocurre con esta propuesta de valor.










