A nadie escapa que X-Twitter es la red social más baja y aberrante. Tras un auspicioso inicio en 2006 para estimular la conversación inteligente vía pensamientos sucintos, degeneró en un albañal abierto. Tan es así que es la herramienta preferida de campañas políticas de desprestigio contra cualquier persona, institución o serie de ideas. No es de extrañar que quiénes morbosamente la revisamos y escribimos majaderías en ella, esperemos abyección y repugnancia compitiendo por el mayor número de reenvíos de “tuíts”. Así, tanto pornografía convencional como kinks sociales y toda suerte de abominaciones circulan produciendo seguidores y condenas. Esta semana tal comportamiento estuvo estimulado por una familia joven que acudió a supermercados proles de la ciudad de México para probar que con poco dinero podrían hacerse de despensas. En el primer caso fue Bodega Aurrera, dónde usaron poco más de mil pesos. Dado el éxito de la reacción que no dudó en señalar que estaban comprando productos basura, con los que desgraciarían a un infante, al otro día repitieron el ejercicio en Walmart con dos mil quinientos pesos. Esta segunda no atrajo el mismo nivel de interés pues para entonces los detractores ya se habían cebado con un trío de productos. A saber, un infame sustituto de leche, un cereal copiado de otro que es chatarra y la mezcla de carne molida de remate.
Nadie duda los tres productos, como el resto de la despensa, son para “jodidos”, quedando en el aire la explicación de por qué se ofertan, más allá de la circularidad respecto a que es un país jodido en que hay quiénes lamben la coyunda. Ciertamente en ciencias sociales existe una explicación avanzada al respecto y se le conoce como “food oppression” (opresión alimenticia); esto es, que independientemente de la información con que cuente el consumidor, se podrá hacer de los alimentos disponibles en su código postal e ingreso, los cuales suelen corresponderse de manera implacable en el capitalismo contemporáneo. Así, no importa si se sabe o no que los alimentos procesados son dañinos y en qué medida, los más pobres tendrán una proporción mayor de ellos, padeciendo enfermedades crónico degenerativas de manera prematura. La demografía es una ciencia exacta, capaz de calcular la expectativa de vida de cada uno de nosotros, teniendo en la “food oppression” una de las explicaciones más contundentes. Sin embargo, ese no era el propósito de la familia heterosexual con cría que aparecen como creadores de contenido.
Son dos aún más infames que las Azucaradas con Nutri con que malograrán a su vástago. Aparentemente es evidenciar que aquello que desde el discurso presidencial se identifica como “los conservas”, “la derecha” o “fifís” no van a tiendas populares y prefieren vivir endeudados en una burbuja que disfrutar de las ventajas del México real, el de los pobres satisfechos. Implícitamente se sugiere que la inflación no llega a los bolsillos de los que compran chatarra. Lógicamente ambas premisas son falsas. Por principio de cuentas, no es sólo por pobreza sino también por enajenación que alguien compre basura como la que se ufanan, seguido de que la inflación es justamente la que obliga a que haya quién le encuentre mérito a ello. Siguiendo el razonamiento de los “creadores de contenido” un expendio de productos caducos de Bimbo no es un crimen contra la población sino acción solidaria de empresarios cerdos y gobierno acojonado.
Pese a todo, la pareja logra el éxito de picarle la cresta a sus destinatarios que responden no con argumentos sino señalando el lamentable papel de propagandistas de la basura, que son, mientras que el primogénito del presidente, el legislador Noroña, o el afamado Dr. Muerte (Gatell) hacen sus compras en Costco, City Market o en tianguis orgánicos. La crítica se queda en la burla y el abuso, señalando son unos cretinos que sacrifican la salud del morro en aras de defender a “otra” minoría rapaz que les ha tomado la medida como a idiotas útiles. No hay crítica, fuera de la leche de supuesto libre pastoreo en el carrote del Júnior, a los alimentos que ahí se adquieren, sólo a que no se atreven a ofertar ahí la basura que en Bodega Aurrera es moneda corriente. La provocación fue pues exitosa al cosechar todos los insultos del “clasirracismo”, tratando de encuadrar a “los conservas” como viscerales reaccionarios. Que, al hacerlo, el insulto presidencial que los pobres son “como animalitos” se mantenga es menor al logro mediático. Por ende, es menester esperar más “contenido” basura como este en las semanas venideras.
No tiene que ver con la inflación, menos aún con la nutrición o el bienestar. Mantiene la línea del cretinismo entre “nosotros los pobres/ustedes los ricos” con que generación tras generación se enajena consumiendo basura ideológica y literal en los alimentos. Como tal es necesaria para el éxito irreflexivo de las reformas venideras y la afirmación del régimen “posneoliberal populista” de la tetranstornación.









