Por nueve días, emulando un rosario antes de “parar la cruz”, nos estuvimos sacando la borra del ombligo. Era el fin de un sexenio y comienzo de su prolongación, acaso, así como oportunidad de sobreponer fechas y significados en el nuevo canon de la tetranstornación. Comenzando con el 23 de septiembre, pues el ataque al cuartel de Madera (1965) es parte de la misma estructura de sentir y corte generacional “del 68”. Ahora que éste último ha sido investido como efeméride de quiénes se ostenta como “jijes de”, incluye forzadamente al 26 de septiembre de los 43 en 2014. Que estas fechas y numerología se hagan sentido común es no sólo parte del proyecto de “nueva memoria histórica” del régimen, sino también pretexto para ignorar lo que ocurre en el mundo. Así, la guerra en levante y posibilidades que escale dentro y fuera de la región han estado ausentes de la discusión. También el regreso a las amenazas nucleares directas entre los enemigos que por cien años se han confrontado Los imperialistas tratando de destruir y repartirse fragmentos del otrora imperio ruso como hicieron con el otomano y austrohúngaro. Los liderazgos soviético y postsoviético sobreviviendo por su arsenal militar.
Nada expresa mejor lo forzado de la cuña de Ayotzinapa en la papilla ideológica con la cual justificar el autoritarismo populachero de la coalición gobernante, que la relación irreconciliable con el ejército. No son sólo los padres de los estudiantes desaparecidos y su anti-carismático abogangster, es el entramado tejido por “el” centro Pro, “la” Tlachinollan, la guerrilla, los rojos, y la FECSM, lo que hace del barato espectáculo del perdó burla. A diferencia del GIEI y comisiones “interamericanas” y las que fuesen, a ellos no los mueve exclusivamente el dinero. O no como principio y fin. Van a quedarse lo que “se encuentren”, pero su lucha y reivindicaciones desbordan los canales del [pos](neo)liberalismo precisamente por ser parte de la estructura de sentir e historia vinculada al significante amo “revolución”. Si los disfraces del 68 eran los de la guerra civil española, Madera sólo se entiende respecto a Moncada y Ayotzi respecto a la guerra sucia.
Acotado pues el sinsentido que debe haber emocionado a pocos y en números decrecientes, por aparentar que la presidenta se separa de su priísta antecesor (activo aún en ese aparato cuando prohibieron el filme “Rojo amanecer”), es claro el deseo de aislarnos una vez más en la ratonera que es “la cortina del nopal”. Tomada como chacota de “la cortina de hierro” con que la prensa occidental condenaba al “Pacto de Varsovia”, el artista plástico José Luis Cuevas evisceraba con ello la manía mediocre a justificar todo como “mexicano”, “popular”, “nacional” y equivalentes tendencias “de petatiux” en artes y ciencias. Si bien sería principalmente en la literatura donde sería más socorrido para que se sintiese menos mal el público priísta-televiso respecto a Argentina y España, afectaría también a las artes plásticas, industrias culturales, música, y disciplinas del conocimiento.
A nadie espanta, debiéndolo, que se hable de cine, rock, o danza mexikanish, como tampoco aberraciones equivalentes en filosofía o antropología. La insensatez de ello es tan simple como cuestionarse si en física o química cabría algo similar. ¿Puede la danza de los voladores desafiar a la gravedad, o bien cabe desafiar los principios de la destilación? Habiendo, por supuesto, una arqueóloga plagiaria que inventó mezcalerías precolombinas siguiendo los pasos de otra farsante con aquello de los huesos de Cuauhtémoc.
Protegidos por la ignorancia y mediocridad, es que actuamos como si la guerra desatada por Israel contra sus vecinos, robándose la franja de Gaza y limpiando étnicamente Cisjordania, al tiempo que actúa como punta de lanza de los Estados Unidos contra Irán (devastando Líbano e involucrando a Siria y Yemen) no fuese un movimiento de piza con su otra guerra proxy. Ignoramos quién o quiénes gobiernan los Estados Unidos y la creciente política belicista. Sabemos no se puede reducir al gobierno, aunque este puede detenerla, pero actualmente tampoco es posible saber quién gobierna. No es ciertamente el demenciado presidente Biden, como es poco probable sea la impresentable candidata y vicepresidenta actual.
El complejo industrial militar, los intereses de Silicon Valley, y Hollywood encuentran común representante en la figura del expresidente Obama y por ende tratan de venderlo en “gender swapping”. No es que los republicanos estén divorciados de los dos primeros grupos de jugadores, sí que el mismo partido está subordinado al expresidente Trump y MAGA. Si bien ambos partidos son una coalición oligárquica con matices por los significantes de “raza” y géneros, el hecho es que Trump ha insistido la guerra en Ucrania no se debió dar, mientras que la escalada en levante puede salirse de control. Una vez que se ha probado el “domo de hierro” israelí era un apócrifo para esconder la patente de corso con la que actúan impunemente, se va perdiendo el poder disuasivo de las armas convencionales. Ambas guerras son una y evitarlas supone pasa por la elección del próximo mes en los Estados Unidos. Si bien es un asunto doméstico con resonancia global, es un hecho que la discusión al respecto entre nos está pasmada por la estulticia de repetir como pericos que “es el tiempo de las mujeres”. Esperemos poder discernir que jugar con la borra del ombligo es distracción y no ocupación.









