León XIV fue elegido con un mandato claro de parte del Colegio Cardenalicio: continuar el legado de Francisco. Sobre todo en cuanto a la cercanía pastoral, el impulso al diálogo, la lucha por la paz y la reforma de la Curia Romana. El gran desafío del nuevo Papa es decidir cómo será su acento personal al pontificado. Porque una cosa es seguir un legado y otra, muy diferente, emular cual “fotocopia” al antecesor.
Robert Francis Prevost sabe bien que los cardenales le brindaron su voto para dar continuidad al sendero trazado por Bergoglio. Esto no debería ser un problema para él, ya que fue uno de los cardenales de mayor confianza para el pontífice argentino. Cada sábado ambos se reunían, y discutían temas de la Iglesia universal.
En los últimos años de su pontificado, Francisco encontró en Prevost un hombre confiable y con cualidades dignas de alguien que merecía ser considerado entre sus posibles sucesores.
Por su parte, en cardenal estadounidense-peruano ha sido un entusiasta impulsor de la sinodalidad, esa particular mirada sobre la vida de la Iglesia: marcada por el diálogo, la colaboración y un ejercicio transversal de la autoridad compartida.
De hecho, uno de los principales pendientes que afrontará pronto el nuevo Papa León XIV es cómo dar continuidad al Sínodo de la Sinodalidad, un proceso de reflexión dentro de la Iglesia que tiene como objetivo encontrar los mecanismos que consoliden una cultura nueva: la de “caminar juntos”, como se identifica a la sinodalidad.
Antes de fallecer, Francisco decidió ampliar el tiempo originalmente previsto para el Sínodo Sinodal, que debía concluir en este 2025, pero que ya fue prorrogado hasta el 2028.
Otro pendiente inmediato para Prevost es más bien logístico, y tiene que ver con asumir la agenda heredada en torno al Jubileo de la Esperanza. Este año santo aún tiene 7 meses para desarrollarse, el flamante obispo de Roma deberá seguir con lo planeado pero darle el propio toque personal. Será una oportunidad para que muchos grupos de fieles de diversas partes del mundo entren en contacto con él y lo conozcan.
En el frente del gobierno de la Iglesia universal, un nudo que espera por la intervención de León XIV corresponde a su equipo de confianza en la Curia Romana.
Por tradición, cuando un Papa muere todos los nombramientos de la Curia decaen. De la misma manera, también es costumbre que una vez elegido, el pontífice ordene que todos los colaboradores mantengan sus puestos hasta que no se defina otra cosa.
Esto vale para los prelados superiores, pero también para todos los niveles de trabajadores. Los mandos operativos no constituyen problema, pero lo interesante será conocer qué desea hacer León con los cargos más relevantes de la Curia: el Secretario de Estado, el Sustituto y los jefes de Dicasterios, como se le conoce a los ministerios en la Santa Sede.
Como informó el Vaticano, el Papa quiere tomarse un tiempo para conocer entidades y personas, evaluar la labor desempeñada hasta ahora y decidir eventuales cambios. Por lo pronto, un puesto vacante deberá en breve ocuparse: su anterior responsabilidad, el prefecto del Dicasterio para los Obispos.
Otro de los mandatos que afrontará León es el impulso a la unidad en la Iglesia. El final del papado de Francisco estuvo marcado por la polarización y la desunión; Prevost lo sabe, y también es consciente que este tema es una preocupación de no pocos cardenales.
Por eso, es previsible esperar que los gestos de unidad y cercanía para todos serán un sello del pontificado que comienza. Para muestra basta un botón: León no esperó y quiso de inmediato reunirse en privado con el prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, acompañado de su vicario auxiliar, Mariano Fazio. Gestos de unidad, que la Iglesia agradece.
* Director General de Promoción y Comunicación Estratégica de UPAEP y ex corresponsal ante la Santa Sede










