La noche del 19 de noviembre, el bar Lacoss, en la ciudad de Puebla, fue escenario de un ataque armado que dejó siete personas muertas. Entre las víctimas se encontraba Elianis, una joven cubana de 20 años, madre de un niño de apenas 2 años y nueve meses, quien había llegado a México en busca de una oportunidad para construir un futuro mejor.
Su muerte no sólo evidenció la violencia que persiste en el país, sino también la vulnerabilidad extrema que enfrentan las personas migrantes, especialmente mujeres jóvenes que se ven obligadas a abandonar su lugar de origen.
Una salida marcada por la necesidad
Elianis nació en Vanes, Cuba, y se convirtió en madre a los 18 años. Poco después fue abandonada por el padre de su hijo, situación que la llevó a buscar empleo en La Habana, donde trabajó vendiendo bebidas en un bar. Con el paso del tiempo y motivada por amistades que habían migrado, decidió salir del país con la esperanza de generar ingresos y reunirse más adelante con su hijo, Christopher, a quien dejó al cuidado de su familia cuando el pequeño tenía apenas siete meses.
Pese a los ruegos de sus padres para que no se fuera, Elianis emprendió un viaje riesgoso que incluyó el cruce por Nicaragua y otros países, hasta llegar a México.

Detención migratoria y un proceso interrumpido
Al ingresar a territorio mexicano, Elianis fue detenida durante 17 días por autoridades migratorias. Su familia nunca conoció con certeza el motivo, ya que ella evitó dar detalles para no preocuparlos. Finalmente fue liberada al no existir delito alguno y comenzó su trámite legal para regularizar su estancia en México, proceso que avanzaba, pero que quedó abruptamente interrumpido por su asesinato.
La última llamada
El viernes previo al ataque, Elianis realizó una videollamada a Cuba para ver a su hijo. Christopher, pese a su corta edad, tomó el teléfono, besó la pantalla y le dijo: “Te amo, mamá”. Fue la última vez que se comunicaron.
Esa misma noche, aunque inicialmente había dicho que no acudiría al bar porque se sentía mal, salió. Horas después, su familia recibiría la noticia más devastadora.

Estigmatización y señalamientos
Tras el crimen, en redes sociales circularon críticas hacia el estilo de vida que Elianis mostraba en sus publicaciones. Su madre aclaró que el dinero que aparecía en imágenes correspondía a ingresos obtenidos por su trabajo, destinados principalmente a cirugías estéticas y, sobre todo, al sustento de su hijo, a quien enviaba dinero de manera constante.
“Mi hija no fue una mala madre. Desde que llegó a México trabajó para que a su niño no le faltara nada”, sostuvo.
Reconocimiento a distancia y un proceso inédito
El cuerpo de Elianis fue trasladado al Servicio Médico Forense (Semefo) de Puebla. Al no contar con familiares en México, inicialmente quedó como víctima sin identificar. Una vez confirmada su nacionalidad, se localizó a su madre, quien tuvo que reconocer el cuerpo vía Zoom, mediante imágenes levantadas por personal forense.
Sus padres enfrentaron entonces una odisea burocrática para obtener visas humanitarias que les permitieran viajar a México. Finalmente, el 3 de diciembre, salieron de Cuba y arribaron a Puebla tras una escala en Monterrey, con el único objetivo de despedirse de su hija.
Cremación autorizada por la Fiscalía
Debido a la falta de recursos y permisos para la repatriación del cuerpo, la Fiscalía General del Estado de Puebla autorizó de manera excepcional la cremación, pese a tratarse de un homicidio en investigación, un procedimiento poco común en casos de víctimas extranjeras.
La familia aceptó la cremación como la única opción viable para intentar llevar a Elianis de regreso a Cuba. Sin embargo, trámites burocráticos adicionales impidieron que las cenizas viajaran con ellos, pese a haber reunido más de 2 mil 500 dólares para la repatriación, misma que inicialmente fue anunciada por el gobierno cubano y posteriormente negada.
Una historia que expone el abandono
Elianis tenía 20 años. Era madre, migrante, trabajadora y buscaba regularizar su situación legal en México. Su historia quedó atrapada entre la violencia del crimen organizado, la fragilidad institucional y la ausencia de protocolos claros para atender a víctimas extranjeras.
Sus padres regresaron a Cuba sin su hija, sin la urna, pero con un dolor que pesa más que cualquier equipaje. El caso de Elianis revela una ruta de violencia, también una ruta de abandono institucional que enfrentan miles de personas migrantes que buscan sobrevivir lejos de su país.
Reportaje especial para Tiempo Noticias.









