El pasado 15 de mayo, el Papa León XIV publicó la encíclica Magnifica Humanitas. Una encíclica es una carta pastoral formal escrita por el Papa como medio de comunicación con los creyentes o con el clero católico universal. Este tipo de documento se utiliza para expresar reflexiones teológicas del papado, así como para analizar el Evangelio en relación con el contexto social, político y temporal en el que se encuentra la fe católica al momento de su publicación. En términos coloquiales, las encíclicas pueden entenderse como una carta abierta dirigida a la comunidad católica. Durante los últimos días, la encíclica mencionada ha ganado atención tanto entre creyentes como en el público en general por su lenguaje accesible y sincero, así como por su enfoque crítico hacia las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, y hacia los intereses económicos detrás de las corporaciones que impulsan su uso desde un posicionamiento poco ético que atenta contra la “dignidad humana” (1).
Quisiera ofrecer un breve análisis de esta encíclica, ya que puede considerarse, en cierta medida, un texto teológico e incluso literario: un manifiesto sobre la situación global contemporánea en relación con la violencia, la discriminación y la lógica capitalista de productividad a costa de la calidad de vida humana. Debido a su extenso contenido, me enfocaré en los puntos principales discutidos en la introducción y en el capítulo segundo, titulado “Fundamentos y principios de la doctrina social de la Iglesia”.
El Papa comienza el texto haciendo referencia a la historia de la torre de Babel y al libro de Nehemías, preguntando si la humanidad está encaminada a construir una nueva torre de Babel o a “edificar una ciudad donde la humanidad y Dios habiten juntos” (1). Con ello establece la temática central del texto: elegir entre la injusticia y las características deshumanizantes del sistema social contemporáneo, o buscar una vida digna basada en la comunidad y la unión. El Papa sostiene que el Evangelio no puede leerse sin considerar sus implicaciones sociales, subrayando la importancia de la doctrina social para comprender la fe. Esto se ha visto en movimientos religiosos principalmente en el Sur Global, como en América Latina con la Teología de la Liberación, la cual fue cuestionada por la Iglesia católica en su momento en el contexto de la Guerra Fría.
Continuando con la doctrina social, el Papa aborda la presencia de la inteligencia artificial en la vida cotidiana, señalando que “hay una necesidad de instrumentos normativos, salvaguardar la justicia y contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico” (4). En particular, plantea la pregunta sobre quién está detrás de este poder y con qué fines lo utiliza. En la era de la IA, esta ha sido empleada en fabricación de armas, vigilancia ilegal mediante robo de datos personales, acoso a activistas y figuras políticas, destrucción ambiental, uso militarizado y el acceso sin control a información privada por parte de compañías como META, que utilizan la actividad en línea para entrenar modelos de lenguaje y orientar productos basados en hábitos de consumo mediante la comercialización de datos.
El Papa alude de manera indirecta a estas problemáticas al invitar a la humanidad a reconocer los modelos explotativos detrás de estas tecnologías, especialmente por el hecho de que son impulsadas por actores privados como corporaciones transnacionales. Señala que “el poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente ‘privado’, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común” (5).
Retomando la alegoría de la torre de Babel, el Papa explica cómo su construcción representa la búsqueda de una uniformidad imposible que elimina la diversidad y aspira a la homogeneidad, destruyendo cualquier sentido de comunidad. El resultado de ello es la segregación, la diferencia y las rupturas. Por ello, llama a rechazar “la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único —incluso digital— capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos” (10), mientras defiende la pluralidad social, la fraternidad y la unidad.
Este texto tiene un peso teológico considerable, el cual no es posible desarrollar en su totalidad en esta columna debido a su extensión. Sin embargo, puede decirse que la encíclica pone un énfasis poco habitual en la Iglesia católica contemporánea sobre la centralidad de la humanidad dentro de lo divino, lo cual remite a perspectivas medievales del siglo XIII, donde la humanidad de Cristo era clave para la experiencia de la fe. El hecho de verse reflejado en una figura divina sugiere que existe cierta dimensión de lo divino en cada ser humano.
Habrá que ver qué impacto tendrá esta encíclica en el ámbito social y teológico; sin embargo, resulta significativo observar una doctrina social desde la Iglesia católica que se opone a la opresión, a la automatización del trabajo, a la discriminación y a la violencia que caracteriza nuestra época.
Bibliografía:
Santo Padre León XIV, Magnifica Humanitas. La Santa Sede, Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html










