La construcción de narrativas define la viabilidad de los proyectos de nación en un escenario donde seguridad, corrupción y geopolítica dictan la agenda. Al respecto, la reciente encuesta de Enkoll para El País ofrece un mapa preciso de cómo se libra la guerra por la opinión pública. Aquí el análisis.
El estudio revela que la aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum sufrió su caída más pronunciada, perdiendo siete puntos en el bimestre para situarse en 68%, debido al impacto de la violencia y los escándalos internacionales. Hasta hace unas semanas, el desgaste oficialista se concentraba en Sinaloa con el gobernador Rubén Rocha Moya. Los señalamientos de la Fiscalía de Nueva York que lo vinculan con el narcotráfico calaron hondo: el 62% de los ciudadanos cree las acusaciones y el 60% respalda su extradición.
Sin embargo, el tablero opositor sufrió un golpe con el expediente Chihuahua. La presencia no autorizada de presuntos agentes de la CIA detonó una crisis internacional que involucra a la gobernadora panista Maru Campos. De acuerdo con Enkoll, la intención de voto para Morena se ubica en 39 puntos, tres menos que hace dos meses y nueve por debajo de su pico de octubre (48%). Pero el desplome no benefició a la oposición tradicional: Gracias a la gobernadora el PAN retrocedió dos puntos, el PRI rescató uno y Movimiento Ciudadano avanzó tres.
Por si fuera poco, el asunto Maru Campos opera como el mecanismo de presión perfecto desde el centro del país para neutralizar la resistencia en Chihuahua, un verdadero regalo para los fines de la 4T. La paradoja radica en que, a pesar de la erosión de Morena, la distancia con sus perseguidores sigue siendo abismal. El oficialismo tiene un blindaje ideológico que casi nadie ve: la narrativa de la defensa de la soberanía nacional.
El verdadero desafío para la Cuarta Transformación estará en la presión y las amenazas del gobierno estadounidense. No obstante, mientras la oposición sea incapaz de estructurar una contranarrativa estructurada, -como la que ayer sí delineó la diputada Xitlalic Ceja en tribuna-, el discurso de la soberanía seguirá siendo la roca indestructible del aparato gubernamental. Este relato posee una enorme capacidad de asimilación en las bases sociales que encuentran en los programas públicos una certidumbre con su identidad política.
En tanto ese monopolio de los símbolos nacionales no sea disputado con rigor, poco podrá hacer una oposición por mejorar sus números que, en lugar de redefinir el concepto de soberanía, tropieza en la misma trampa retórica todos los días y asume una postura pasiva que la coloca ante el imaginario colectivo bajo el estigma del «vendepatrias». Ceder la identidad nacional al oficialismo no es una opción porque anula cualquier oportunidad competitiva.
Con datos de PulsoGob, Arquitectura Narrativa y Estudios de Opinión Digital. @pulsogob
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