En México, las políticas neoliberales que se aplicaron entre 1982 y 2018 dejaron a 85 por ciento de la población nacional en algún nivel de pobreza, pero además encumbraron a integrantes de una minoría rapaz entre los más ricos del mundo.
Muchos de esos oligarcas neoliberales consiguieron sus obscenas fortunas con el contratismo extremo de ese tiempo, cuando la administración pública fue vista como un modelo de negocios; en Puebla, el mejor ejemplo de ese saqueo lo representa el morenovallismo, del que se siguen pagando las cuentas de miles de millones de pesos por las falsas -porque no tuvieron utilidad social- obras faraónicas.
Hace unos días, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se refirió a la etapa neoliberal y sus saqueos y simulaciones con obras. Criticó el contratismo extremo de aquella época del saqueo neoliberal y puso como ejemplo, en positivo, de la nueva forma de hacer, aplicar y ver el ejercicio del presupuesto y las obras públicas, que desarrolla el gobierno de Alejandro Armenta en Puebla. En específico, la jefa del Estado Mexicano citó el intenso plan de pavimentación de Alejandro Armenta -que es realmente un plan de reconstrucción profundo- de calles en la capital poblana y todo el estado con maquinaria comprada directamente por su gobierno.
Los trenes de pavimentación son, dijo la presidenta Sheinbaum en la Mañanera del Pueblo, desde Palacio Nacional, la vía para reducir hasta 70 por ciento el gasto, en este caso, en la tan necesaria e indispensable repavimentación, porque además se opera con el personal que ya trabaja en el gobierno.
Queda claro que a los neoliberales se les puede combatir de muchos modos. Históricamente, la izquierda en el mundo ha tenido tres vías paradigmáticas para acceder al poder y enfrentar a la oligarquía corrupta: las armas, la exacerbación social y la incrustación en el sistema, para cambiarlo desde dentro.
La tercera vía se aplica hoy en el país y en Puebla.
Los trenes de pavimentación son también trenes revolucionarios.










