La ruta de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) se intensifica tras las recientes declaraciones de actores clave, en un escenario donde la renegociación anual pretende imponerse como un mecanismo de presión sobre nuestro país. Mientras el presidente Donald Trump mantiene esta retórica de revisión periódica y presión arancelaria como eje, la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, insisten en que México se posiciona en la mesa desde la fortaleza y no desde la subordinación. Sin embargo, la inercia de la opinión pública y de ciertos sectores empresariales de México y Canadá suele caer en el error de asumir una postura de mera supervivencia, respondiendo de forma reactiva a cada golpe discursivo de Washington. Esta aproximación defensiva ignora la realidad de los datos duros que definen la relación comercial.
Estados Unidos posee un potencial industrial y de consumo masivo indiscutible, pero su estrategia comercial reciente padece de miopía geopolítica. Al intentar presionar a sus vecinos con fines domésticos, Washington pasa por alto que México se ha consolidado como su principal socio comercial en el planeta, superando el volumen de intercambio de potencias como China, Canadá, Japón o Alemania. La asimetría económica es real, pero el peso específico de México en la cadena de suministro norteamericana es insustituible. A este factor macroeconómico se suma una variable demográfica y política interna que ningún cuarto de guerra en la Casa Blanca puede omitir de manera lineal: una comunidad de más de 40 millones de personas de origen mexicano viviendo e incidiendo en el territorio estadounidense. La negociación no ocurre en el vacío, sino entre naciones cuyas cadenas productivas están entrelazadas de una manera simbiótica y casi indivisible.
El error táctico de México radica en no estructurar una contra-narrativa que desplace el foco de la discusión bilateral hacia el verdadero tablero global. El TMEC debe entenderse, antes que nada, como un mecanismo de contención económica frente al avance de China en el Pacífico. El decrecimiento poblacional y la pérdida de dinamismo manufacturero en Asia y Europa abren una ventana de oportunidad única para América del Norte durante la próxima década. Para capitalizar este escenario, el bloque requiere certidumbre y el aprovechamiento de la plataforma manufacturera mexicana, la cual ofrece calidad, costos competitivos y una fuerza laboral que sostiene el aparato de consumo estadounidense. Fracturar el tratado mediante aranceles no solo dañaría la economía mexicana; implicaría un autosabotaje para el propio mercado norteamericano, abriendo el espacio para que capitales asiáticos ocupen de forma indirecta los vacíos en el continente.
Esta dinámica macroeconómica tiene un aterrizaje directo en las regiones productivas del país, y Puebla es un claro ejemplo de ello. Para la economía poblana, el TMEC representa el motor de sus principales sectores industriales, destacando la manufactura automotriz y de autopartes, que dependen directamente de la fluidez de las fronteras norteamericanas. Ante este panorama, el gobernador Alejandro Armenta ha buscado alinear las estrategias de desarrollo local e infraestructura del estado con las demandas de competitividad que exige el bloque regional. Para Puebla su viabilidad económica interna está ligada a la capacidad de integrarse con mayor valor agregado a estas cadenas globales de valor.
La negociación del TMEC exige cambiar el código de la diplomacia mexicana. Lejos de posturas ideológicas o de resistencia pasiva, el papel de México es el del socio más pragmático y comprometido con el bloque: el país ya renunció a sus amores de izquierda al imponer aranceles a China, alineándose por completo con el blindaje de Norteamérica. Plantear la negociación bajo esta realidad geoestratégica es la única vía para desactivar la amenaza de revisiones anuales y consolidar un verdadero bloque continental.
Fernando Jiménez | PulsoGob, consultor en comunicación política y estratega en gestión del poder. Fundador de la firma (pulsogob.com): Arquitectura Narrativa e Inteligencia basada en datos
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