En Sunbury, Pensilvania, Estados Unidos (EU), el esqueleto número 159 llegó a la mesa de Barry James, era un triceratops muy grande. Craig Pfister, paleontólogo comercial, habló con James desde Wyoming para hablar de la asombrosa colección de huesos, cuyo valor sería de 25 millones de dólares.
El descubrimiento animó a James y a su esposa, April, socia y alma gemela desde hacía 37 años. Durante meses, en lo que James describió como “dinomanía”, la pareja emprendió el minucioso trabajo que les había granjeado una sólida reputación en la industria de los fósiles, donde eran conocidos como expertos en la preparación de esqueletos para su venta a coleccionistas privados y museos.
Combinaban el enfoque científico de James con el toque artístico de April. Sin embargo, en medio del que quizá fuera el proyecto más ambicioso de la pareja, April notó un dolor agudo en la parte baja de la espalda.
Mientras su marido limpiaba suavemente con el aerógrafo la suciedad de las vértebras del dinosaurio, como un higienista dental que elimina la placa, ella escribía poesía sobre dinosaurios y produjo un libro infantil ilustrado sobre el triceratops, al que apodó Buddy.
Completar el esqueleto de un dinosaurio puede llevar años y April no vivió para ver el triceratops en plena forma pues murió el 7 de febrero de 2024. Durante el luto, James dejó de trabajar, hasta que un día, rodeado de huesos, empezó a tener la idea de honrar la memoria de April.
Un año después, el cráneo estaba completo en 95 %. Faltaba el torso y la cola del dinosaurio. Decenas de esos huesos estaban dispuestos sobre mesas, acunados en las fundas de papel de aluminio y escayola que habían llegado de Wyoming para su custodia.
De acuerdo al diario The New York Times, el paleontólogo prometió que acabaría ensamblándolo todo pues April estaba en su mente. A sus 74 años, trabajó y pensó si pudiera rebautizar el triceratops en honor a su esposa. El propietario accedió. El fósil número 159 y el motivo por el que salió de su jubilación, adquirió un significado especial para James.
Aunque ya han pasado dos años, James niega que esté retrasando la finalización del triceratops porque eso significaría despedirse de nuevo de April. Pero es cierto, reconoce, que el dinosaurio sirve ahora, como lo hizo en su día April, en la razón de peso para levantarse cada mañana.
Pero, sabe que llegará el día en que April, el esqueleto, tendrá que salir del taller, quizá para estar en la propiedad de otra persona o en un museo. A los niños no les importará April, dijo sonriendo, pues solo les importará si el dinosaurio se ve impresionante o si da miedo.

Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









