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Si tienes cáncer, lucha, no te quedes acostado: Irma Negrete

Por Redacción
27 junio, 2019
En Especial
Si tienes cáncer, lucha, no te quedes acostado: Irma Negrete

Un día me estaba bañando, cuando descubro un bulto amorfo en las axilas, pensé que sería una infección y que se habían inflamado los ganglios.

Serafín Vázquez Lozada/FotoEspecial

Irma Negrete vive en Cancún, cuenta con 54 años, trabaja en los hoteles Moon Palace y tuvo la fortuna de poder atender rápidamente su enfermedad y recibir un tratamiento a través de un Seguro de Gastos Médicos en el Hospital Star Médica de Mérida, Yucatán.

Platica que un día de febrero de 2018, cuando se estaba bañando, se descubrió un bultito amorfo en las axilas, pensó que sería una infección ginecológica y que por eso tenía inflamados los ganglios. Acudió al médico y pese a los antibióticos que le recetaron, esas bolas crecían y se multiplicaban en su cuerpo. Acude a un hematólogo, luego a un oncólogo, y tras diversos estudios, en abril le dicen que tiene cáncer en el sistema linfático, concretamente Linfoma no Hodgkin.

Se trata de un cáncer que ataca los glóbulos blancos, los cuales son parte del sistema inmune del cuerpo, por lo que se propaga a través de los ganglios, provocando tumoraciones.

Algún médico le dijo que no había mucho que hacer: Tu cuerpo responde al principio, pero llega el momento en que las células se debilitan y ya no reaccionan al tratamiento. Afortunadamente, otros le dieron pronósticos más alentadores: Hay un tratamiento genético que da resultados hasta en 80% de los pacientes. La persona se cura y la enfermedad no regresa, recuerda que le explicó el doctor Cevallos.

No se atendió en el IMSS porque para las citas, estudios y tratamiento son muy tardados: “Pasan meses para que te vea un médico especialista, y además no validan los estudios clínicos que tú ya llevas, desperdiciándose un tiempo muy valioso que el cáncer aprovecha para invadir el cuerpo”.

Con nostalgia, recuerda que a su hija -de 12 años- en sus cumpleaños, siempre le pedía que ya no creciera: “Me gusta que tengas 5 años, así quédate de 10 años, y así era cada nuevo aniversario”. Pero cuando recibió el diagnóstico, dice que  deseó que Brianna tuviera 18 o 20 años, pues pensaba que si moría, quizás a esa edad ya no la iba a necesitar tanto.

Aun cuando el diagnóstico era que el Linfoma no Hodgkin estaba avanzado, en etapa 4, no había afectado ningún órgano más. No había metástasis, pulmones, hígado y páncreas estaban bien, no había ninguna célula maligna en ellos.

Las quimioterapias son tratamientos agresivos que provocan cansancio en el cuerpo y que debilitan el sistema inmune del organismo, pero que logran que los tumores vayan desapareciendo.

“El cansancio me duraba dos días, pero yo siempre he tendido fuerza de voluntad, ganas de vivir.”

Y dice convencida: Cuando estás en una situación así, si te acuestas, menos ganas vas a tener de levantarte. Mientras más te metas en la enfermedad, más negativamente vas a pensar.

Así que muchas veces pensé evadirlo, no pensar en la enfermedad, entonces le hablaba a al cáncer: Ya sé que estas ahí, pero no te voy a hacer caso, te voy a ignorar. Hoy no estás para mí, estás pero voy a hacer otras cosas para olvidarte. Y lo lograba.

Pero claro, nunca dejé de luchar contra él, nunca deje de buscar ayuda médica, de atenderme.

Por eso, si tienes cáncer, lucha, no te quedes acostado, pero a la vez trata de olvidarlo para no deprimirte, dice esta mujer de 54 años que vive y trabaja en Cancún.

Así empezó mi pesar

Una ocasión, me estoy bañando y siento una bolita en la axila, dos tres bolas amorfas, como bultitos; tengo inflamados los ganglios por una infección, ya se me pasará, pensé.

Pasó una semana y nada. Fui al ginecólogo pensando que era una cuestión ginecológica. El doctor dijo que era una inflamación de los ganglios y me receta. Pasó otra semana y no sé me quitaba, al contrario, ahora siento una bola en la pierna y veo que comienza a crecer y crecer.

Regreso con él ginecólogo, insiste que es una infección, que siga tomando los antibióticos y que regrese en un mes. Pero al mes me doy cuenta que tengo otras bolitas cerca de las amígdalas. Comencé a revisarme y mi cuerpo ya estaba lleno de bultos amorfos.

Fue una hematóloga, que tras varios estudios me dice que es un cáncer linfoma.

Irma calla, guarda un largo silencio, reviviendo ese terrible momento.

Pensé en mi hija, de 12 años

Lo primero que hice fue pensar en mi hija, ella es para mí mi mayor preocupación. Pensé que ya había llegado el momento de irme de este mundo. Y luego comencé a luchar.

A cualquiera le apanica la palabra cáncer, después pensé que lo mejor era luchar y tener fuerza y entereza. Soy católica y a Dios le pedí fuerza, más tiempo con mi hija, por lo menos verla crecer.

A Brianna siempre le he dicho en cada cumpleaños: “Ojalá tuvieras 4 años siempre. Me gustaría que tuvieras siempre cinco y así cada año. Pero en ese momento hubiera querido que Brianna hubiera tenido 18 o 20 años, porque entonces ya no me iba a necesitar tanto. Creo que todos necesitamos a los padres en algún momento, pero pensé que era una edad en la que ella podía valerse por sí misma a pesar del dolor de perderme.

Yo no quería que ella se asustara, así que siempre traté de estar muy fuerte. Y si yo tenía que irme, quería que ella me viera siempre fuerte, que no me viera derrotada, que no me viera sufriendo, llorando.

Pero también ayudan mucho los amigos, el trabajo, la empresa y su fundación. Te impulsan, te apoyan, sobre todo en lo económico.

En el hotel mis  compañeras daban masajes una hora después su jornada para juntar dinero y entregármelo. Mi jefe prestó las instalaciones del Spa para que todos los trabajadores, de todos los departamentos fueran a darse masajes económicos, y todo ese dinero que se juntaba, me lo mandaban a mí. Fue muy emotiva toda su solidaridad, pues en la casa los gastos seguían, comida, luz, gas, teléfono, escolares, hipoteca…

Los primeros síntomas y luego la enfermedad

Los primeros síntomas son unas bolitas en la axila, otra bolita en la pierna, y otras también abajo del mentón, en la mandíbula como si fueran las amígdalas, se inflaman muchísimo, platica en uno de los departamentos en Plaza San Pedro, donde me ha citado para platicar. Y agrega: también aparecen en orejas, en las clavículas.

Cuando me dieron el diagnóstico, el 15 de abril, se me quebró la voz, me quedé muda; el impacto no te deja reaccionar en ese momento, porque lo que menos esperas es una noticia como esas.

Después, comencé a buscar médicos. Una doctora me mandó con un médico de Cancún. Ese médico me dio un diagnóstico fatal: esto ya no se cura, se quita 2 años y vuelve a salir hasta que las células se debilitan y ya no responden. Una noticia fea, algo que no esperas. Tú esperas que te den noticias alentadoras.

Después fui con un médico de Mérida, él me dio otro diagnóstico: el 50% de las personas con linfoma aguantan el tratamiento. Pero no me atendí con él porque tengo un seguro de gastos médicos mayores.

Luego fui con mi jefa del hotel donde trabajo, el Moon Palace, y ella se comunicó con un médico de Mérida. El doctor Cevallos me dio otro pronóstico muy alentador: sí, es un linfoma, pero existe un tratamiento nuevo con genes, con genoma y la mayoría de personas se salvan y la posibilidad de regresión es mínima.

Entonces comencé atenderme con él.

Más signos del linfoma

También hay fiebres -pero yo no las tuve- dolor de cuello, sudores nocturnos, pero en mí fueron mínimos.

A excepción de la inflamación de los ganglios, todo fue asintomático, tampoco hubo cansancio o desgano. Siempre tuve mucha energía y uno de los síntomas principales es que siempre quieres dormir, estás cansada y tienes fiebres en la noche.

Recuerdo que comenzó a dolerme un brazo, pero pensé que por el trabajo –soy fisioterapeuta y estoy a punto de titularme en Psicología-, por un movimiento brusco. Pasó el dolor y después me comenzó a doler el pecho, dolor al respirar.

Es un dolor que te traspasa el pecho y llega hasta el pulmón. Esos síntomas sí lo tuve un poquito.

Conseguir citas en el IMSS, un milagro. Pero pude recurrir a la medicina privada

Gracias a un seguro de gastos médicos mayores, pude atenderme en Mérida, en Star Médica. Me atendí con el doctor Cevallos. Me hicieron un estudio de médula ósea para saber el grado de tu cáncer, si está avanzado o no.

Él mío estaba avanzado, en etapa 4, pero no había atacado ningún órgano, y eso era importante. Y ahí comencé la primera quimioterapia.

-No había metástasis, mis pulmones estaban limpios, hígado limpio, páncreas limpio, todo estaba bien, no había ninguna célula maligna en los órganos. Pero sí células malignas en la médula ósea. En el sistema linfático, que viene siendo como el sistema de defensa del cuerpo.

Yo tengo un seguro de gastos médicos mayores en el hotel donde tengo 12 años trabajando. Todo lo pagó la aseguradora Metlife. Pagaron todo. La fundación del Hotel Moon Palace me apoya con los gastos de viáticos y transportación.

La empresa nos tiene asegurados en el IMSS, pero también tenemos derecho a un seguro de gastos médicos mayores.

Yo no hice uso del IMSS porque aunque llevé mi diagnóstico, me dijeron que ellos tenían que hacer sus propios estudios y tardan un mes o dos meses para hacerte los primeros, después de pendiendo de cómo salga tu estudio, te mandan al especialista.

En Cancún, las enfermedades mayores no las atienden aquí, sino en Mérida, y entonces así pasan meses para lograr una cita en Mérida, y luego el especialista te va a mandar otros estudios que tardarán meses para que te los hagan y de ahí otra cita con él médico que puede tardar otros meses…

Yo llegué con mis estudios y me dijeron que tenían que realizarme sus propios estudios para validar la enfermedad y me pudieran dar tratamiento. Son meses, y en ese tiempo ya la enfermedad habría avanzado, y probablemente tu cuerpo se habría llenado de tumores. No sé qué habría pasado

Si tienes cáncer, no te quedes acostado

Las quimios son muy agresivas, pero las secuelas eran mínimas, pues después del tratamiento me aplicaban una vacuna que levanta las defensas. Una vacuna que era parte del tratamiento contra el linfoma que yo tenía.

A las quimioterapias iba los martes cada tres semanas. Entraba a las 9 de la mañana y salía como a las 18:00 horas. Todo el día estaba conectada a ese aparatito que me aplicaba los químicos.

La tarde me la pasaba dormida, sin energía, sin ganas de nada. Pero al día siguiente, de dónde sacaba fuerzas, no tengo ni idea, pero me levantaba y les decía “vámonos  a desayunar y me iba a desayunar.

La cuestión era que yo quería no quería quedarme acostada porque si me quedaba acostada, pensaba que ya no me iba a levantar. Y aunque no tuviera ganas, me levantaba para irnos a desayunar.

Dos días me duraban los síntomas de desgano, de cansancio, pero no era tan fuertes, siempre he tenido fuerza de voluntad, ganas de vivir.

Yo creo que cuando estás en una situación así, si te acuestas, menos ganas vas a tener de levantarte. Mientras más te metas en la enfermedad, más te vas a obsesionar en los pensamientos negativos.

Muchas veces pensé evadirlo y lo lograba. Pensaba: ya sé que estás ahí, pero no te voy a hacer caso, y le hablaba al cáncer, a mi cáncer.

Ahí estás, pero sabes, no te voy a hacer caso ni te voy a tomar en cuenta. Hoy no estás para mí, estás pero voy a hacer otras cosas para olvidarte y muchas veces lo logré. Entonces veía televisión, oía música, buscaba entretenerme en algo que evadiera la situación mientras recibía la quimioterapia.

Yo creo que hay que ponerle atención a la enfermedad, pero sin que sea el tema de conversación cotidiano. Atenderte, pero sin estar preocupada todo el día. Hacer una vida lo más normal que se pueda. Y creo que sí se puede. Yo siempre he sido pues algo histérica, pero alegre.

Ríe, se le ilumina el rostro, la mirada, y suelta una carcajada.

Dirán que soy muy fuerte, pero no, no soy fuerte Creo que soy débil, pero en esos momentos me sentía fuerte.

En Psicología hay una serie de etapas qué tienes pasar para poder llegar a la aceptación de algo que te preocupa: Negación, enfado… Te resistes a que lo tienes, lo niegas, no es verdad. No puede ser posible.

Después te enojas, por qué yo, por qué a mí.

Y después piensas, como una negociación. Sí bueno, voy a luchar, veré qué se puede hacer.

Luego la depresión, no quieres levantarte, te das por vencido, me voy a morir.

Hasta que llegas a la aceptación, pero todos estos pasos me los salté. Porque mientras más tardes en aceptar la situación, menos te da la cabeza para pensar y menos te da la cabeza para buscar una solución. Mientras más pronto aceptes que estás enfermo, que tienes cáncer, más pronto vas a tener la cordura para poder enfrentarlo y buscar soluciones. Porque ya está ahí, lo que hagas no te lo va a quitar. ¿Qué hay qué hacer? pues atenderlo, afrontarlo, asumirlo, o lo enfrenta o lo enfrentas.

Soy católica y un sacerdote me dijo: los médicos pueden decir lo que sea, pero la última palabra la tiene Dios y tú. Si tienes fe y le pides con fuerza, Dios puede hacer milagros, pero nunca dejes de atenderte.

¿Qué podría decirles a  quienes tienen cáncer? Que lo afronten y lo enfrenten, el fin no llega con un diagnóstico. Si tú luchas y tú lo enfrentas con entereza, puedes vencerlo. Todos tenemos  algo valioso que nos hace fuertes, sólo que no lo hemos descubierto.

Que no dejen sus actividades diarias, hacer la vida lo más normal posible. Seguir teniendo planes, pensando en el mañana, pensando en un futuro bonito y qué pensando que esto va a pasar. Es una situación transitoria nada más; se presenta pero se va a ir, eso es lo que yo creo, aún en el estado más crítico.

Y las fundaciones son muy buenas, yo creo en las fundaciones, creo que lo que aportamos para las personas que tienen cáncer sí lo llevan a cabo. Dan buen uso a ese dinero que tú aportas.

Ahora a vigilar que no regrese el cáncer

Estoy muy contenta, después de siete meses de tratamiento ya no hay cáncer. Ninguna célula maligna en los ganglios, y pues, finalmente comienzo a disfrutar la vida después de tanto tiempo de angustia.

Siete meses de tratamiento, seis quimioterapias. Aunque fue más tiempo con la enfermedad. Tal vez desde noviembre de 2017, cerca un año, pero no me había dado cuenta.

Un estudio Petscan en el Hospital ABC en noviembre de 2018 demostró que desaparecieron las células malignas. Ahora tengo que checarme cada tres meses el primer año, el siguiente año cada seis meses, y al tercer año, el chequeo ya será sólo cada año.

Normalmente la quimioterapia te la aplican en las venas de los brazos, pero a veces se te revientan las venas, se te hinchan, se ponen moradas. A mí me la aplicaron en el pecho a través de una válvula que te colocan mediante una pequeña incisión y que conecta con una vena.

En el IMSS, luego de cierto tiempo con incapacidades, quieren pensionarte, afortunadamente yo llevé documentos en que se demostraba que nuevamente estaba sana y lista para volver al trabajo. Y hasta ahorita, estoy trabajando muy contenta.

Etiquetas: CáncerCancúnIMSSIrma NegreteLinfomaNo Hodgkin
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