Eugenio E. Yarce
¿Qué tenemos que enseñar a nuestros hijos?
Cómo preparar y gestar en nuestros hijos una serie de habilidades para un mundo de transformaciones sin precedentes y de incertidumbre.
Si hoy nace un bebé, para el 2050 tendrá 31 años, y si todo va bien es probable que esté vivo en el año 2100 y por lo tanto, será ciudadano del siglo XXII. ¿Qué experiencia formativa hay que ofrecerle y disponerlo para que sea un ciudadano proactivo? ¿Qué tipo de competencias precisará para conseguir trabajo? ¿Para ser un emprendedor?
Objetivamente tenemos escasa idea de lo que sucederá en el 2050, hacemos planes pero no tenemos la capacidad de predecir el futuro; en el pasado, probablemente no teníamos tanto interés en conjeturar el futuro dado que durante millones de años el cambio que coexistió en la humanidad no había estimado la magnitud de lo que ahora estamos viviendo en la tecnología, en la biología y en la genética.
Si nos ubicamos en el Siglo XVII y hoy lo sabemos por la historia, la humanidad se enfocaba en preservar y mantener lo establecido, en cuidarse de las invasiones y librarse de las pestes, de una viruela o sarampión cuya sanación aún no había sido descubierta. Si tú y yo hubiésemos nacido en esa época, nuestra condición de aldeanos conservaría el pago de tributos, la realización de trueques y como función primordial alimentar a nuestra familia y a la población desde el amanecer. Nuestra expectativa de vida rondaría de los 45 a 50 años si acaso.
Hoy ni siquiera tenemos certeza de las tierras que habitaremos, de los cambios climáticos que experimentaremos y cómo los sortearemos, de las especies que podrán conocer nuestros descendientes y del tipo de ingesta que los hará perdurar en el tiempo…
Si en este siglo XXI estamos inundados de información verídica o falsa, lo último que tiene que hacer un docente es proporcionar más información; lo que sí parece relevante es darle sentido a esa información, fomentar la capacidad de discernir entre lo importante y lo vital. Hay expertos en educación que sostienen que hay que preparar las cuatro “C”s: pensamiento Crítico, Comunicación, Colaboración y Creatividad. Otros valoran gestar en sus alumnos el que puedan liderar con el cambio, aprender, desaprender y volver a aprender y además mantenerse en armonía ante un entorno tan cambiante.
Si para el 2050 necesitamos inventar y reinventarnos, puede ser que nos 0m vanguardia de esos cambios para seguir siendo relevantes en la sociedad; aprender será una constante, pues nos toparemos con máquinas superinteligentes, cuerpos modificados, algoritmos ingeniosos y cataclismos climáticos cuya incertidumbre será la característica reinante.
Por todo ello, lo que más necesitaremos es una mente flexible, un gran arsenal de equilibrio emocional y trabajar en una perseverante resiliencia.










