Una novela criminal, la caída de García Luna y el fin del mito de la guerra contra el narcotráfico
Leobardo Rodríguez
El presidente Andrés Manuel López Obrador se conduce con un pensamiento rector en su personal forma de ver la lucha contra el crimen: la violencia no se combate con más violencia. Incluso, cada vez que intenta explicar su estrategia para garantizar la seguridad de los mexicanos, hace un intenso llamado a la pacificación de la patria; explica que fue en la llamada “guerra contra el crimen organizado”, emprendida durante el gobierno de Felipe Calderón, que se pateó al avispero, fue la etapa en la que se convirtió al país en un cementerio, repite constantemente el primer mandatario.
La periodista Anabel Hernández publicó sendas investigaciones sobre el período de gobierno de Felipe Calderón. En “México en llamas” hace un recuento puntual sobre el legado por el que sería recordado el hombre que vivió obsesionado con el control policiaco y militar: “el infinito poder del narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán, intocable en su sexenio; el asesinato impune de 60 mil personas, víctimas de la llamada guerra contra el narcotráfico, más de 20 mil desaparecidos; 56 periodistas ejecutados y 13 desaparecidos; la destrucción de su partido político; un México controlado por cárteles, grupos criminales y brigadas de mercenarios; y el regreso del PRI a Los Pinos”.
En el otro libro de la periodista, “Los Cómplices del Presidente”, las revelaciones inician desde la portada, en ella se observan sonrientes a los dos hombres fuertes del segundo sexenio panista, a la derecha, el fallecido Juan Camilo Mouriño, a la izquierda, el llamado súper policía Genaro García Luna, su secretario de seguridad pública, el creador de la Agencia Federal de Investigación (AFI) durante el gobierno de Vicente Fox, el personaje que estuvo directamente señalado por tener nexos con los criminales y por desarrollar un modelo de administración del delito. La imagen estaba llena de símbolos, a la derecha el poder político, a la izquierda la fuerza policiaca del Estado, los brazos armados del régimen.
Genaro García Luna, ingeniero mecánico por la UAM Azcapotzalco aplicó exámenes para entrar a la Policía Judicial Federal (PJF), en los tiempos que se creaba el CISEN. Fue alumno de Jorge Carrillo Olea, el hombre de Echeverría y Salinas, estuvo bajo su mando y aprendió las formas y costumbres de un policía que estuvo íntimamente relacionado con bandas de secuestradores, como la que comandaba Daniel Arizmendi (el mocha orejas) y que también fue señalado por Juan Sandoval Iñiguez como autor intelectual del homicidio del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en 1993.
En “Los Cómplices del Presidente” se reproducen las declaraciones de José Antonio Ortega, quien fuera consejero jurídico de la Coparmex cuando el dirigente era Jorge Espina Reyes y presidente de la comisión de seguridad pública de esa organización empresarial, en ellas se retrata de cuerpo entero a García Luna: “Genaro es un seductor, me refiero a cómo te va metiendo dentro de un discurso, dentro de algo, y tú al final llegas a creerle. Yo me encontré a varios empresarios de Coparmex que fueron al show que a mi me hicieron en la AFI. Después de platicar con Genaro venían hablando maravillas de la AFI y del director general, porque en cortito es muy bueno para seducir, aunque no ya en un discurso político. No habla bien, tartamudea, no tiene una personalidad fuerte, no es un gran orador, no tiene cultura, no articula, es una gente muy limitada, no conoce más que de cómo alambrear (sic), cómo hacer montajes, cómo hacer persecuciones, hasta ahí”.
Durante su paso por la AFI se realizaron señalamientos directos por la presunta participación de elementos de dicha corporación en secuestros de alto impacto, como el de Laura y Ernestina Sodi, hermanas de Thalía y el de Fernando Martí, hijo del empresario Alejandro Martí, solo por mencionar algunos.
A la distancia, siempre existieron especulaciones sobre las motivaciones para declarar una absurda guerra al narcotráfico. Las teorías iban de extremo a extremo, aunque siempre hubo una que permeó en el ambiente, que cobró fuerza en el imaginario social: la guerra contra el narcotráfico siempre tuvo como objetivo reorganizar las zonas, plazas y áreas de influencia de los carteles de la droga en México. Siempre existió el velo de duda sobra los contubernios que tenía el gobierno mexicano con la banda de Sinaloa, la que comandaba Joaquín Guzmán Loera.
Ayer, la prensa internacional reoportó que García Luna, el máximo jefe de la policía mexicana durante el Calderonato y gran estratega de la lucha contra el narcotráfico, fue aprehendido en Texas, está acusado por la misma corte de Nueva York que sentenció a El Chapo Guzmán, la acusación deriva de una declaración/confesión de Jesús El Rey Zambada, hermano del Mayo Zambada. En la audiencia correspondiente, Jesús Zambada afirmó que su corporación entregó millonarios sobornos al secretario de seguridad pública de Felipe Calderón, el mito de la guerra contra el narcotráfico se ha derrumbado para siempre.
Jorge Volpi escribió una novela criminal que ganó el premio Alfaguara 2017, en ella narró de manera detallada toda la historia de terror vivida por Florence Cassez en su detención, acusada de formar parte de la banda de secuestradores El Zodiaco , la cual fue transmitida en vivo en noticiero matutino. El montaje aquel, fue definido por Volpi como una narración despiadada a la hora de mostrar los entresijos del poder, las raíces más hondas de la corrupción y su alcance, así como los embotados mecanismos de la justicia. La historia de García Luna seguirá dando para escribir páginas de una novela criminal, una novela en la que las tramas centrales aun están por descubrirse.










