Carolina Gómez Macfarland
ESE ADORADO SALON DE BELLEZA… será pura vanidad?
Ya lo sé…. ¿Qué de interesante puede tener algo, que desde hace mucho tiempo es socorrido tanto por mujeres como por hombres? ¿Y sin otro sentido que el de mejorar la imagen? Es cosa de todos los días, algo hasta superficial tal vez. Una simple visita al adorado salón de belleza…
Pues ahora las llamadas estéticas, siguen teniendo un encantador aroma de tranquilidad y de acogimiento, algo que me parece es más dulce que un cabello sedoso, o unas manos adorables.
Si bien parecería un tema superficial, lo cierto es que estos lugares representan para una persona, sea hombre o mujer, rico o pobre, bonito o feo, un refugio de esperanza y de eterna contención.
Hace poco fui a una estética, y cada vez que recurro a una pequeña ayuda de este tipo, suelo observar a mi alrededor y descubro cosas fascinantes. Una mujer contando los logros de sus hijos, otras compartiendo una feliz relación de pareja, una boda próxima y otras, todo lo contrario, rompimientos, fracasos etc. Algunas pidiendo un color especial de barniz de uñas, un poco más corto el cabello, un facial o tratamiento para el rostro y así… un poco más de tiempo de contacto, una caricia y un momento de tranquilidad.
Porqué? La respuesta es simple pero interesante. Cualquier ser humano, o cualquier ser vivo sobre la faz de la tierra, necesitan para fortalecerse y continuar su crecimiento, una buena cantidad de caricias.
Hemos visto con frecuencia, mujeres golpeadas, personas que parecen gustar de una visita al médico, personitas que gustan también de un dibujo sobre sí, niños y adultos con frecuentes alteraciones de la piel, y un sinfín de situaciones donde curiosamente el punto central es el contacto humano.
Tal vez suene cruel que mencione algunas situaciones dolorosas. Sin embargo, el contacto físico o una caricia, es tan importante para un individuo como comer o protegerse del medio ambiente.
Aunque nuestro querido amigo Abraham Maslow, psicólogo estadounidense conocido como uno de los fundadores y principales exponentes de la psicología humanista, sugiere una pirámide de necesidades humanas, me parece conveniente incluir en las básicas para la sobrevivencia, el afecto.
El recibir del otro una muestra de cariño, es necesario para reconocernos como seres dignos de ser amados y respetado. Claro está que no siempre las caricias recibidas son tan lindas como esperamos, y pueden surgir entonces problemas importantes en el comportamiento de un individuo. Pues ante tal necesidad de ser vistos o tocados, solemos, a falta de caricias positivas o constructivas, buscar y recibir caricias negativas como las agresiones, antes que no tenerlas de ningún tipo. Es decir, preferimos ser lastimados, antes que ignorados.
No se trata aquí de sugerir violencia, y es preciso recordar que cualquiera de nosotros somos merecedores de un trato digno, y que en la medida en que lo tengamos bien claro, buscaremos y daremos caricias adecuadas, con palabras o con el mismo tacto.
Un abrazo al saludar a nuestros hijos o amistades, un “buenos días”, una sonrisa, un tiempo de escucha atenta, pueden ser el mejor remedio para aliviar el alma y mantenernos seguros y con una estima alta, haciendo más llevadera una relación, del tipo que sea. Pues sabemos que las relaciones humanas son complicadas, y si además sumamos el hecho de que creemos no valer tanto, la situación se enreda aún más.
De esta manera, una cotidiana o simple visita al salón de belleza representa en sí misma una búsqueda y un encuentro con el otro, donde además de reconocernos bellos, reconstruye nuestra conciencia de dignidad tan ignorada en nuestros tiempos.
Así que, tómense unos minutos o unas horas si quieren, para darse y dar una rica caricia a su corazón.
Y recuerden, TODO SALDRÁ BIEN AL FINAL, Y SI LAS COSAS NO ESTÁN BIEN, ENTONCES TODAVÍA NO ES EL FINAL.










