La menstruación está presente en la vida de la mayoría de las mujeres, personas trans y no binarias alrededor de 40 años. En todo ese tiempo, un solo individuo usará alrededor de 13 mil toallas sanitarias o entre 8 y 17 mil tampones.
Aparte del importante daño ambiental, no debemos olvidar que los plásticos y químicos que componen estos productos también causan estragos en nuestro cuerpo. Y por si lo anterior no te ha impactado, quizás sí lo haga enterarte que hasta 36 mil pesos se irán al bote de basura.
Por lo anterior, personas que menstrúan han buscado alternativas más amigables con su cuerpo, con el planeta, con su bolsillo y su comodidad como las toallas ecológicas o la copa menstrual.

La copa menstrual, hasta hace algunos años, era un objeto desconocido para muchas personas, aunque su existencia data desde 1867.
Sin embargo, nos ha tocado experimentar el boom de la copa menstrual gracias, probablemente, a que cada vez más mujeres y personas que menstrúan consideran que el primer territorio a liberar debe ser el cuerpo.
Para la psicóloga Jessica Suárez Chávez, en la menstruación influyen cuestiones socioculturales que afectan cómo la viven las mujeres y otras identidades:
“Hay mujeres que tienen miedo a tocarse, que ni siquiera conocen su cuerpo y tienen asco. […] Esta idea de que tu sangre es cochina, de que hay que esconderla, desde cómo nos enseñan a las mujeres la primera vez, si es que tienes suerte y te enseñan qué es la menstruación […]”.



Jessica Suárez nos cuenta que, a partir de su experiencia con la copa menstrual, notó el impacto que hay en su cuerpo, y pensó que debía compartirlo con otras mujeres, pues no es sólo un utensilio, sino un factor de cambio en la percepción de la menstruación que se traspasará por las mujeres que están usándola y tendrán hijos.
La psicóloga recomienda el uso de la copa menstrual porque genera mayor conocimiento de nuestro cuerpo, porque rompe tabús y, sobre todo, porque fomenta una ‘reconciliación entre ser mujer y un proceso totalmente natural que no conocemos, que no nos han explicado correctamente’.

Pese a todos los beneficios evidentes de la copa, la psicóloga recalcó que su uso es un proceso de mucha paciencia, disposición y entendimiento de que la experiencia no va a ser idéntica entre una mujer y otra:
“Como los comentarios se generalizan y a muchas mujeres les va muy bien, entonces todas van con esa expectativa de ‘es la maravilla y me va a ir perfectamente como a mi amiga, como a mi prima, como a mi conocida’. Y no. A cada mujer le va distinto. Hay mujeres que en el primer ciclo le agarraron la onda. Hay mujeres que hasta después de seis meses empiezan a entender cómo colocar y por qué hay veces que queda bien y hay veces que queda mal”.
De esta manera, Jessica Suárez aclara que no todas las mujeres se acostumbran a la copa menstrual, por lo que no es obligatorio que la usen sólo porque todas lo están haciendo. Lo importante es que sean conscientes de que existen otras alternativas para cuidar y conocer su cuerpo como las toallas ecológicas, los tampones de algodón orgánico o el método para cracks: la menstruación libre, que consiste en controlar el flujo de la menstruación con ayuda de los músculos pélvicos y liberarlo en el baño.
Finalmente, la psicóloga hace un llamado a todas las mujeres e identidades disidentes a buscar orientación especializada para elegir la opción que más se adapte a su modo de vida, la talla y marca adecuadas, así como para evitar el comercio pirata de copas menstruales que pone en riesgo su salud.

Diseño de Marcos Baleón
Fotos de Carlos Hernández / El Heraldo de Puebla
Video de Fabio González / El Heraldo de Puebla










