En la última semana, videos y testimonios sobre personas muriendo en las calles y cuerpos esperando días para ser recogidos en los hogares en Guayaquil, Ecuador, han dado la vuelta al mundo.
La provincia del Guayas, donde se encuentra Guayaquil, hasta el 31 de marzo había reportado más víctimas del COVID-19 que naciones latinoamericanas enteras: 1.615 infectados y 52 muertos.
El colapso del sistema funerario, producto de esta crisis, es de tal magnitud que el presidente de Ecuador Lenín Moreno debió conformar una fuerza de tarea conjunta para poder enterrar a todas las personas fallecidas.
Los testimonios de familiares y vecinos de las víctimas coinciden con aquellas dos palabras que Joseph Conrad destacó en su obra El corazón de las tinieblas: el horror, el horror.
«Mi tío murió el 28 de marzo y nadie viene a ayudarnos. Los hospitales le decían que no tenían camillas y falleció en casa. […] El cuerpo sigue ahí en la cama donde falleció, porque nadie lo puede tocar ni nada de esas cosas».
Jésica Castañeda, sobrina de Segundo Castañeda
Otra joven guayaquileña, quien pidió que no se difunda su nombre, relató que su padre murió en sus brazos y estuvo 24 horas en la casa.
«Nunca le hicieron la prueba del coronavirus, solo nos decían que nos podían agendar una cita y que tome paracetamol. Tuvimos que retirar el cuerpo por medio de particulares porque no tuvimos respuesta del Estado. Uno siente impotencia al ver a su padre así y tener que salir a pedir ayuda».
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Pero esta situación no afecta solamente a los muertos por el virus. Wendy Noboa, quien vive en el norte de Guayaquil, cuenta la historia de su vecino Gorky Pazmiño, quien murió el domingo 29 de marzo:
«Él se cayó y del golpe en la cabeza murió. Yo llamé al 911 y nunca vinieron. Él vivía con su papá, que tiene más de 96 años, por eso mi angustia. Permaneció en el piso todo un día, hasta que vinieron familiares con la caja para sepultarlo. Pero no lo pudieron sepultar porque no había médico que firmara el certificado de defunción».
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Los casos son tantos que la periodista Blanca Moncada, del diario Expreso, ha comenzado una cadena en Twitter solicitando información de familiares y vecinos de personas que se encuentren en esta situación.
El comandante de la Armada NacionalbDarwin Jarrín, quien asumió el 30 de marzo la coordinación militar y policial para la provincia del Guayas, indicó que hasta el jueves 2 de abril, a más tardar, estarán enterrados todos los fallecidos en Guayaquil.
Jorge Wated, quien está al frente de la fuerza de tarea designada por el presidente Moreno para el enterramiento de los cadáveres, informa que los familiares de las víctimas no podrán asistir al entierro.
«Ahora hay un pánico generalizado y se piensa que toda persona que fallece en Guayaquil tiene coronavirus. Entonces las funerarias no se quieren hacer cargo».
Grace Navarrete, médica salubrista que pertenece a la Sociedad Ecuatoriana de Salud Pública

La periodista Susana Morán, del sitio digital de noticias Plan V, en el artículo «Morir dos veces en Guayaquil», investigó el comportamiento de las funerarias durante la crisis. Morán entrevistó a la dueña de una funeraria que cerró su negocio por temor a un contagio.
«Yo ya tengo mis añitos, por ganarme unos centavitos yo no voy a poner en peligro a mi familia».
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Este miedo se replica también entre los familiares, dice la doctora Navarrete.
«Guayaquil es una ciudad que tiene aproximadamente el 17% de su gente en la pobreza y en la pobreza extrema. Lo que ocurre ahora con los cadáveres nos hace pensar en qué cuerpos importan y qué cuerpos no importan. Los recortes en salud pública nos dicen que hay cuerpos que no importan».
Adriana Rodríguez, profesora de Derecho la Universidad Andina y especialista en derechos humanos
Con información de BBC News
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