Guillermo Cobos
¿Pudiera el Big Data ayudar realmente en esta pandemia?
Esta pandemia del Coronavirus ha despertado interés en esta disciplina para rastrear el contagio de las personas y planear los esfuerzos de prevención de enfermedades. Sin embargo, la necesidad urgente de detener el contagio, no debería obstruir la claridad de pensamiento alrededor del uso del Big Data para que esto no sea contraproducente.
Los gobiernos y las empresas están tratando de aprovechar la ubicación de los teléfonos celulares de millones de usuarios para identificar patrones de contagio vs patrones de movilidad de las personas con la intención de identificar correlaciones y luego entonces, actuar en consecuencia.
Visto desde ese punto de vista, todo podría tener sentido. Sin embargo, existen otros factores que desvían claramente los resultados obtenidos de los análisis, cuando se contrastan con la realidad de las cosas. Informes de movilidad comunitaria de Google, que integran el llamado “distanciamiento social”, informes de Facebook que integran el movimiento de sus usuarios mediante patrones de amistad para predecir la propagación de la enfermedad, llaman poderosamente la atención con miras a la identificación clara del comportamiento de la enfermedad.
Pero esto de repente, dista de la realidad. En la epidemia del ébola en África, advierte desviaciones importantes ya que datos de la universidad de Harvard de registros de usuarios móviles, intentaron explicar el contagio. Sin embargo, este análisis fue diferente a la realidad cuando se constató que el mayor contagio se dio mediante la propagación de las personas que cuidaban enfermos y durante los preparativos de los funerales de los pacientes que no lograron sobrevivir.
Otro factor que rompe la correlación de datos es cuando las personas usan más de un móvil celular dependiendo de los roles sociales y/o empresariales de los que son responsables. Las tasas bajas de penetración de redes sociales de las personas de mayor edad, las poblaciones rurales con poco acceso a la tecnología celular móvil, los equipos ubicados en edificios de gran altura donde la señal celular es en extremo débil, personas que cambian su residencia como respuesta a la pandemia, pueden modificar sustantivamente estos análisis.
Esto no solamente plantea desviaciones importantes capacidades de derivar conclusiones certeras de movilidad, patrones y ubicación de la población, supone también un reto importante para la seguridad y privacidad personal. Podemos imaginar lo que supone que los usuarios se sepan vigilados en sus movimientos para levantar sospechas de mal uso de su información. Simplemente recordar el escándalo alrededor de la elección del presidente Trump mediante el compartir datos de los electores de Facebool a Analytica.
El argumento a favor del uso del Big Data ronda alrededor de obtener información clara y precisa de a dónde orientar los recursos económicos, humanos y técnicos, escasos por definición, de la mejor forma posible para prevenir contagios y atender a enfermos declarados. Claramente es un argumento con un peso específico muy importante para la implementación de este tipo de procedimientos.
Si bien entonces, el Big Data podría representar una herramienta sumamente útil para ser usados en propósitos comerciales, dista mucho de ser un elemento determinante para el manejo de toma de decisiones en pandemias, ya sea por sus desviaciones, ya sea por el atentado a la seguridad y privacidad de los usuarios, ya que sus efectos tendrían curso no solo en el momento de la crisis, sino tiempo más allá de ella.
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