Carolina Gómez Macfarland
Hasta que los dedos nos separen
Pues resulta que ya desde hace algunos años, y gracias a los avances de la tecnología, existen otros medios de comunicación además de los ya conocidos.
Pero, a pesar de ello, este tema sigue siendo un problema, algo realmente complicado, porque para que un mensaje se reciba adecuadamente, deben tomarse en cuenta varios elementos, incluyendo los que nos enseñaron en la clase de español de primaria, como la sintaxis o la semántica. Estos elementos (emisor, receptor, mensaje, canal, código y contexto), deben complementarse de una forma apropiada para que el proceso de comunicación sea eficaz, y se establezcan, en teoría, relaciones armónicas en la vida cotidiana.
En la actualidad existen estos casi mágicos aparatos como son los teléfonos inteligentes o las computadoras con programas de mensajería que parecen descomponer cualquier información y provocar más alejamientos y problemas, que encuentros humanos.
Con mucha frecuencia suelo ver tanto dentro como fuera del consultorio, que algunas personas presentan alteraciones emocionales, como exagerada tristeza, conflictos existenciales, rompimientos amorosos y cualquier cantidad de situaciones incómodas que seguramente ustedes ya conocen.
Esto no tendría nada de raro, salvo que la causa principal, ¡son los mensajes del celular!!! Donde además de estar escritos con una pésima ortografía, se plasman ideas y emociones desbordadas. Así, intensas y sin filtros, como una gran oleada que llega sin avisar.
Curiosamente, la tecnología está hecha para solucionar problemas, para ayudar a las personas a comunicarse, a enviar documentos o información que de otra forma tardaría horas o días en ser recibida. Sin embargo, su mal uso, parece provocar una serie de desencuentros y estados de ansiedad, que, de no haberse generado por estos medios, tal vez no existirían.
Escribir en realidad no es el problema, el no tomarse el tiempo para revisar lo que se escribe o lo que se lee, sí.
Ahora bien, al escribir, plasmamos en las palabras, nuestros más profundos deseos y emociones, las que, de otro modo, en una forma personal, con la palabra hablada y el lenguaje corporal, no se expresarían de la misma manera. Es decir, tendríamos más tiempo de procesar y estar alerta de lo que decimos.
Por eso, es preciso poner atención cuando escribimos, porque si comunicarnos es toda una odisea, ahora imagínense si descuidamos los detalles. Es probable que la interpretación que una persona haga de los mensajes que recibe, sea diametralmente opuesta a lo que el otro quiso compartir. Toda una tragedia griega.
Como si los dedos tuvieran más poder que la voz y que además nos traicionaran. Absurda es la idea de que la tecnología pueda jugarnos una mala pasada, y no porque sea mala, sino porque nos está retando a poner atención a lo que pensamos, sentimos y compartimos.
Finalmente, y a pesar de tantos avances, nada se comparará jamás con una mirada, con un gesto, una sonrisa, una llamada donde la voz pueda ser escuchada, un estar frente a frente, que provoque en el hombre, la magia de reconocerse a través del encuentro con el otro.
Y RECUERDEN, TODO SALDRÁ BIEN AL FINAL. Y SI LAS COSAS NO ESTAN BIEN, ENTONCES, TODAVÍA NO ES EL FINAL.










