El Heraldo de Puebla

De padres y de hombres

María Arteaga Villamil

En la literatura académica, existen pocos trabajos alrededor de las definiciones de los hombres de sí mismos como padres. Si buscamos en internet, encontraremos incontables resultados, estudios, reportes, sugerencias alrededor de la madre, su papel, su definición(…) Esto no es de extrañar si observamos que para el caso de las mujeres, la socialización está construida alrededor de su rol como cuidadora/criadora y ya después lo que quepa o se pueda (trabajadora, profesional,etc.), mientras que para los hombres, la socialización está centrada en su acceso al espacio público, cómo trabajadores, profesionales, ciudadanos y si hay chance, ya después de todo esto, cómo padres.

En los últimos años ha surgido una discusión sobre el cuestionamiento y la teorización de las relaciones entre los géneros, lo que su vez ha significado el escrutinio de las implicaciones de una división sexual del trabajo que asigna la responsabilidad principal de la crianza de les hijes a las mujeres. Esto cuestionamiento también ha puesto a debate la participación de los padres en la vida familiar, particularmente en lo que respecta a su participación trabajo doméstico, su contribución al cuidado y crianza infantil, el equilibrio entre el trabajo-familia, y la igualdad de género.

La emergencia de las llamadas nuevas formas de paternidad aún es bastante modesta y aunque puede ser que actualmente exista una mayor participación de los hombres en los trabajos de cuidados y crianza, esta participación es limitada en tiempo, forma y contenido. Como sociedad estamos muy lejos de dejar de lado los patrones de masculinidad hegemónica, es decir, no dejamos de pensar al hombre como heterosexual, competitivo, fuerte, duro, musculoso, valiente, viril, independiente, triunfador, desapegado, pero sobre todo, como opuesto a todo lo que es femenino.  Mientras las definiciones de los hombres para ser un padre están en profunda relación con estos rasgos de masculinidad, no cambiarán las expectativas de quien tiene la obligación de cuidar dentro de las relaciones familiares y en la sociedad en general. Cuidar, es más que un verbo, el cuidado es una categoría política, porque no sólo tiene que ver con las actividades vinculadas a la gestión y mantenimiento cotidiano de la vida, de la salud y del bienestar de las personas, lo que significa que cuidar es parte imprescindible para que el mundo siga. Y en esto me van a perdonar, pero los hombres carecen de formas de entender el cuidado y mucho menos tienen idea de cómo organizarlo de organizarlo. 

Actividades como la preparación y el servicio de alimentos para los integrantes del hogar, limpieza de la vivienda, limpieza y cuidado de ropa y calzado, compras para los integrantes del hogar, pagos, trámites y administración del hogar necesitan de una intensa interacción, una entera disponibilidad e implican una gran responsabilidad. Ya sé que me van a decir que ustedes pasan más tiempo con sus hijes, que los llevan a la escuela, que juegan con elles, que les quieren, que se involucran; y puede que así sea, pero mucho me temo, que su involucramiento discrecional e intermitente. La ENUT y diversos estudios que analizan el uso del tiempo entre hombres y mujeres sugieren que en México “las mujeres son las que realizan en su gran mayoría las actividades relacionadas con la producción de bienes y servicios dentro del hogar y con el cuidado de sus integrantes”. Es así que tenemos que las mujeres destinan 50.1 horas semanales al trabajo no remunerado (apoyo, crianza y cuidados), mientras que los hombres 17.6; lo que significa una diferencia de 32.5 horas semanales.

Por su puesto que esto no está escrito en piedra y los arreglos familiares pueden variar según localización geográfica, tipo de pareja, número de hijos, nivel de escolaridad, tipo de trabajo, nivel de ingresos y más. No obstante aunque el tipo de hogar cambie, no nos vamos a mentir, las necesidades de cuidados son universales y alguien los ha de asumir. Sin embargo a la hora de elegir quien lo hace, no hay mucha discusión, y en la mayoría de los casos, son las mujeres quienes son las perjudicadas.

Socialmente, un hombre puede tener muchas cualidades positivas, pero si es un mal proveedor, todo lo demás no importa. La estrecha conexión entre el trabajo y la masculinidad se hace evidente en la la forma en que los hombres definen la relación entre su trabajo y los compromisos familiares. Después de todo, ser el proveedor es estar «haciendo todo por la familia» y es esa centralidad del trabajo en las definiciones sociales de masculinidad, lo que marca un distanciamiento de la vida familiar y lo que es peor, limita lo que se espera que los padres proporcionen a sus parejas e hijes.

No estar involucrado en el cuidado diario de les hijos se ve reflejado en nuestra percepción de la habilidad de los hombres para cuidar. Dentro del imaginario popular es común asumir que las mujeres son cuidadoras más competentes que los hombres. Y aunque puede que lo que cotidianamente observamos parezca así, lo que importa es conocer cómo llegamos a pensar esto. 

Contrario a lo que se piensa, los padres pueden ser tan buen cuidadores como las madres. En el estudio Una perspectiva biosocial sobre el comportamiento y la participación paterna se realizó una revisión exhaustiva de los estudios sobre paternidad y la relación entre padres e hijes. Los autores argumentan que aunque la paternidad involucra un amplio conjunto de actividades (concebir, alimentar, aprovisionar y proteger a la descendencia), hay todavía muchos aspectos que son menos abordados. Es así que después de comparar diversos estudios sobre el involucramiento y comportamiento parental de madres y padres con hijes recién nacidos, los autores descubrieron que muchos padres mostraron competencia e incluso mayor involucramiento que las madres. Sin embargo, aunque los padres mostraban apego y capacidad para involucrarse sensitivamente, con el paso del tiempo tendían a entregar las tareas de cuidado a sus parejas.

El análisis encuentra que a pesar de que los padres en los estudios mostraron capacidad de desarrollar cuidados tan competentes como las madres, estos decidían no hacerlo porque no era cool o porque sentían presión para responder a los convencionalismos de los roles de género. Los autores concluyen que la diferencia en las respuestas entre las madres y los padres se debía principalmente as las presiones y expectativas sociales, concluyendo que las constricciones de socialización constituyen la mejor explicación para explicar las diferencias entre comportamientos de los padres y madres.

Si usted hombre/padre/anexo y ha llegado hasta aquí, ha encontrado que no puede justificar su escasa participación en la crianza y en los cuidados de su casa por cuestiones fisiológicas ni seguir acreditando la pericia de las mujeres por lo mismo. Lamentablemente también habrá descubierto  mujeres y hombres afrontan el cuidado de forma diferente y  aunque socialmente usted también tiene la enorme presión de seguir con los mandatos de género, la buena noticia es que !oh, albricias¡ usted cuenta con todas la herramientos para poder contrarrestar todo esto.

Nuevas nociones de paternidad, por sí solas, no son suficientes si la jerarquía dentro el hogar permanece intacta. Puede ser que las comprensiones de la paternidad y las formas de ser padre estén cuestionádose en lo personal o en lo biográfico, sin embargo tenemos que tener siempre en mente que padre y paternidad son relaciones inscritas en el corazón de la masculinidad, lo que paradójicamente siempre limitará la expresión de prácticas alternativas de hacer familia, o como suelen llamarle, parentalidad.

No dudo que exista un contingente masculino dispuesto a discutir su papel como padres y a asumir un mayor rol en el espacio doméstico, sin embargo el desarrollo de esta «nueva» paternidad parece estar más vinculada a una idea de desarrollo personal y no necesariamente de una transformación radical de la masculinidad. Las “nuevas” paternidades aún se encuentran atrapadas dentro de las dinámicas de la familia nuclear heterosexual y las constricciones de los roles de género. Mientras exista el empeño de reproducir el ethos masculino sin cuestionar la propia comprensión de lo que significa ser un “hombre” en la sociedad contemporánea, los intentos de crear paternidades alternativas, no se extenderán más allá de la experiencia personal.

María Arteaga Villamil
Feminista por convicción
Antropologa por vocación.
Doctora en Estudios Avanzados en Antropología Social por la Universidad de Barcelona

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