El Heraldo de Puebla

Reestructurar la vida laboral

Ernesto Ordaz Moreno

El hombre encuentra su goce en comer, en el acto de reproducirse, en vestirse, cuando puede, en suma, en su parte animal, pero no en lo que lo diferencia de éstos: en el trabajo” (Karl Marx)

En los últimos meses, en nuestra intimidad, cada uno de nosotros hemos realizado diversos análisis tanto de la situación económica como el futuro personal, un acto de reflexión auténtico y, sin temor a equivocarme, si bien el miedo de ver afectada la salud o, incluso, perder la vida tiene una máxima prioridad, lo cierto es que hay mayor angustia en la parte económica, ¿qué vamos a hacer en ciernes? Esta circunstancia se agrava para quienes fueron despedidos de un empleo o trabajo o porque han perdido su empresa. La crisis es una realidad y pasará un tiempo para recuperar la estabilidad económica. Sin embargo, esta ecuación puede analizarse desde otro punto de vista y obtener oportunidades de subsistencia ya que estamos en un periodo de transformaciones.

La persona humana es, por naturaleza, libre y, en esa libertad, puede dedicarse a una profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, que sólo se ve limitada por la ley misma. (artículo 5 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos). Y, ¿para qué trabajamos? El “trabajo” es toda actividad que se realiza para solucionar un problema a cambio de recibir otro satisfactor que, a su vez, nos permita cubrir otras necesidades, se trata pues, de la subsistencia. El ser humano busca trabajar para transformar su vida en sociedad, por esa razón, “… nadie puede ser privado del producto de su trabajo, sino por resolución judicial…”; es decir, si trabajo debo tener una justa retribución, incluso los servicios públicos deben ser retribuidos y, por supuesto, nadie puede obligar a otro ser humano a prestar un trabajo sin su consentimiento ni que renuncie a recibir el pago por dicho trabajo.

En el transcurso de la historia siempre hay abusos de unos frente a otros, inventamos la esclavitud para que personas ejecutaran actos contra su voluntad y sin remuneración; actualmente, todavía existe la esclavitud e incluso, hemos estado viviendo una “esclavitud disfrazada” al laborar para una empresa y ahí dejar nuestra vida, aun cuando nos desagrade lo que hacemos. Hay que armonizar la vida laboral con la personal para ser más eficiente, productivo y feliz. ¿Trabajamos para vivir o vivimos para trabajar? Lo cierto es que toda actividad laboral humana debe estar regulada para evitar abusos de unos frente a otros, de ahí lo correcto del reconocimiento constitucional al Derecho de dedicarnos a los que nos acomode (“derecho al trabajo”). Creo firmemente que todos tenemos la oportunidad de dedicarnos a algo que nos agrade y lograrnos como personas en la vida. Sólo nos queda prepararnos, estudiar y adaptarnos a las circunstancias. A quienes tienen la posibilidad de acudir a una universidad deben buscar fortalecer su libertad y no estudiar para obtener un empleo “estable”, dado que, si algo hemos aprendido es que nada es constante ni permanente, salvo el cambio.

Los acontecimientos recientes provocan que meditemos sobre nuestra vida y lo que estamos haciendo para subsistir, resulta básico afirmar que los trabajos son más intelectuales que físicos o primarios; la tecnología traerá en un futuro próximo, casi inmediato, el uso de inteligencia artificial y robots que efectuarán trabajos que ahora realizan personas. Las fábricas modernas son operadas con muy pocas personas pues las máquinas realizan ese trabajo. Entonces, ¿en qué debo centrarme en aprender para poder subsistir en el futuro? En aquellas actividades semi manuales (carpinteros, fontaneros), las que impliquen creatividad, empatía de emociones (abogados, profesores, enfermeras) y las intelectuales (científicos, artistas).

Luego, debemos adaptarnos a las condiciones nuevas y transformarnos para subsistir, alejarnos del concepto “trabajo” para buscar dedicarnos a lo que nos interese y del cual se pueda obtener una retribución en el mercado. Nuestra visión ha sido errada desde el principio, desde el concepto mismo, pues la etimología proviene del latín “tripaliare”, a su vez, de “tripalium” que era un yugo hecho con tres palos para amarrar a los esclavos para azotarlos, por lo que podemos asociar este concepto con sufrimiento. Asimismo, existe otra etimología que la relaciona con las actividades de los siervos frente a las realizadas por los hombres libres. En la Biblia se considera al trabajo como una sanción pervertida por el pecado o bien como un don de Dios. Independiente, lo que hagamos o dediquemos forma parte de nuestra libertad como persona humana y debe ser tratada con dignidad.

Si bien el Estado mexicano debe considerar proteger este derecho humano, impidiendo que se hagan descuentos en sus sueldos o “donaciones” inconstitucionales, con programas que asistan, en lo inmediato, para que las empresas mantengan los empleos o se provea de lo básico a los que carezcan de una estabilidad económica, también es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros, como ciudadanos, compañeros de vida-viaje, preparar y sostener a los más posibles para que puedan transformarse y encontrar su propio camino, en la libertad de lo que decidan dedicarse.

Mientras tanto, cada uno de nosotros debe ser responsable, empático y resciliente para aprovechar este momento de cambios: convivir con los hijos, con la familia, hacer deporte, comer sanamente, estudiar para prepararse y subsistir en el futuro inmediato.

No pierdas el optimismo, la transformación se estabilizará, esta crisis pasará, por eso es importante escoger la actividad a la que se te vas a dedicar, así evitarás que sea un trabajo. Haz posible la máxima. Todo es posible si hay voluntad y determinación. “Comienza haciendo lo que es necesario, después lo posible y de repente estarás haciendo lo imposible” (San Francisco de Asis). ¡Sigue adelante, siempre de frente!

@ernestordaz

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