Blanca Alcalá
De cara a la elección federal de 2021, en una sesión inédita a través de una plataforma virtual, los integrantes del Consejo Político Nacional del PRI se dieron cita para reformar los estatutos del partido. Estrategia, disciplina y prospectiva resumen los cambios propuestos.
El próximo año tendrá lugar la mayor elección hasta hoy registrada en nuestro país. Se trata de un proceso concurrente durante el cual se elegirán gobernadores de 15 entidades, 500 integrantes del Congreso federal, diputados de 30 congresos locales, 1,924 integrantes de ayuntamientos y 431 juntas municipales. En suma, 21368 cargos estarán en juego, en un escenario complejo que se caracteriza por una sociedad polarizada, una crisis sanitaria global de consecuencias económicas y sociales inciertas, y un gobierno populista y de fuertes rasgos autoritarios.
Los partidos políticos en México enfrentarán un gran desafío. Para el PRI, partido histórico de presencia nacional, el reto se antoja superior por la derrota de 2018 y el desprestigio que le acarrean los escándalos de corrupción que estratégicamente administran, de manera calendarizada y puntual, las actuales autoridades. La dirigencia nacional lo sabe y decidió que era tiempo de afinar estrategia, apuntalar disciplina y construir una oferta sólida para los millones de ciudadanos preocupados por el rumbo del país.
El primer paso que decidió tomar fue eliminar los candados que frenaban las negociaciones para hacer alianzas con partidos de diferentes signos ideológicos. La experiencia en la región da cuenta de casos exitosos. Uruguay con el Frente Amplio, Chile con el Frente Opositor son algunos de los ejemplos de la historia reciente; las fuerzas políticas demostraron que, a partir del respeto recíproco y de la definición de una plataforma de principios, se puede construir una oferta atractiva a los ciudadanos para acceder al poder y, en su momento, hacer gobierno.
El PRI sabe que, si quiere permanecer como un partido político nacional, tendrá que buscar aliados que aritméticamente sumen, negociar espacios de colaboración y hacer práctica cotidiana de la inclusión que, por cierto, fue la base del éxito en sus orígenes. Y hablando de orígenes, la disciplina partidaria también formó parte de la agenda de las reformas aprobadas. Se dispuso que, en lo sucesivo, los cargos de representación proporcional volverán a reservarse solo para militantes del partido; si alguno de ellos pide licencia o abandona la bancada, serán conservados por el partido que incluirá una carta previa de separación definitiva del cargo. El propósito: asegurar que el partido conserve la posición que le corresponde por los votos obtenidos. Con sentido de prospectiva se modificaron temas relativos a la participación de los jóvenes, no solo en las candidaturas a cargos de elección popular, sino inclusive de las dirigencias. Se incorporaron reformas relativas a los mexicanos migrantes, de los cuales más de un millón votará en las próximas elecciones. En lo sucesivo, sin importar su lugar de residencia, se les reconocen derechos plenos de participación, y se autoriza el nombramiento de representantes del partido en comunidades en el exterior con alta concentración de migrantes. De este modo el PRI, rumbo al 2021, hizo los primeros movimientos sabiendo que hoy competir es tan importante como existir.

Blanca Alcalá
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