Leobardo Rodríguez
Cada día empieza a ser más perceptible la presencia de la gente en las calles, las necesidades de atender urgencias elementales han impedido prolongar más el tiempo de confinamiento. Algunos sectores se han tenido que reactivar porque de otro modo no habría forma de detener el desplome económico, todo el planeta vive la misma situación.
Tan atípico sigue resultando todo, que Joaquín López Dóriga (@lopezdoriga) en su cuenta de twitter, en días pasados consultaba a sus seguidores si sentían alguna diferencia entre los viernes y los lunes; la respuesta fue apabullante, los participantes afirmaron que no lograban hacer una distinción entre los inicios y fines de semana, y es natural, la vida se ha modificado por completo. Muchos hábitos se rompieron de manera intempestiva: las escuelas vaciaron sus aulas como medida de emergencia; los centros de trabajo modificaron roles y horarios; las zonas de comercialización y esparcimiento cerraron; los gimnasios, cancelaron actividades; se prohibieron los paseos al aire libre; los juegos deportivos también fueron suspendidos. Toda la vida sufrió un giro, Netflix está sufriendo una curva de agotamiento, las redes sociales empiezan a ser cíclicas y repetitivas; en un país que lee muy poco, los libros no han resultado un refugio posible (por cierto, las librerías también cerraron).
Charles Duhigg escribió un magnifico libro “el poder de los hábitos”, en él se plantea la premisa de que la mayor parte de las decisiones que tomamos a diario pueden parecernos producto de una reflexión profunda, pero no es así, son hábitos. De acuerdo con los científicos, los hábitos surgen porque el cerebro siempre busca el modo de ahorrar energía, por lo que su tendencia natural es convertir casi cualquier situación en rutina. El problema, es que el cerebro no hace una distinción entre buenos y malos hábitos, una vez que desarrollamos la rutina de dormir hasta tarde para luego comer y no hacer ejercicio, la rutina se instalará en la conducta.
Para generar hábitos, el cerebro sigue una ruta (un bucle) de tres pasos, el primero de ellos es una señal que le indica a nuestro cerebro que puede prender el piloto automático y que ahí se encuentra un hábito potencial. El segundo paso es la rutina, que puede ser física, mental o emocional, y por último está la recompensa, que le ayuda a nuestro cerebro a decidir si merece la pena seguir esta ruta en el futuro.
Charles Duhigg plantea que hay una regla de oro para modificar hábitos, consiste en usar la misma señal y recompensa, modificando la rutina, sumando una buena dosis de convicción, ¡Si no creemos en la necesidad de cambiar un hábito, esto nunca ocurrirá!
¿Por qué es importante hablar de hábitos en estos días? Porque, aunque gran parte del sector productivo se está reactivando, hay grupos importantes que no recuperaran sus actividades cotidianas en el corto plazo, es más, la llamada nueva normalidad indica que la vida no volverá a ser igual. ¿Qué hábitos hemos desarrollado durante la pandemia? ¿Hacemos más ejercicio? ¿Cuántos libros leemos a la semana? ¿A qué hora dormimos y despertamos? ¿Cuántas horas le dedicamos a las redes sociales? ¿Cuántas series he visto en esta época?
Además de preguntarnos sobre los nuevos hábitos desarrollados, hay que preguntarnos cuáles son los resultados en los diferentes planos: en salud física, estabilidad emocional, relaciones, desarrollo intelectual y finanzas personales.
Después de realizar este ejercicio de autodiagnóstico, tal vez el panorama observado nos indique que vivimos una crisis que se generó por los nuevos hábitos desarrollados en este periodo de confinamiento, y si seguimos la lógica de Duhigg, las crisis son oportunidades valiosas ya que nos siembran la idea de que algo no está bien y algo hay que cambiar. La oportunidad más importante de una crisis está en el sentido de urgencia, si administramos adecuadamente esta sensación, mantendremos la sensación de que algo debemos cambiar en nuestros patrones de conducta que pueden estar resultando contraproducentes para nosotros.
La nueva vida o normalidad tendrá que sustentarse en nuevos hábitos, el libro de Charles Duhigg que nos ayudará a entender la neurociencia que explica la fuerza de nuestras costumbres y rutinas, nos muestra el camino para reconocernos y para poder sustituir las rutinas que sean necesarias. Un hábito no se destruye, se sustituyen ¿Qué hábitos nuevos vas a generar en esta nueva normalidad?
El hábito no hace al monje, pero lo dirige y en muchas ocasiones, lo define.
Posdata: El rebaño sagrado estrenó Director Técnico, por fin ha llegado Víctor Manuel Vucetich, el llamado rey midas. Ahora sí, ya no falta nadie, las chivas han tenido a todos.










