Ernesto Ordaz Moreno
“Los hombres no viven juntos porque sí, sino para acometer juntos grandes empresas” (José Ortega y Gasset)
Una de las grandes virtudes de la libertad del ser humano radica en asociarse con otros semejantes, pues resulta una característica natural. La asociación se entiende como un grupo de personas libres que voluntariamente se reúnen para dar continuidad a uno o unos objetivos comunes lícitos con una disposición de permanencia, prácticamente constituyendo a una persona jurídica propia.
Sin embargo, el derecho de asociación, como derecho humano, nace en el pasado siglo XX (veinte). Si bien desde el siglo XVIII (dieciocho), las sociedades reconocen a las asociaciones con fines de lucro y las que no tienen fines de lucro, lo cierto es que, existía cierto temor en concederle esa posición de Derecho. Así, en la historia se podrá observar que existen sociedades mercantiles y sociedades civiles, gremios, colegios de profesionales, ejidos, sindicatos, partidos políticos, entre otras figuras, que en los últimos años se han delimitado e identificado en el ámbito legal y social.
Lo cierto es que ahora se reconoce como Derecho de Asociación, lo que se observa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Pacto Internacional de Derechos Civiles, Políticos y Civiles, Convención Americana sobre Derechos Humanos, en el artículo 9 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, e implica la libertad de ingresar a una asociación, a permanecer o abandonarla e, incluso, a no asociarse.
En el caso particular, dejaremos para otra oportunidad lo referente a los partidos políticos y la de los sindicatos, pues considero son asociaciones muy particulares, que están regulados en disposiciones constitucionales específicas (41, 123), aunque sólo resaltaré que ambas representan una participación abierta y democrática de la sociedad en el ámbito político. Y, en común con todas las asociaciones es la necesidad de contar con una organización interna democrática, con reglas en la toma de decisiones y en la representación.
Así, las asociaciones conforman un ente jurídico denominado “persona moral” o “persona jurídica”. Se reconocen a las personas jurídicas públicas y privadas, de entre las primeras están el Estado, las entidades paraestatales, las sociedades de responsabilidad limitada de interés público, las sociedades de solidaridad social, las sociedades de información crediticia, la sociedad hipotecaria federal, los ejidos, las sociedades de producción rural, la asociación rural de interés colectivo, entre otras.
Por su parte, las personas jurídicas privadas pueden ser las asociaciones civiles, las sociedades civiles, las fundaciones, las sociedades mercantiles. Estas últimas, tienen una distribución en diversas leyes, pero encontramos las sociedades cooperativas, las sociedades cooperativas de consumidores de bienes y/o servicios, las sociedades cooperativas de productores de bienes y/o servicios; la sociedad en nombre colectivo, la sociedad en comandita simple, la sociedad en comandita por acciones, sociedad de responsabilidad limitada, la sociedad anónima, al respecto, hay sociedades anónima constituidas por la Ley del Mercado de Valores, como son las sociedades anónimas promotoras de inversión (SAPI), la sociedad anónima promotora de inversión bursátil y la sociedad anónima bursátil; recientemente, la Ley General de Sociedades Mercantiles dio paso a una sociedad unipersonal denominada “Sociedad por Acciones Simplificadas”. La participación de las sociedades (personas jurídicas) en las actividades económicas ha crecido exponencialmente.
En cualquier figura de asociación, implica que las personas que se congregan para llevar un fin lícito a la acción con trascendencia social, impliquen o no un lucro, requiere de una organización interna, que regularmente es piramidal, pero existen reglas para la toma de decisiones, democráticas, pues participan todos los socios, en las tomas de decisiones esenciales. De igual manera, deben contar con un sistema para tener control de los ingresos y de los egresos, así como la representatividad legal de la sociedad o persona jurídica en los actos externos ante la comunidad.
Sin embargo, todo esto que conocemos va a tener un cambio con motivo de las circunstancias y el avance digital. La nueva era digital que regulará nuestra forma de vida próxima ha acelerado los cambios en la manera en que nos asociamos y van a surgir nuevas estructuras societarias que se incorporarán a la economía, su trascendencia será incluso más fuerte que la de los Estados mismos, que tenderán a desaparecer.
Hemos comenzado la transición. Ahora, nuestros hijos, por vez primera, no asistirán a clases presenciales sino en vía remota, sea a través de dispositivos digitales o por televisión. Se ha roto el paradigma. Por ello, en este cambio, debemos buscar ser más participativos, colaborativos en asociaciones con nuestros semejantes, pues la individualidad será lo extraordinario.
Las sociedades del futuro próximo serán DIGITALES. Las innovaciones tecnológicas ya no requieren de trabajos con presencia física, se puede estar en presencia sin tener cercanía; se romperán las jerarquías tradicionales, pues en el mundo de redes ya no cabe la organización piramidal. El único dilema será mantener los dispositivos digitales en permanente funcionamiento con un sistema de alimentación energético que no sea energía eléctrica, que sirva en todo momento, a pesar de catástrofes naturales, y que estas tecnologías de la información estén disponibles para cada persona.
Es ahí donde las nuevas “empresas” deben ser más humanas, donde seamos más rescilientes, respetuosos, éticos, conscientes, sensatos, mesurados, responsables e informados, con el medio ambiente, con la sociedad, con todo, para tener un modelo participativo adecuado a nuestra nueva realidad. La nanotecnología, la robótica, provocarán que las personas jurídicas digitales tengan mayor participación en el mundo económico y en el día a día.
“México es una nación de esperanzas, anhelos, de valores que nos hacen tener una reserva espiritual de unidad que a su vez nos da la fuerza para seguir adelante, construyendo y defendiendo nuestra propia convicción humanista” (Guillermo Pacheco Pulido). Bajo esta premisa, hagamos lo necesario para adecuarnos a las circunstancias, recordemos que no sobrevive el más fuerte ni el más inteligente sino el que mejor se adapte al cambio (Charles Darwin). Tomemos decisiones informadas para que, asociados, seamos una empresa de éxito en el futuro próximo. Te invito a considerarlo. Unamos fuerzas.










