El Heraldo de Puebla

Tendencia boomerang

Crear o morir, las claves de la innovación

Leobardo Rodríguez

En estos días, una de las dudas más acuciantes para todos tiene que ver con la forma en la que retomaremos nuestras vidas, todo gira alrededor del cambio, nada es igual que antes, casi todo es nuevo, incluso la normalidad es otra normalidad, una nueva normalidad.

Se ha modificado radicalmente la manera en la que nos relacionamos con el mundo, los expertos nos dicen que para salir avante en esta nueva etapa hay que “pensar fuera de la caja”, hay que idear nuevas cosas, hay que plantear cambios, todo empieza a sugerirnos que para adaptarnos a esta nueva normalidad tenemos que pensar en la innovación constante.

El problema de adecuarnos a “lo nuevo”, es que a muchos de nosotros nos educaron para aprender y repetir; no existen bases estructurales que permitan educar a los niños y jóvenes sobre procesos de innovación.  La educación sigue sustentándose en métodos de memorización y mecanización de la propia información. Nos desarrollamos en un contexto en el que no se observa un compromiso con el fomento de mentes innovadoras, tanto en la esfera de las políticas públicas, como en ámbito del empresariado.

De acuerdo con Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), “a pesar de que la innovación es un proceso clave para el desarrollo económico que permite aumentar la productividad y competitividad, en la región no se observa un compromiso real con la materia”. Las cifras que registra este organismo son reveladoras: el gasto público promedio en innovación es el 0.8% del PIB en América Latina, pero muchos países registran menores cifras, las cuales rondan el 0.5% de su PIB, situación que contrasta con varios Estados de la OCDE, que promedian el 2.5% de inversión con relación al l PIB o como en los casos de Estados Unidos e Israel, cuya inversión en la materia equivale al 2.8%  y 4.3%, respectivamente.

Andrés Oppenheimer, publicó un ensayo en 2014 sobre este tema y su contexto en América Latina: “crear o morir”. En este libro se plantearon los terribles rezagos estructurales que experimentan los países latinoamericanos para poder ser generadores de innovadores. Desde los complejos procesos burocráticos para acceder a fondos públicos hasta las barreras tecnológicas que limitan la impartición de educación de calidad a las generaciones más jóvenes.

Oppenheimer parte de la premisa de que estamos viviendo la era de la economía del conocimiento, en la cual, las habilidades intelectuales adquieren un mayor valor que las habilidades mecánicas, incluso por encima de las propias materias primas. Siguiendo su vocación de entrevistador, plantea preguntas provocadoras al inicio del texto ¿Qué es lo que hace que Steve Jobs haya triunfado en Estados Unidos, al igual que Bill Gates, el fundador de Microsoft; Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, y tantos otros, ¿y miles de talentos de otras partes del mundo no puedan hacerlo en sus países? ¿Por qué no surge un Steve Jobs en México, Argentina, Colombia, o cualquier otro país de América Latina, o en España, donde hay tanto o más gente talentosa que el fundador de Apple?

A través de una revisión puntual de los inventos más significativos de la última década, se revela la rapidez con la que avanzan los cambios tecnológicos: las impresoras 3D que fabrican zapatos, los drones que reparten pizza, los autos sin conductor, los materiales autosaneables, el internet de las cosas, relojes que toman el pulso cardiaco, la súper computadora que prescribe medicinas, la educación personalizada o los viajes a las estrellas. Para llegar a tener avances en todas estas innovaciones, se tuvieron que cumplir ciertos pasos o patrones, los cuales trata de reconstruirlos con entrevistas a grandes innovadores, casos como el del chef peruano Gastón Acurio que construyó una nueva formar de internacionalizar la gastronomía de su país y que sirven para ilustrar el pensamiento de los fuera de serie, quienes no piensan en la confrontación con sus rivales, sino que buscan colaborar con ellos, los que generan cambios disruptivos, no piensan en una rebanada del pastel, piensan en hacer el pastel más grande para todos. El caso de Jordi Muñoz, que a los 27 años se convirtió en uno de los líderes fabricantes de drones, se sumó al movimiento de los llamados makers  que suben sus descubrimientos a la red y permiten que todos contribuyan a la mejora, así constituyó el éxito de su empresa 3D Robotics.

En crear o morir también se incluyen a Bre Pettis, el pionero de la impresión en 3D; Rafael Yuste, el neurobiólogo que desarrolló el proyecto Brain que plantea que algún día lograremos hackear el cerebro; Pep Guardiola que plantea que el mejor momento para innovar es cuando se va ganando; Salman Khan y las llamadas “escuelas al revés”, entre otras y otras que han revolucionado diversos sectores en los últimos años.  

Lo cierto es que la gran conclusión a la que llegan todos es que para innovar se requiere un ecosistema, el cual para que exista debe haber educación de calidad, empresas y universidades que inviertan en educación y desarrollo de nuevos productos, centros de estudios globalizados que atraigan talentos de todos lados, una interacción permanente entre empresas y universidades, un ambiente económico que propicie las inversiones en riesgo, una legislación que aliente la creación de nuevas empresas, y una concentración de mentes creativas misma ciudad.

Pero el factor clave, el más importante, es fomentar una cultura de la tolerancia social al fracaso individual, no señalar, ni estigmatizar a quien intenta revolucionar y no lo logra a la primera, como decía Winston Churchill: “el éxito es el resultado de ir de fracaso en fracaso, sin perder el entusiasmo”.

Posdata 1: Otra vez el Senador por Nuevo León, Samuel García, dio la nota en redes sociales. Durante la madrugada del martes 25 de agosto publicó un duro posicionamiento, contra su partido y contra su ex mejor amigo, Luis Donaldo Colosio Jr., una vez que amaneció y brilló el sol,  aplicó la clásica: “Yo no fui, esta cuenta fue hackeada”.

Twitter: @Leobardorj

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