El Heraldo de Puebla

El peligro de armar a la sociedad

Ernesto Ordaz Moreno

“Cuando se empuña la espada, las pasiones de los hombres no tienen límites.” (Alexander Hamilton)

En los meses que han transcurrido durante la pandemia, hemos atestiguado el incremento en la violencia y el uso de las armas de fuego. La delincuencia, organizada o no, ejecuta sus ilegales actos empleando armas. La policía se percibe rebasada y la sociedad civil sufre las consecuencias ante la indefensión.

Ante estas circunstancias, el ciudadano de a pie anhela la posibilidad de defenderse contra las agresiones no sólo en su casa sino al transitar libremente. Al respecto, resulta válido cuestionar si las personas podemos tener armas para mayor seguridad.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, como siempre, tiene la respuesta, ya que en su artículo 10 dispone que los habitantes tenemos derecho a poseer armas en nuestro domicilio, para seguridad y legítima defensa, pero no cualquier arma, sólo aquellas permitidas en la Ley y que no sean reservadas a las fuerzas armadas del Estado. Lo anterior implica que el arma no puede salir de nuestro domicilio. Asimismo, la norma constitucional permite que algunas personas puedan portarlas, siempre que tengan la autorización del gobierno. 

En ese sentido, el monopolio de la comercialización de armas de fuego la detenta el gobierno. Antes de 1970, existían negocios que comercializaban armas, con la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, vigente, la venta de armas es función exclusiva del Gobierno.

¿Es prudente que el ciudadano común pueda poseer y portar armas como medida para reducir el riesgo de enfrentarse a la delincuencia armada? La respuesta es NO.

A pesar de que la industria armamentista representa un negocio próspero y creciente en sus ventas año con año, especialmente, incrementan sus ganancias en momentos en que la emoción social es de miedo o incertidumbre, la libertad que añora el ciudadano común para adquirir armas no tendría ningún beneficio para reducir los índices de violencia, la experiencia y los índices así lo indican. En principio, porque el crimen adquiere de los países productores, las armas que necesitan para sus actividades y no hay nada, aparentemente, en el corto e inmediato plazo, que pueda impedirlo. Además, porque la población en general requeriría de una capacitación o adiestramiento especial para que sepa cómo manejar un arma, independiente, al estudio psicológico y preparación especial para su portación.

Las armas son un símbolo de violencia y lo único que generaría su venta libre es incrementarla. La inseguridad debe ser enfrentada desde diversos factores como es un programa de educación para preparar a las juventudes en los ámbitos novedosos de los negocios, oportunidades económicas y laborales, acciones fiscales para incrementar la inversión y las incursiones en nuevos negocios, reducir la impunidad, la desigualdad, ser más inclusivos y procurar extender la clase media, sosteniendo a la clase acaudalada y reduciendo las clases socioeconómicas con acceso a niveles de dinero restringidas preparándolos, dándoles oportunidades para ser prósperos.

Si bien existe una clara definición entre los Estados para mantener la frase de Flavio Vegencio Renato: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”, lo cierto es que resulta una urgente necesidad para atender el problema de la gran cantidad de armas de fuego que están en territorio nacional en manos de la delincuencia y de ciudadanos que carecen de la más mínima preparación para su posesión.

Las armas deben mantenerse para cuidar de nuestro país y sólo para las fuerzas armadas, tanto los ejércitos como para las policías, son un último recurso, de uso extraordinario, no para respuestas cotidianas. Las armas se emplearon para obtener la independencia, pero son las leyes, el Estado de Derecho Constitucional, la educación, el buen desarrollo de cada persona en colectividad y la impunidad lo que nos permitirá vivir y ejercer el Derecho Humano a la libertad.

Lejos de incrementar la violencia, se debe buscar la paz y la armonía en nuestra sociedad. Claro, llevamos varias generaciones que han crecido sin la debida atención y sumergidos en violencia. Se vive y enseña lo que se conoce, pero, por supuesto, la violencia no se reducirá con abrazos ni consentimientos, sino aplicando el derecho y las leyes, castigando a quienes corrompan nuestras reglas, a quien se aproveche de su posición y le quite al pueblo lo que le pertenece. Recordemos que aquella sociedad que no conoce su historia está condenada a repetir sus mismos errores. “La paz no es la ausencia de guerra, es una virtud, un estado de la mente, una disposición a la benevolencia, la confianza y la justicia” (Baruch Spinoza).

Reflexionemos y hagamos todo lo necesario para reducir el uso de las armas de fuego y de la violencia, urge que se tomen medidas por parte del gobierno y de la sociedad civil, formulemos una mejor sociedad para nuestros hijos y descendientes. Las armas son medios, el problema es la persona que las utiliza para hacer daño. México merece ser un lugar al que todos los ciudadanos del mundo aspiren vivir. Lo tenemos todo. ¡Hagámoslo una realidad! ¿O debemos esperar a que nos aniquilemos?

Foto: Freepik

@ernestordaz

Lo más visto

Quizá te interese

Palabra de tigre

¿El Presidente de todos los Mexicanos?

En tiempo real

El COVID-19 cambió todo

Share on twitter
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email
Share on twitter
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email
Share on twitter
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email
error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: