El Heraldo de Puebla

Movilidad y libertad en tiempos de COVID

Ernesto Ordaz Moreno

“La actividad más importante que un ser humano puede lograr es aprender para entender, porque entender es ser libre” (Baruch Spinoza)

La situación que atraviesa nuestra sociedad es complicada. Históricamente, se observan episodios similares de manera cíclica, ello es así porque no hay nada nuevo bajo el sol, afirmación que se centra en la premisa de que el ser humano sigue siendo el mismo, en su naturaleza o particularidades, lo único que ha modificado su conducta es la tecnología. En la persona, se observan emociones, unas positivas, otras negativas, inherentes a su esencia y por ello, se puede afirmar que sus necesidades son iguales, unas orgánicas, otras afectivas, intelectuales y sociales. En conclusión, la raza humana sigue siendo la misma y por ello, sus problemas siguen repitiéndose.

En esa tesitura, la sociedad en su conjunto debe proteger al individuo, como una parte del todo y así, se entienden los Derechos Humanos, pues se protege aquello que es bueno para el sujeto, primordialmente, se garantiza la vida, la libertad, la igualdad, y otros derechos que ahora están regulados por la sociedad en normas jurídicas.

En nuestro país, la libertad es un valor prioritario y, si bien, no es absoluta, los mexicanos nos sentimos orgullosos de vivir libremente, por lo que cualquier persona tiene derecho a ingresar en la República, salir de ella, viajar por su territorio o mudar su residencia, sin necesidad de cumplir mayores requisitos que los previstos en las leyes respectivas para emigración, inmigración y salubridad general (artículo 11 de la Constitución General de la República).

Así, a pesar de las exigencias propias para disminuir el contagio del virus SARS COV2, las autoridades gubernamentales apostaron por desatender las normas constitucionales previstas en la Constitución General de la República vinculadas con la limitación de Derechos Humanos, pues de una manera inapropiada las autoridades locales pretendieron limitar la libertad de tránsito o movilidad en las personas; cierto que hubo decretos donde se pidió quedarse en casa, pero esa sugerencia, no era posible atento a que los Derechos Humanos sólo pueden limitarse o restringirse con base en el artículo 29 de la propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es decir, esta situación extraordinaria debe encontrarse debidamente fundada y motivada, lo que conlleva a que la autoridad debió prever ventajas y desventajas, puesto que la mayoría de los mexicanos viven en pobreza, en la economía informal.

Las políticas adoptadas por el gobierno actual y nuestra idiosincrasia han provocado que los contagios estén lejos de verse disminuidos y existirán, desafortunadamente, aún más fallecimientos, lo cual son hechos lamentables. En el futuro, podremos cuestionar o avalar el éxito o fracaso de dichas medidas. Mientras tanto, resulta obligatorio sugerir cumplir las indicaciones de salud como lavarse las manos, usar un cubrebocas que tape la nariz y boca, así como mantener una sana distancia de, por lo menos, metro y medio de cercanía.

En un breve reflejo de las estadísticas en relación con la pandemia, México, uno de los diez países más poblados del mundo, ocupa un tercer lugar en decesos, cuarto en contagios por millón de habitantes y tercero en letalidad; considerando que todavía habrá más datos que engrosarán los recuentos. ¿Por qué las cifras tan elevadas? Sobre todo, considerando que las noticias vinieron con antelación a la llegada del virus a nuestro suelo nacional y, que culturalmente, existen diversos dichos populares como: “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”, luego, ¿por qué fallaron la prudencia y la prevención? Aunado a lo anterior, se generó una crisis económica que ha provocado tanto daño como el virus mismo. Es muy triste observar la gran cantidad de negocios que se vieron en la necesidad de cerrar, el número de letreros de “Se renta” o “Se Vende”.

La respuesta, si bien es compleja y multidisciplinaria, se relaciona con la falta de educación en los habitantes nacionales. La gran mayoría de nosotros carecemos de la educación, preparación o adiestramiento necesario para enfrentar las circunstancias que existen en el mundo entero y en nuestro país. Vivimos en un círculo vicioso que, para superar, se requiere más que un discurso hipócrita sobre la corrupción y la impunidad, cuando nadie obedece las leyes vigentes, ni las normas constitucionales y, los grupos en el poder modifican con facilidad las existentes para ajustarlas a sus necesidades. Entonces, se observa que la ambición de poder y riqueza de unos cuantos prevalece sobre las mayorías, pues, se aplica indebidamente la frase “el fin justifica los medios”.

En la obra El Príncipe se lee lo siguiente: “En las acciones de los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no hay apelación posible, se atiende a los resultados. Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en el mundo sólo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse.”

De esta breve lectura de Maquiavelo, debemos encontrar que para evitar que la mayoría sea engañada por las apariencias, por el éxito o por los discursos vacíos de contenido, debe ser educada, preparada, instruida para que pueda emplear la razón y el entendimiento a efecto de analizar las razones de las políticas de los gobernantes y participar democráticamente en las decisiones de Estado. Saber para ser libres. Mientras eso no exista, nosotros el pueblo, seremos manipulables. Y no habrá participación democrática propiamente dicha, aunque voten.

Las autoridades deben gobernar para todos, procurar sacar de la pobreza a la mayoría, ampliar la clase emprendedora y sostener a la clase privilegiada. Las políticas y sus discursos deben unificar a los mexicanos, sin distinción, proyectando oportunidades para un futuro próximo, con programas viables, estructurados y sustentados, que generen beneficios para la sociedad. Gobernar con justicia pues “… La justicia es la reina de las virtudes republicanas y con ella se sostiene la igualdad y la libertad…” (Simón Bolívar). ¡Reclamen libertad para saber, pensar, creer y actuar! (John Milton) pues de qué sirve hablar que vivimos en libertad si somos esclavos de nuestras circunstancias y seguimos hipnotizados por el canto de las sirenas, cuando lo que verdaderamente anhelamos es ser libres e iguales. Y tú, ¿anhelas libertad o estás a gusto con tu esclavitud?

@ernestordaz

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