El Heraldo de Puebla

Igualdad sin privilegios, ni prerrogativas

Ernesto Ordaz Moreno

“La igualdad tal vez sea un derecho, pero no hay poder humano que alcance jamás a convertirla en hecho.” (Honoré de Balzac)

En nuestro país, se vive el verdadero sueño americano. Olvídense de los Estados Unidos de Norteamérica como la tierra de oportunidades y el lema de que todos son libre e iguales. Nuestro México permite y garantiza todo eso y más, pues aquí se respeta el principio fundamental de igualdad, de libertad, de respeto a los Derechos Humanos, en especial, el contenido del artículo 12 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que a la letra se lee: “… no se concederán títulos de nobleza, ni prerrogativas y honores hereditarios, ni se dará efecto alguno a los otorgados por cualquier otro país.”

Todas las personas anhelamos en la vida ser prósperos y tener éxito, ascender en la vida social, por ello luchamos por nuestros Derechos, por la igualdad de oportunidades, por la libertad y ansiamos la famosa “democracia”, pues con estos elementos podemos lograr dichos deseos.

En el siglo pasado, se enseñaba que el trabajo duro y arduo permitía que, con el tiempo y una buena educación o preparación, se lograba obtener mejores ganancias y escalar en los estratos. Sin embargo, desde siempre han existido personas con habilidades extraordinarias u ordinarias que entienden las circunstancias del momento y aprovechan para recortar tiempos y lograr sus sueños personales saltándose las reglas previamente establecidas (incluso las no escritas). Ahora, las tecnologías, permiten que existan más personas que con mayor rapidez alcancen sus metas, rompiendo o abalanzándose sobre sus objetivos, pues se han percatado que, a diferencia de siglos pasados, no es la nobleza, ni la cuna ni las prerrogativas o privilegios ni los honores heredados, lo que les permitirá obtener prosperidad o éxitos.

En la historia de la humanidad siempre se han protegido a ciertas personas, a quienes se les facilita el acceso a la cima, sea por la familia o por el origen o roce social o el acceso a ciertas personas o por favores de dudosa procedencia. En efecto, la sociedad siempre ha generado diferencias en las personas, y aunque en nuestra nación no hay títulos de nobleza ni prerrogativas y honores hereditarios, lo cierto es que “cuna es destino”; algunos grupos protegen a los suyos para facilitarles el acceso a la prosperidad y éxito económico.

Entonces, si bien legalmente existe la disposición normativa de igualdad, buscando que exista piso parejo para todos, en los hechos, si se reconoce que hay diferencias y ventajas para ciertos grupos o ciertos individuos, pues se protegen los intereses económicos que existen en los negocios, en las empresas generadoras de riqueza. La nobleza se identificaba con una clase social privilegiada, misma que a pesar de los años todavía persiste en algunos países extranjeros, primordialmente en Europa. El hecho de pertenecer a una clase privilegiada consiste en la facilidad de oportunidad para generar negocios florecientes o para acceder al poder político.

En nuestro país, existe una amplia facilidad para acceder a las fuentes de riqueza, para ser próspero y exitoso, la estructura social lo permite, sólo se requiere o nacer en una familia “privilegiada”, o tener facilidad al acceso al dinero o realizar actos de corrupción que generen dinero, pues este poderoso caballero gestiona el favor de la impunidad y atrae la reproducción de más dinero. Luego, el pecado de un mexicano es ser pobre.

En esa tesitura, el éxito de la política gubernamental de pretender erradicar la corrupción, pues el grueso de la población, que vivimos al día, estamos hartos de que existan “privilegios” para ciertas personas a pesar de que no estén capacitadas o carezcan de los elementos necesarios para desempeñar cierta función. Aplaudo y reconozco a quienes teniendo todas las posibilidades económicas preparan a sus hijos para ser mejores que sus antecesores.

Desafortunadamente, mientras se permita y se felicite a quienes con ilicitudes acumulan grandes cantidades de dinero y se consienta que con el dinero adquieran posiciones sociales, políticas o de cualquier otra índole, se envía el mensaje erróneo de que con dinero se compra todo, hasta el perdón, y que hay diferencias, privilegios, prerrogativas en las personas, pues se compran, lo cual, en el fondo, trastoca el derecho humano de igualdad, pues promueven la existencia de grupos privilegiados, quienes se encuentran fuera del control de la ley.

Firmemente creo, por ello insisto, en que la educación y preparación tanto en las ciencias como en valores de los niños y jóvenes, hará que tengamos una mejor sociedad, que adquiramos mayores equilibrios, pues “No hay otra nobleza que la de la virtud, el saber, el patriotismo y la caridad” (José María Morelos y Pavón). Busquemos una mejor sociedad, más equilibrada con acceso a funciones según la capacidad intelectiva y a su inteligencia emocional. O, acaso, ¿consideras que el único momento de igualdad se produce al momento de nacer, para después vivir la desigualdad? Te invito a reflexionar sobre el hecho de alejarnos del culto al dinero y fortalecer una ética social para que nuestra entidad sea, no sólo un ejemplo en el respeto a la libertad, igualdad y los Derechos Humanos, sino una tierra de oportunidades y éxitos: personales y de la comunidad. ¡Ánimo!

@ernestordaz

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