El respaldo directo del Papa Francisco de la unión civil entre personas del mismo sexo representa un cambio de la perspectiva de sus predecesores, así como de su propia actitud más circunspecta sobre este tema en el pasado. En 2010, cuando era Arzobispo de Buenos Aires, el Pontífice se opuso a los esfuerzos de legalizar el mal llamado “matrimonio” homosexual, más en línea con la posición oficial del Vaticano.
De las condenas de Pío V (1504-1572), con la infame bula en la que se acusaba a los “sodomitas” de ser el mal del mundo, la Iglesia ha ido suavizando su posición sobre los homosexuales aunque formalmente mantuvo la postura de la tradición.
Desde el punto de vista doctrinal, cualquier tipo de unión o convivencia entre homosexuales no es legítima dentro de la comunidad católica; incluso si muchas naciones con una población mayoritaria católica han legitimado las uniones de facto incluso entre homosexuales y, en algunos casos, incluso el matrimonio.

En particular, no se acepta el reconocimiento civil de estas uniones que prevé derechos como la participación en la herencia y la reversibilidad de la pensión en caso de fallecimiento de la pareja, ya que implica la extensión de derechos y protecciones que el Estado ya reconoce a parejas heterosexuales casadas.
A través del órgano de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la Iglesia Católica ha ofrecido múltiples indicaciones sobre el reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales. En 1992 el ministerio dirigido por el entonces cardenal Joseph Ratzinger estableció que “no existe el derecho a la homosexualidad, por lo que no debería constituir la base de las reclamaciones judiciales”.
En 2003, Ratzinger reiteró que “el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad”.
A finales de 2008, el observador permanente de la Santa Sede en Naciones Unidas Celestino Migliore se pronunció en contra de un proyecto de declaración propuesto por Francia en nombre de la Unión Europea para exigir la despenalización universal de la homosexualidad y la promoción de la identidad de género, cuestionando que la despenalización también allanaría el camino para la condena, como “discriminatoria”, de aquellos países que niegan matrimonio homosexual, introduciendo así una “discriminación nueva e implacable”. En 2011, la Iglesia también expresó un fuerte desacuerdo con la inclusión de la orientación sexual y la identidad de género entre los derechos humanos, como aprobado por la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Con información de Infobae
Portada y Foto: RTVE









