Ernesto Ordaz Moreno
“Como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda” (Joseph Antoine René Joubert)
En el mes de noviembre de este año comienza el proceso electoral mediante el cual se renovará la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y diversos cargos de elección popular en los treinta y dos estados del país. Todo este proceso es organizado por el Instituto Nacional Electoral (INE) así como por los Organismos Públicos Local Electoral de cada entidad federativa (OPLES) y tendrá su día cúspide el seis de junio de dos mil veintiuno para concluir con la declaración de validez y entrega de constancias de mayoría, así como la distribución de las diputaciones de representación proporcional, prolongándose un poco más para el caso de que se impugnen los resultados electorales, pues en ese caso, la terminación será hasta la resolución de los medios de impugnación interpuestos ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Y, ¿por qué hay elecciones? La razón de elegir periódicamente a los gobernantes es un derecho y una obligación. El pueblo de México es soberano y todo poder público dimana de él para ser instituido en su beneficio, así que, por su voluntad, se constituyó una República representativa, democrática, laica y federal; ejerciendo su soberanía a través de los Poderes de la Unión, que para su ejercicio se divide en Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Ahora bien, la renovación del Legislativo y Ejecutivo es mediante elecciones libres, auténticas y periódicas; al efecto, se llevan a cabo elecciones en la que cada ciudadano otorga su voto o sufragio universal, libre, secreto y directo, atendiendo a que somos una República representativa y democrática.
La libertad e igualdad, como derechos humanos, otorgan a los ciudadanos una gran responsabilidad, reconocida como derecho y obligación a votar, es decir, a participar en los asuntos públicos, de gobierno, a través de la elección de quienes desempeñarán esas funciones para vivir en la democracia prevista en nuestra Constitución General de la República considerándola “… no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo…” (artículo 3º de la Constitución General de la República), para obtener una mejor convivencia, respetando la naturaleza y la diversidad, eliminando privilegios, siendo fraternos, iguales en derechos.
Ahí radica la importancia y trascendencia de participar en las elecciones y votar. “El voto es el sagrado ejercicio del poder ciudadano” (María Corina Machado) e implica una gran responsabilidad, no sólo se trata de asistir el día 6 de junio de 2021 a marcar una boleta, sino de estar informado, escuchar y analizar las distintas propuestas para decidir por las mejores opciones.
En efecto, durante el proceso electoral, que tendrá una duración de 60 días más las precampañas que duran 40 días, los candidatos y partidos políticos, promueven la participación de los ciudadanos para votar, fomentan el principio de paridad de género, postulan sus programas, principios e ideas; promesas u ofertas de campaña y toda una mercadotecnia sofisticada para convencer a cada persona de que cierto candidato es la mejor opción; luego, se trata de procesar enormes cantidades de información para el ciudadano.
Por su parte, los partidos políticos y los candidatos independientes también tienen una gran responsabilidad. Los partidos nuevos no sólo deben obtener el 3% del total de la votación válida emitida para conservar el registro sino de cambiar las malas expectativas que guardan en la memoria los electores, pues deben motivarlos a participar en la política, en las elecciones, escuchando sus necesidades y ofreciendo candidatos adecuados que no sólo ganen elecciones, sino que tengan conocimientos para gobernar, así como programas de acción que resuelvan con eficacia las problemáticas planteadas.
Se inicia el proceso electoral más grande y complejo de la historia política nacional. Las circunstancias son diferentes, se han superado muchos obstáculos para gozar de este privilegio. Ahora, el voto femenino será crucial y se observa, con júbilo, una mayor participación femenina con responsabilidad cívica.
La complejidad electoral inherente a las nuevas tecnologías de la información debe ser neutralizada con una mayor educación y capacitación política o política-electoral. La política se ha ciudadanizado, pues es demasiado seria para dejarla sólo en manos de políticos (Charles DeGaulle). Los actores políticos deberán cumplir los requisitos previstos en las leyes de la materia, pero el propósito es que se tenga igualdad de condiciones para que las propuestas mejores prevalezcan, se trata pues, de “alejar el sufragio de la ignorancia y de la miseria” (Juan Bautista Alberdi) para que, con plena conciencia, discernimiento, deliberación y responsabilidad, se escoja la mejor forma de gobierno. Las elecciones no son más que una pequeña parte de la política (Noam Chomsky).
Así, atentamente se invita a todos los ciudadanos a participar en política, actuar en la democracia, elegir las mejores opciones con conocimiento, con razón, para poder exigir a quienes gobiernan el cumplimiento de su función, que respeten el orden jurídico, resuelvan las problemáticas del pueblo y proyecten a futuro una mejor vida nacional. Todas las personas somos, por naturaleza, políticos (Zoon Politikón de Aristóteles). “La política debería ser la profesión a tiempo parcial de todo ciudadano” (Dwight D. Eisenhower). Tengamos responsabilidad electoral como ciudadanos. ¡Participa! Para que no te quejes.










