Miguel Ángel Martínez Barradas
El individuo contemporáneo no aprecia la vida, la malgasta viendo el televisor, discutiendo con desconocidos en internet, opinando de todo sin saber de nada a causa de su desinterés por educarse. El individuo contemporáneo culpa a todos de su desgracia sin considerar, siquiera, que la fuente de sus desgracias podría ser él mismo. El individuo contemporáneo desprecia la vida propia y ajena, y si lo que hace cotidianamente tiene algún sentido, éste no va más allá de una naturaleza perecedera y banal. El individuo contemporáneo es semejante a la escoria.
Del trabajo a la casa, de la casa al televisor, del televisor al sueño y del sueño a la mañana que habrá de conducirlo de nuevo al trabajo; así, por los siglos de los siglos. ¿Es que, acaso, este individuo contemporáneo no se da cuenta de que aquello que llama felicidad no es más que un espejismo? El problema de hoy no es sólo que vivamos en la ignorancia, sino que, además, dentro de una ola de violencia que no sólo ha logrado normalizarse, sino, también, convertirse en ideal. “Tengo derecho a…”, “Soy libre de…” son las consignas que grita el individuo contemporáneo sin saber lo que es el derecho ni la libertad, pues confunde al primero con “voluntad” y al segundo con “imposición”. Las vidas contemporáneas, si son mediocres, es porque carecen de sentido.
De entre las grandes atrocidades del siglo pasado, podría ser la Segunda Guerra Mundial la que ocupa uno de los primeros lugares en la escala de la vergüenza humana. No se trató, de ninguna manera, de una lucha entre países buenos contra malos, sino de un enfrentamiento en el que la calidad moral de todos los dirigentes políticos y militares que participaron era dudosa. Las atrocidades de esta guerra ocurrieron en cuantiosas naciones, pero son las realizadas por los nazis, por la magnitud del número de sus prisioneros, las más referidas. Anónimos y famosos, acaudalados y pobres, religiosos y ateos, no importa, todos eran candidatos a los campos de concentración de la Alemania Nacional Socialista, y de entre los incontables individuos que sobrevivieron a los pabellones y cámaras de gas, es el psicoterapeuta Viktor Frankl en el que por ahora centraremos nuestra atención, así como en su obra “El hombre en busca de sentido”.
El individuo contemporáneo se lamenta todos los días porque no puede salir a los cines, porque debe de permanecer en su hogar a causa de la pandemia, porque sus redes sociales virtuales se han tornado aburridas, pero ni así deja de verlas una y otra vez, como también lo hace con su refrigerador que abre y cierra repetidas veces porque no sabe qué elegir para comer. El individuo contemporáneo no tiene memoria porque sólo se preocupa de sí mismo, y busca llenar su ausencia de sentido vital con drogas de toda clase. Viktor Frankl no tuvo la misma suerte durante su confinamiento, el cual ocurrió en diferentes campos de concentración nazis en los que fue recluido por profesar el judaísmo. Se alimentó durante años con una pieza de pan y un litro de sopa al día, durmió en una litera que compartía con doce hombres más y en un pabellón para doscientas personas que era habitado por mil doscientas (el individuo contemporáneo debería de sentirse avergonzado ahora). Frankl sobrevivió a los campos de concentración, pero no tuvieron la misma suerte su esposa, ni sus padres, ni sus amigos. Regresó al mundo con su libertad, sí, pero solo. Buscando dar un sentido a su vida, escribió la obra anteriormente mencionada y de la que se extraen las siguientes ideas:
«Vivir es sufrir; sobrevivir es hallarle sentido al sufrimiento. Yo no podía hacer otra cosa que dejar que las cosas siguieran su curso. Lo único que poseíamos era nuestra existencia desnuda. Si queremos mantenernos vivos, me decía a mí mismo, sólo hay un medio: aplicarnos a nuestro trabajo. Ninguna pesadilla, por horrible que fuera, podía ser tan mala como la realidad del campo que nos rodeaba, y en el que supe que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. La salvación está en el amor. El buen humor es siempre algo envidiable, puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación. Aún en un campo de concentración es posible practicar el arte de vivir, aunque el sufrimiento sea omnipresente. Si tenía que morir, siquiera podía darle algún sentido a mi muerte.
«Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la libertad de su actitud ante las circunstancias. Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito. La libertad es poder decidir. Renunciar a decidir es perder la libertad. Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. No importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. ¿Qué es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Nuestra generación es realista, pues hemos llegado a saber lo que realmente es el hombre. Después de todo, el hombre es ese ser que ha inventado las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shema Yisrael en sus labios».
La vida por sí misma carece de sentido, y si habremos de dotarla de alguno será en relación con la actitud que asumamos para decidir cómo hacerle frente al inevitable dolor que siempre nos acecha. Creación, gozo y sufrimiento, dice Frankl, dependen de nuestra actitud. ¿Somos hoy consecuentes con lo que en antaño soñamos? ¿Hacia dónde estamos encaminando nuestros pasos? ¿Somos realmente felices en esta ignorancia complaciente? ¿Acaso para que el individuo contemporáneo aprecie la vida es necesario otro Auschwitz? ¡Qué el máximo bien posible nos libre de tal tormento!, sin embargo, es innegable que todos hemos sentido, en algún momento, que no sólo nuestra vida carece de sentido, sino todo el mundo al unísono. Pero no busquemos este sentido ulterior por ahora, baste mejor que corrijamos nuestra actitud y hallemos en ella la fuerza para hacer frente a la única verdad: que se nace para sufrir y luego morir.










