Ernesto Ordaz Moreno
“En el pasado, aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre, acabaron dentro de él” (John F. Kennedy)
La modernidad y sus implicaciones; lo vertiginoso de la información, todo ello ha provocado que se aumente la brecha entre la inocencia de unos y la experiencia, casi perversidad, de otros. De ahí la trascendencia de regular las conductas abusivas y las pasivas que se observan día con día en las personas, circunstancia comprobable en los juzgados ya que hay cientos de juicios por abusos de una parte frente a la inocencia o sobrada confianza de otros, lo que nos recuerda la frase “Inocente palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en este día, nada se puede prestar”.
El mito, que aún persiste, y la celebración de los santos inocentes, refiriéndose a una cruel matanza de infantes para eliminar un posible ascenso de un sucesor en el poder, sigue más vigente que nunca, ya que la humanidad respira inocencia, así como pequeños cotos de gran experiencia y sabiduría, que acumulan riqueza y poder, oprimiendo estos a aquellos. Claro está, la inocencia se entiende como carencia de culpabilidad, de maldad, falta de experiencia, ignorancia, o incapacidad. La inocencia es un grado de responsabilidad (Stieg Larsson).
Al pueblo bueno se le considera inocente, por su falta de conocimiento, de experiencia y capacidad de discernir, por ello hay que guiarlo y defenderlo ante los grupos que han acumulado poder y sólo quieren mantenerlos en la opresión e ignorancia.
En ese sentido, ¿por qué siempre los grupos que alcanzan el poder fracasan en su objeto de quitarle al pueblo el carácter de inocente? Al menos en México, todos quienes han tenido la oportunidad de sacar del analfabetismo funcional y la dominación a la sociedad vieron truncados sus buenas intenciones y sólo quedaron discursos con frases vacías, pues la realidad inocente sigue persistiendo. Tal parece que existe una fuerza poderosa que mantiene sancionados a los individuos que buscan la luz del saber, un odio a los Prometeos o el alejar el fruto prohibido del árbol del conocimiento. ¿La humanidad debe recuperar su inocencia originaria?
La inocencia resulta, en nuestros tiempos, una ostentación, cuyos efectos se pagan caros (Ana María Matute). Sin embargo, las batallas para concluir la etapa de la inocencia en la humanidad permanecen, pues falta mucho por hacer, están pendientes muchas luchas más.
En esa tesitura, anhelo que los gobiernos actuales y futuros, los políticos y estadistas, induzcan un cambio de bien para las personas, es decir, promuevan políticas para que a la sociedad se le eduque con información útil, con métodos y herramientas que les permita asimilar esa información para investigar, razonar, discernir y decidir; se les enseñen virtudes humanas: responsabilidad, respeto, prudencia, templanza, justicia, fortaleza, tolerancia, empatía, lealtad, compromiso, paciencia, asertividad, dignidad, integridad, resiliencia, gratitud, generosidad, cooperación, persistente, democrático, creatividad, valentía y otras tantas más. Que les quiten la venda de los ojos para superar la edad de la inocencia.
Mientras ello no suceda, mantendremos el círculo vicioso, unos anhelarán el poder hasta conseguir el poder absoluto, conservando la corrupción, se violarán las leyes, pues “París bien vale una misa”, persistirán los inocentes a quienes se les debe de proteger y guiar, alejándolos de su derecho de decidir qué hacer con sus propias vidas, se continuará buscando la justicia y la equidad para disminuir el abuso de unos sobre otros; en fin, se extenderán las condiciones de la raza humana como hasta ahora persisten, pues la respuesta no son leyes específicas ni sanciones que atemoricen, sino es educación, preparación, conocimiento.
Hasta ese momento, seguiremos recordando a los santos inocentes, observando el abuso y la opresión de unos sobre otros, la naturaleza vil y despiadada de los lobos del hombre, pues siempre pagan las consecuencias del poder absoluto, los más inocentes. Es momento de retirarnos del lomo del tigre o acabaremos en sus fauces.










