Desde la Segunda Guerra Mundial, el mundo empresarial no se había visto afectado en tal magnitud como ha ocurrido con la pandemia ocasionada por el COVID-19.
En México, hasta el año 2000, enfrentábamos crisis económicas cada fin de sexenio, pero, en esta ocasión, la crisis es global y no solo en nuestro país.
La mayoría de los emprendedores hemos perdido algo durante la pandemia, ya sea ventas, unidades de negocio, clientes o, incluso, la misma empresa.
Es importante afrontar esa pérdida con inteligencia emocional, por lo que vale la pena vivir ‘el proceso de duelo’ de dicha pérdida.
Son seis etapas las que debemos pasar ante una pérdida. Te invito a reconocer cómo has vivido cada una de ellas durante la pandemia:
- Crisis. Es común que entremos en pánico por los efectos negativos de la pandemia en nuestro emprendimiento o en nuestra industria, hazlo de manera rápida y evita la toma de decisiones en esta etapa.
- Negación. Es una especie de ceguera emprendedora en la que no queremos ver o aceptar lo que está ocurriendo, se vale pasar por esta etapa, pero hazlo de manera ágil y con actitud madura.
- Ira. Nos enojamos y buscamos culpables con tal de descargar nuestra ira. Es normal que esto ocurra, pero como líderes emprendedores debemos asumir la responsabilidad y no buscar culpables, sino encontrar juntos soluciones viables y que atiendan al bien común.
- Depresión. Nos tiramos al piso y nos deprimimos, vemos todo negativo y no encontramos la salida a los problemas. Esta etapa es muy delicada, por lo que deberemos evitar que se prolongue.
- Aceptación. Se requiere madurez y sensatez para asimilar lo que ha ocurrido, tener claro que está en nuestras manos y que no.
- Aprendizaje. Es la etapa clave. Aquí es cuando se demuestra el espíritu de batalla del emprendedor, tomamos todos los elementos anteriores y los utilizamos para aprender y para crecer.
Lo importante de lo que nos pasa como emprendedores es lo que hacemos con todo aquello que nos pasó y se llama experiencia.
Ante los efectos de la pandemia, el emprendedor no se pregunta ‘¿Por qué a mí?’, sino ‘¿Para qué a mí?’ y, sobre todo, ‘¿Y ahora qué sigue?’.

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