Carolina Gómez Macfarland
Puedes salir a pasear en tu propia ciudad y encontrarás lugares lindos, limpios y ordenados, y de repente se pueden ver otros, sucios, destruidos o abandonados. Y regularmente se escucha la expresión: “la gente no cuida, todo lo destruye”.
“La gente”, un término muy general, donde no se sabe a quién se incluye. Y por otro lado, un juicio tremendamente parcial y aventurado.
La pregunta que podría caber ahora es ¿merezco un lugar digno para vivir? Un lugar, donde sea que yo viva, transite y me desarrolle. Mi casa, mi lugar de trabajo, mi calle, mi ciudad.
El ser humano desde que es concebido, es digno de ser amado y respetado como el mejor. Dotado de todas las herramientas para resolver cualquier tipo de problema, y mucho más allá de tener la capacidad de adaptarse y sobrevivir como cualquier otra especie, vivir dignamente.
Sin embargo, qué hace la diferencia entre quienes tienen esto claro y quienes ignoran todo aquello que merecen.
Una autoestima fuerte, una conciencia de dignidad clara, una conciencia de que se posee todo, y de que tras un trabajo permanente se puede llegar a ser y tener lo que uno tanto anhela.
Pero, ¿qué es la autoestima? Algo se sabe, se escucha por ahí, que es tener claro, lo que somos y merecemos. Sin embargo, no terminamos a veces de aclarar el concepto. Pues no se trata de estar peleando todo el día mientras exigimos nuestros derechos, porque a veces tampoco sabemos cuáles son, o cuáles son nuestras obligaciones. Por eso es importante saber bien lo que una autoestima fuerte y equilibrada significa.
La autoestima es la percepción que se tiene de uno mismo. Un conjunto de pensamientos y creencias relacionados con nuestra propia persona, con nuestra valía, con nuestras habilidades o limitaciones. Qué tan bueno o malo es el concepto que tengo de mí mismo, hace la diferencia entre cada persona y su forma de vivir. De este concepto, dependerán las decisiones y acciones que se tomen cada día, en cualquier ámbito en el que un ser humano se desenvuelva y en cada rol que desempeñe: como hijo, padre, hermano, amigo, vecino, compañero o como ciudadano. Si la autoestima es buena o suficiente, una persona cuidará de sí mismo por el valor que se reconoce y en consecuencia, cuidará del “otro”.
Sin embargo, si bien es cierto que ciudadanos conscientes y fortalecidos cuidarán el lugar donde viven, también es real, que, si su entorno se mantiene ordenado y sus necesidades cubiertas, ya sea calles o lugares públicos bien cuidados y servicios cubiertos, este comportamiento proactivo y comprometido, se mantendrá.
Entonces, qué hacer primero, fortalecer la autoestima del ciudadano, o mejorar su entorno para que una nación se convierta en un lugar digno y un orgullo para sus habitantes.
Ambas cosas son importantes. Ambos temas deben llevarse a cabo.
Pero, que un líder sepa, tenga claro y se comprometa con la idea de que su nación es valiosa y merecedora de lo mejor, siempre será indispensable y el punto de inicio del cambio que todos esperamos.
Y no se trata solo de estética, se trata de contemplar la idea de que, en el momento en que un lugar mejora, lo hace también la autoestima de quien lo habita y disfruta, provocando una reacción en cadena muy clara. Pues permite hacer un análisis personal de lo que se es, lo que uno merece y lo que podemos hacer. Y así, en el trabajo se cuidarán los detalles, se harán propuestas, se mejorarán las relaciones familiares y la crianza de los hijos, y por lo tanto, una notable mejora en el comportamiento cívico de cada ciudadano, de cada ser humano que forma parte de una cultura.
Por eso, no hay que pensarle mucho. Dinero hay, y de sobra. Solo faltan buenas estrategias sociales, dirigiendo la mirada hacia la inversión permanente de los detalles en cada rincón de una nación, y en la salud mental de cada ciudadano.
¿Quieren inversión extranjera? ¿Quieren buenos proyectos? ¿Quieren elevados niveles de vida? ¿Calidad en la educación? ¿Estudiantes bien preparados? ¿ciudadanos comprometidos?
Todo comienza con recordar a cada individuo, lo mucho que vale y lo mucho que su presencia, ideas, compromiso y trabajo, representan para su nación.
Y si al voltear la mirada, en una caminata, o en el trayecto a nuestro destino, observamos orden, limpieza, funcionalidad y efectividad, recordaremos que en verdad somos merecedores de lo mejor y será una garantía que en menos tiempo del que imaginamos, aumentará considerablemente la autoestima y compromiso de cada individuo.
El ser humano necesita sentirse y vivirse digno de recibir cosas buenas, porque para culpas y castigos, venganzas y dolor, ya hemos tenido mucho.
Y RECUERDEN, TODO SALDRÁ BIEN AL FINAL, Y SI LAS COSAS NO ESTÁN BIEN, ENTONCES, TODAVÍA NO ES EL FINAL.










