Ernesto Ordaz Moreno
“Difícil es caminar en un extraño lugar en donde el hambre se ve… Gran circo es esta ciudad, Un alto, un siga, un alto…” (Adrián Navarro y otros. Maldita Vecindad)
En estos tiempos difíciles, intensificados por la pandemia de principios de siglo, SARS-COV19, hemos observado la inmensa cantidad de temas que, como sociedad, nos hace falta arreglar e incluso mejorar. La sociedad consideró oportuno, en su momento, concentrar la economía y a los grupos sociales en ciudades, las cuales crecieron e incluso se transformaron en megalópolis, con grandes concentraciones de personas y riqueza. En nuestro país, se observó el fenómeno de la migración del campo a la ciudad.
Ahora, vivir en ciudades altamente pobladas parece no ser la mejor manera para habitar. Sobrevivir en las ciudades nunca ha sido fácil, pues es un hábitat muy peculiar.
Las circunstancias recientes generaron una gran crisis que ha despejado la realidad de nuestra salud, de nuestra sociedad y de nuestra economía. La falta de empleos y de oportunidades para obtener dinero lícitamente provocará un efecto devastador en las ciudades, más que en las áreas rurales. La clase trabajadora y la clase emprendedora han sufrido o las disminuciones de sus sueldos a los mínimos legales, los despidos y los cierres de sus pequeñas o medianas empresas. Definitivamente, debe hacerse algo con urgencia para resolver esta crisis; diversos planes de acción deberán ponerse en ejercicio para rescatar esa parte de la economía o se incrementará aún más la pobreza existente en el país.
Y es exactamente este sector, el de pobreza, que requiere de atención inmediata. En las ciudades hay grandes sectores de la sociedad que viven en pobreza. Si, sobrevivir en la ciudad no es fácil, hacerlo sin apoyos, sin dinero, sin habilidades, sin preparación de conocimientos, pues se torna un panorama aún más complejo e incluso peligroso, tan extremo como sobrevivir en la jungla, no por nada le llaman “la selva de concreto”.
En las ciudades se observa un síntoma preocupante como es la mayor frecuencia de personas en las esquinas tratando de sobrevivir, sea apelando a la caridad o una ayuda, pidiendo limosna, limpiando vidrios de los autos, removiendo el polvo de los vehículos u ofreciendo productos variados, pero todos tienen un denominador común, la economía informal y la pobreza.
Es así como la crisis económica generará el incremento de las personas en situación de calle, mayores y menores de edad, cuya pobreza, se vuelve más violenta al estar en la ciudad, pues al no contar con una preparación académica que les permita buscar otras alternativas para generar ingresos lícitos, al carecer de apoyos de otras personas, sean familia, amigos, conocidos, al no existir políticas públicas que les permitan mirar un futuro con ánimo, y al estar en contacto más personas necesitadas, serán presa fácil de la violencia, pues no encontrarán muchas alternativas viables dúctiles; y, por el contrario, se vuelve un sector social excluido, marginado, discriminado sea por la indiferencia, el rechazo o cualquier otra razón, presas de la prostitución, de la drogadicción, del crimen organizado, quienes los ocupan como productos desechables.
Los semáforos y las vías públicas serán, aún más, un circo y mercado; si bien con una gran riqueza de colores, voces y sabores, lo cierto es que vivirlo desde la pobreza, en situación de calle, resulta más que angustiante, pues el hambre, la desesperación, la pandemia, la inseguridad y la violencia acabarán con toda la “estabilidad” que podía ofrecer una ciudad.
Hay mucho por hacer. La sociedad unida debe buscar las respuestas a las distintas problemáticas, pero debemos actuar de una vez, por iniciativa propia, sin esperar a que alguien más proponga algo, cuando vean las acciones se sumarán, de lo contrario, el precio a pagar será aún más alto del que hemos pensado. Hay centenares de personas a las que se les debe apoyar para salir adelante, todos unidos: por los niños, por los adultos mayores, por quienes han perdido todo, por cada mexicano, por cada ciudadano del mundo. “El acto de bondad más pequeño vale más que la intención más grandiosa” (Oscar Wilde). Hagamos algo ya, por ellos, por ti.










