Carolina Gómez Macfarland
“¡Solo quiero saber dónde estás y qué haces, porque te amo!”
Y de nuevo el amor, y de nuevo la angustia y la ilusión por creer que entre más me busque, más me quiere.
En una sublime fantasía donde uno pretende, tras la fachada del amor, cuidar y proteger, y el otro, pretende creerle y sentirse amado, se puede llegar hasta la asfixia por una tormentosa y equivocada idea de amor.
Y aunque el amor puede doler, es necesario para vivir. Querer a alguien, compartir nuestros deseos, dar y recibir caricias y así satisfacer nuestras necesidades, es algo natural y gratificante para el ser humano.
Conocerse y crecer a través de la mirada del otro, es el objetivo de vivir en pareja.
Sentir miedo de perder al ser amado, es totalmente normal. Porque en una relación nos reconocemos y fortalecemos, le dedicamos pensamientos, espacio y sentimientos al otro. Y cuando se da una separación, todo esto debe reacomodarse, lo que representa tiempo y dolor.
Y los celos, son la manifestación clara de este temor. Pues el hombre está hecho para estar en grupo, acompañado, y de esta manera satisfacer sus necesidades fisiológicas y emocionales.
Pero más allá del temor a una pérdida, se puede vivir un pánico que sobrepasa nuestros límites.
Son los celos patológicos o la celotipia. Donde existe una exagerada preocupación por la fidelidad o lealtad de la pareja. Hay una tendencia a controlar al otro, una sensación de que se le engaña, se le miente, se le burla. Y muy lejos de disfrutar de una relación, se sufre, y esto no podría de ninguna manera llamarse amor.
Los celos, son una lastimosa y grave enfermedad que enreda a quien los siente y quien es el blanco de ellos.
Su causa principal, es la falta de tolerancia a la frustración, una necesidad imperiosa de aliviar la ansiedad que representa una posible pérdida, abandono y soledad. La tolerancia es todo aquello que representa para nosotros un espacio, herramientas que podemos utilizar para dominar nuestros miedos y para tomar distancia de todo aquello que nos abruma, algo seguro de donde asirnos y que nos permite saber qué hacer cuando una situación difícil se presente.
Los celos existen, en diferente intensidad en cada uno de nosotros, y crecerán entre menos tolerancia exista.
Cuando la historia de un individuo ha sido tormentosa, entonces habrá menos posibilidades de que su personalidad y tolerancia, se fortalezcan. Un niño puede quebrarse ante situaciones de maltrato, abuso sexual, desamparo, abandono, o la necesidad de enfrentarse a las demandas sociales o económicas a una temprana edad, cuando se supone que debería ser cuidado, protegido, alimentado y muy amado.
Por eso los celos excesivos, no pueden ser, de ninguna manera, una demostración de amor.
Porque cuando el amor duele mucho, entonces no es amor, es miedo, es dependencia, es un evidente trastorno que lastima a más de uno. A quien lo vive, y a quien desgraciadamente, es víctima de él, formándose así una relación totalmente codependiente y caótica.
La celotipia es un indicador claro de inseguridad y muy baja autoestima, y paradójicamente, después de tener tanto miedo a la pérdida del ser amado y de todos los intentos por retenerlo, terminan por alejarlo, haciendo que la profecía se cumpla.
Por lo que es importante y urgente que se pida ayuda, que se tenga claro que sí es posible disminuir el miedo, aumentar la tolerancia al dolor, la autoestima, tomar buenas decisiones y sobre todo, tener la certeza de que podemos aprender a amar y ser amados de una mejor manera.
¿O no es esto lo que necesita y de lo que es merecedor el hombre?
Evitemos sufrir por miedo, que sea el sufrimiento necesario una causa de crecimiento, un recordatorio de que el camino hacia el sentido, tiene retos y metas que cumplir para así mejorar la vida en la humanidad.
Y RECUERDEN, TODO SALDRA BIEN AL FINAL. Y SI LAS COSAS NO ESTAN BIEN, ENTONCES, TODAVÍA NO ES EL FINAL.










