Marco Alejandro Ramírez
El director David Fincher apostó por llevar a la pantalla grande un guion que su padre, Jack Fincher, escribió hace dos décadas, antes de morir a causa del cáncer. Por eso “Mank” fue un verdadero logro cinematográfico, pues Fincher buscó durante años una productora que se arriesgara a realizarlo íntegramente en blanco y negro. Hasta que Netflix, satisfecha con su trabajo con la serie Mindhunter, le dio la oportunidad de realizarla. Ahora, “Mank”, protagonizada por Gary Oldman, es la película con el mayor número de candidaturas para el Óscar 2021, con un total de diez nominaciones, entre ellas: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor y Mejor Fotografía.
La película recrea parte de la vida de Herman Mankiewicz, mejor conocido como “Mank”, un guionista de la época de oro del cine de Hollywood, comprometido a redactar un guion para un joven y exigente Orson Welles (Tom Burkes). A pesar de su alcoholismo y de un accidente automovilístico que lo tiene postrado en la cama, Mank tratará de escribir el guion de El ciudadano Kane, que, como todos saben, se convertirá a la postre, en la mejor película de la historia de la cine. De modo que Mank nos contará la historia de cómo se concibió el proceso de escritura, para lo cual Fincher nos llevará en retrospectiva y con cierta languidez a conocer otros momentos en los que veremos al protagonista convertirse en un testigo involuntario de la corrupción que impera en las grandes productoras de cine, concretamente de la MGM, cuyo director William Randolph Hearst, interpretado por Charles Dance, es un manipulador que pone el cine al servicio de políticos corruptos, en el periodo de la Gran Depresión de los Estados Unidos.
En ese sentido, se puede afirmar que «Mank» no es en realidad una carta de amor al cine de época, sino también una visión furiosa que evidencia los sucios engranajes de una industria indolente. «Mank», a través de un contundente Gary Oldman, -que el pasado 21 de marzo cumplió 63 años-, no oculta sus dotes histriónicas al expresar, mediante su personaje, el sarcasmo y desprecio que siente por la fauna que le rodea, que debe soportar más o menos estoico, mientras convive con la hija de su jefe y fragua una venganza que solo un escritor puede concebir (como un Alexei Ivánovich en El Jugador de Dostoievski).
La visión de ambos lados de la moneda, está fuertemente marcada por el contraste visual que el director de fotografía Erik Messerschmidt logra imprimir. Fincher, convocó nuevamente a Messerschmidt luego de su elegante desempeño de iluminación en Gone girl de 2016. El trabajo que realiza Messerschmidt, es impecable en cada fotograma, que tiene más bien el alcance de un pintor del claroscuro y que no escatima en presentar entradas de luz en las recámaras oscuras, pero con efecto Tyndall, transiciones, fundidos y postales casi poéticas que rememoran al legendario fotógrafo Gregg Toland, que hacía todo lo posible para que la luz fuera la verdadera protagonista en el cine. Así, Messerschmidt se perfila para ser de los pocos ganadores de los últimos años que han ganado el Óscar a Mejor Fotografía, con un trabajo en blanco y negro.
Por otra parte, Trent Reznor y Aticus Ross fueron la primera opción de Fincher para musicalizar Mank. Y es que, estos músicos, buscarán repetir la hazaña de ganar el Óscar a mejor banda sonora, que obtuvieron al lado de Fincher, con Social Network en 2011, premio que obtuvieron con relativa facilidad pues el conocimiento que este dúo posee sobre música electrónica, es enorme. Por eso Fincher los convocó también para su película sobre la hacker-gótica en La chica del dragón tatuado. Y aunque se pudiera pensar que Trent Reznor y compañía, se limitan a sonidos electrónicos y duros, como los de su icónica banda de rock industrial Nine Inch Nails; en esta ocasión, los también productores musicales recurrieron a realizar arreglos con instrumentos antiguos de big bands de la década de los 40’s, que da la impresión de ser una partitura auténtica de época auténtica.
Con este binomio, Reznor- Ross, se logró una ambientación no solo musical, sino también atmosférica y hasta psicológica que acompañará a Mank en sus vaivenes emocionales. De este modo, Trent Reznor y Atticus Ross, se sumergen exitosamente en géneros en los que no habían colaborado antes, tales como la música de bandas norteamericanas y al jazz, al grado de competir contra sí mismos, pues figuran además a Mejor banda sonora con la película animada de Pixar, Soul, que sorprendentemente también musicalizaron.
Si bien Mank es impecable visualmente y al tratarse de un filme de época, el diseño de vestuario y maquillaje son casi perfectos, haciéndonos sentir que abordamos en una máquina del tiempo, el problema de Mank es que decae en la historia, que se debe ir adivinando o asociando, y si el espectador no ha tenido la oportunidad de ver el Ciudadano Kane, sentirá muchos vacíos.
El verdadero logro de Fincher fue retratar una época sórdida con exactitud, y la miseria humana detrás de la opulencia, tal como en su momento fue El ciudadano Kane, sobre la que Borges describió, como un laberinto de vanidad que mostraba el fastuoso vacío de la vida de los norteamericana
Mank será más un proyecto entrañable para Fincher en el que hace un homenaje post mortem a su padre que también fuera guionista. El compromiso pendiente con la voluntad de su padre ha sido cumplido y eso es suficiente. Porque, como en Ciudadano Kane, el hombre que poseía la fortuna más grande del mundo, al final su felicidad, se reducía a un solo objeto; así para Fincher, ese objeto fue el guion que su padre soñó con verlo convertido en una película, alguna vez.

Maestría en Pedagogía por la Upaep
Ganador del concurso nacional de cuento histórico por la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos
Catedrático de Comunicación en la Escuela Militar de Sargentos
Profesor nivel Bachillerato
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