Por Ernesto Ordaz Moreno
“Erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia”
Nelson Mandela
La sociedad ha padecido por muchos años la pobreza. Aún cuando es bandera o discurso de los políticos, de las iglesias, de los líderes, hasta ahora, ninguno ha podido combatirla con eficiencia, lo único que hacen, en el mejor de los casos, reducirla, en porcentajes tan mínimos que la percepción es casi nula. Sin embargo, en la era moderna, las tecnologías de la información, lo vertiginoso de los cambios, la economía, la salud pública (enfermedades como el COVID) aumentan la brecha y generan mayor pobreza.
¿El Estado debe invertir y preocuparse por sacar a ciertos sectores sociales de la pobreza? En realidad, la respuesta es no. La sociedad ha permitido que el Estado, a través de sus gobernantes, adopten una posición de “buen padre de familia” y se les ha encomendado la función de sacarnos de la pobreza, sin embargo, después de tantos años de esfuerzos fallidos, la situación de pobreza permanece y cada vez es más alarmante.
Y entonces, si el Estado ha “fallado”, ahora, ¿Quién podrá ayudarnos? En efecto, el problema resulta que estamos esperando a que un héroe nos libere de nuestras problemáticas, cuando le corresponde a la misma sociedad, eliminar la pobreza de su sector. En ese sentido, a todos en la sociedad nos corresponde hacer lo necesario para reducir la pobreza e incluso, eliminarla.
En términos generales, la pobreza es percepción, pero se mide en indicadores, según el método, el número y calidad de éstos; no obstante, más o menos los podemos referir a
- ingresos
- educación
- acceso a servicios básicos como agua potable, salud, seguridad social, comunicaciones
- vivienda
- cohesión social.
En tal virtud, sabemos cuales son los temas que pueden permitir reducir la pobreza y todo, aparentemente, gira alrededor de las necesidades.
A diferencia de lo que consideraba, las necesidades están marcadas por la propia sociedad, fuera de las necesidades orgánicas de existencia, nosotros mismos determinamos las necesidades y las construimos; por ejemplo, las nuevas tecnologías provocan la necesidad de que haya técnicos en dichas materias, cuando hace cincuenta años, no era una necesidad, en el futuro próximo serán exigencias obligatorias. Ahora bien, las necesidades provocadas generan nuevos mercados y con ello, nuevas formas de ingreso, pero todo ello depende del sector de la producción.
El Estado ayuda al regular las acciones de abuso de los particulares, de los agentes de gobierno y para que tengamos un medio ambiente sano y que las inversiones estén dirigidas a mejorar la vida de la sociedad. Intentar reducir la pobreza con programas en donde se regale a ciertos sectores dinero, sin hacer nada a cambio, sólo por el hecho de pertenecer a ese sector, lejos de reducir la problemática la profundiza, los vuelve esclavos modernos, luego, si va a dar ayudas económicas debe, por el otro lado, educar para que sepan cómo incorporarse al sistema de vida y con ello puedan generar su “riqueza”.
“La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica el respeto mutuo”
Eduardo Galeano
Para reducir la pobreza hay que invertir en educación: ciencia, arte, ética, filosofía y deporte, a efecto de que la persona tenga elementos que le permitan incorporarse a un proyecto en el que pueda realizarse con sentido propio de vida, generando cohesión social. Asimismo, abrir los mercados de producción, que permitan la inversión, pero regulando los abusos para obtener grandes utilidades, respetando al medio ambiente, fomentando el comercio interno, todo, para mantener la vida personal, social y espiritual del ser humano.










