Por Leticia Montagner
Al igual que la misteriosa desaparición constante de los calcetines en la lavadora, nadie sabe cómo se originó ni quien declaró el Día Mundial de los Calcetines Perdidos, que se celebra cada 9 de mayo, mismo que se nos perdió durante 10 días.
¿Quién no ha perdido un calcetín? ¿Quién no ha buscado el calcetín faltante por todos los lugares de casa, infructuosamente? ¿Quién no ha tratado de emparejar un par de calcetines de colores similares? ¿Quién no se ha dado de topes cuando encuentra un calcetín faltante, pero ya se ha desechado el otro? ¿Alguien lleva la cuenta de las pérdidas? ¿Cuál es el misterio?
Todas las personas los hemos perdido, suaves y duros, blancos, negros, de rayas, de colores, con figuras. En la niñez, nuestras mamás decían que se habían ido al país de los calcetines perdidos.
La palabra calcetín proviene del latín calcea y a su vez de la palabra calceus, zapato. Los historiadores señalan que los primeros surgieron en el año 256 en Egipto, como un trozo de lana que protegía los pies.

Hay quien dice, sin pruebas científicas, que cada persona pierde más de mil calcetines a lo largo de su vida. Se pierden en la recámara, la sala, entre las sábanas, debajo de la lavadora, en el cuarto de lavado, en las cestas de la ropa limpia, en los oscuros rincones de las cómodas, los armarios y los closets, pero nadie los encuentra. Lo único cierto, es que se pierden.
Jamás se ha resuelto el misterio y la culpa es de la máquina, de la persona o de los duendes. Los expertos culpan al desorden personal en el uso de prendas de vestir, otros recomiendan anudarlos o meterlo uno en otro y que de ese modo siempre aparecerá siempre el par, pero hay reticentes y dudas sobre si desaparecerá la suciedad y el mal olor. Habrá que imaginar a las esposas de los futbolistas y sus medias para jugar.
Para aquellos que guardan los calcetines impares, es una lástima que el Día Mundial del Síndrome de Down sea celebrado solamente una vez al año, el 21 de marzo, según declaración de la ONU en el año 2011. Después, por una iniciativa infantil, un modo de celebrarlo es utilizar calcetines dispares. El problema es que este hecho no es muy conocido, pero aliviaría el sentimiento de culpa.
Los expertos recomiendan jugar en familia a encontrarlos, con jugosas recompensas, hay sesudos y profundos estudios sobre las causas, llamémosla de la perdición, pero que nadie los entiende, incluso llegan a una serie de ecuaciones para explicar las razones de las pérdidas.

Los economistas hablan de cifras millonarias sobre las pérdidas y se extiende la moda sobre todo entre la juventud de no usarlos, sin embargo, la pérdida de los calcetines continúa.
Quien no haya perdido calcetines, calcetas o medias que hable o calle para siempre y parafraseando los Santos Evangelios, quien esté libre de toda culpa, que tire a la basura el primer calcetín…
No hay forma de encontrarlos, ni en el fondo de los armarios, ni en los cestos de ropa sucia.

Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









