Dra. Nathaly Rodríguez Sánchez
La perspectiva de género es una forma compleja de abordar y explicar las jerarquías que se originan en una sociedad en razón de las significaciones y valoraciones que en ella se hacen de los cuerpos y de las orientaciones sexoafectivas de los individuos.
Esta forma de análisis de la diferencia social, que empezó a formularse desde las trincheras académicas a mediados de la década de 1980, complementó las perspectivas más tradicionales (como aquellas que ponen en el centro a la clase, el estatus social o la etnia) con base en las cuales hasta ese momento se estudiaban los distintos roles asignados a los sujetos en una sociedad por condiciones que van más allá de su propia voluntad y, en seguidilla, a partir de las cuales se escudriñaban las situaciones de poder que de ello pudieran derivarse.
Las miradas críticas sobre el lugar ocupado por las mujeres en la mayoría de las sociedades occidentales complejizaron ese abordaje de la «diferencia social» al señalar que los seres humanos no desempeñamos determinados roles y funciones sociales (adjetivizados como masculinos y femeninos) por una información proveniente de la naturaleza de nuestros cuerpos, esto es, por un dato que provenga solamente de nuestra configuración biológica.
Más allá de esto, en tanto seres racionales y creadores de cultura, seres que buscamos dotar de significado al mundo, se anotó que los humanos también construimos significados para los cuerpos: asociamos determinada genitalidad con ciertas características intelectuales, físicas, emocionales, del deseo de los sujetos, y, a fuerza de una socialización constante en tal asociación, llegamos a entender tales atributos y comportamientos como fruto de la naturaleza y, en consecuencia, pasamos a exigirlos a los individuos. Ahora bien, tales asignaciones están directamente relacionadas con un lugar de poder y, usualmente, las características entregadas a los cuerpos masculinos (la templanza, la valentía, etc.) son entendidas como socialmente más valorables, lo que deviene en una posición preminente para los varones.
La perspectiva de trabajo que tiene a esta conceptualización como soporte, la perspectiva de género, entiende pues que es necesario trabajar en modificar las lecturas de los cuerpos que dejan en desventaja a ciertos individuos, en resumidas cuentas, es una forma de trabajar por la construcción de sociedades más justas al recordarnos que somos autores de esos marcos de comprensión que pueden limitar el comportamiento de hombres y mujeres al punto de generar desigualdades ostensibles y hasta asfixiantes. Pero la buena noticia es que por su propia naturaleza podemos intervenir en ellos, una labor exigente y de mediano plazo.










