La campaña electoral que está a una semana de concluir es la más sangrienta en la historia reciente de México.
Afortunadamente Puebla no se ha contaminado de esa violencia, aunque sí prevalece violencia verbal y, sobre todo, disputas internas que suben de nivel particularmente en Morena.
Unos y otros se echan culpas y se advierte que no habrá solución entre las partes, pues tienen objetivos distintos.
Pero volviendo a la violencia criminal en el país, le comparto que el conteo de El Financiero ubica en 31 los homicidios cometidos sólo en lo que va del proceso electoral federal, del 7 de septiembre a la fecha.
No sólo los candidatos han sido afectados con homicidios, amenazas, atentados, sino que alcanza a sus familias, promotores al voto, seguidores y ciudadanos que se cruzaron en un mal momento en el peor lugar.
Pero hay otro dato duro que da la nota de este miércoles: que no hay un solo sospechoso detenido.
Vaya, ya ni siquiera hay sospechosos señalados o contra los que se hayan girado ordenes de aprehensión.
Parece que el Estado ha sido rebasado y la naturaleza de los ataques va desde pugnas internas hasta escarmientos de delincuentes a candidatos que no quieren pactar con ellos.
También está la hipótesis de que adversarios promueven las amenazas para inhibir la participación de algunos personajes para dejar el campo libre a sus “gallos”.
Grave es pues la situación de inseguridad en México y esa descomposición se traslada a las campañas, haciendo la tormenta perfecta.

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