La campaña de diputados federales no duró dos meses sino como uno y medio.
Comenzó cuando los candidatos en general comenzaron a fraguar sus recorridos.
Cuando las candidatas consiguieron la atención de los medios y organizaciones.
Y las campañas caminaron.
Y ya poco después, cobraron relevancia cuando se conocieron los escándalos de candidatos acusados de pederastia, cuyas investigaciones no han llevado a nada y siguen prófugos.
Las campañas locales a alcaldes prendieron los reflectores al resto, porque se dieron los contrastes y los ataques.
Aunque hay que decirlo: la campaña en Puebla fue aburrida.
Quizá por breve.
Quizá por el COVID-19.
Tal vez porque hubo más emoción en la selección interna de candidatos, y cuando llegó la constitucional ya no había nada que pelear.
Los conflictos internos deterioraron la unidad de los partidos y hoy veremos a emblemas deteriorados, cansados y confundidos.
Y cuando los operadores electorales escasean, cuando los fondos son limitados y hay poca imaginación, el resultado electoral será reservado.
Más allá de quien gane, el resultado de la jornada quizá sea una sorpresa.
Ya veremos el domingo.

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