O del que nadie quiere hablar
Por Karla Sosa
“Prieto”, “negro”, “naco”, “indio”, “cholo” son algunas de las definiciones que escuchamos todos los días en México, el problema reside en que comúnmente se usa en forma despectiva a comparación de “güero” que resulta un halago y si alguna vez ha entrado a un mercado se dará cuenta que a todos los compradores se lo dirán sin distinción alguna.
México está dentro del 25 por ciento de países con mayores niveles de desigualdad, en 2017 las 10 personas más acaudaladas acumulaban la misma riqueza que el 50% de la población más pobre del país. (Oxfam, s.f.). De acuerdo con el INEGI, en el territorio mexicano 25.7 millones de personas, es decir el 21.5 por ciento de la población, se autodescribe como indígena, las comunidades originarias continúan siendo las más vulnerables ante la situación de desigualdad, pues de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) el 69.5 por ciento de la población indígena, es decir 8.4 millones de personas, experimenta una situación de pobreza y el 27.9 por ciento, 3.4 millones de personas, de pobreza extrema. Citado por IWGIA (2020).
Para comprender la dimensión del tema, debemos considerar que el inicio se marcó con el descubrimiento de América que abrió las puertas al colonialismo, la conquista situó a los españoles en una posición de poder, lo cual, se tradujo en la creación de la categoría “indio” que no hacía distinción entre las diferentes civilizaciones mesoamericanas, en cambio se enfocaba exclusivamente en hacer una distinción entre los nativos en América y los conquistadores. (López-Bárcenas, 2013).
Por lo que, se puede inferir que desde un inicio la palabra “indio” fue usada para aludir la inferioridad de los pueblos nativos y dicho señalamiento se sigue usando hoy en día. Con la necesidad de imponer un orden, los españoles tomaron los cargos más importantes y en consecuencia el privilegio estaba ligado a la procedencia, esto no significa que siga siendo certero hoy en día, pero el prejuicio es similar, ya que, cuando se ve a una persona de tez oscura se piensa automáticamente que tiene escasos recursos y cuenta con menos educación, en cambio cuando se trata de alguien de tez clara se asocia con belleza y riqueza.
En los siglos XIX y XX el modelo europeo de entonces afirmaba que las naciones estaban conformadas por razas y que estas favorecían o dificultaban el progreso de la misma. Para la segunda mitad del siglo XIX estas ideas ya se habían difundido por todo el mundo, por consiguiente, la mayoría de los países se preguntaba cómo formar su nación étnica, de esta manera México se reivindicó con el mestizaje que uniría dos sangres, dos culturas en una nación próspera. (Gall, 2021). Lo que en un inicio se escuchaba óptimo terminó por mezclarse con ideales racistas, los “indígenas” por sí mismos eran considerados indignos de acuerdo a todo lo que representaban desde sus ideales hasta sus rasgos físicos, por lo que, el resultado esperado era que con el mestizaje la raza se “remendara”. Sin embargo, los afrodescendientes y los asiáticos que se integraron a lo largo del virreinato novohispano, no estaban incluidos en dicho plan del renacimiento de la nación.
De acuerdo con Federico Navarrete: “Deseamos el blanqueamiento de los indígenas, pero jamás la indigenización de los blancos”. (UNAM, 2017, párr. 3).
Según el reporte del explorador alemán Alejandro von Humboldt: “En 1810 los habitantes de la Nueva España eran aproximadamente 5 millones 800 mil, y alrededor de dos millones y medio eran indígenas”. Citado por INAH (2021). Su participación fue fundamental en la Independencia y la Revolución Mexicana, pues casi cincuenta por ciento correspondían a este sector social, sin embargo, no lograron su objetivo, debido a que sus tierras eran expropiadas y restituidas constantemente, lo que les impidió hacerse de un patrimonio. (INAH, 2021).
Posterior a las guerras de Independencia, se fundó una sociedad homogénea, que se compuso por individuos sometidos a un régimen, el cual les garantizaba sus derechos, no obstante, se siguieron violando las libertades de los pueblos nativos, entre ellos la posesión colectiva de sus tierras y el mantenimiento de sus gobiernos propios (López-Bárcenas, 2013). Por lo que el colonialismo continuó años después de haber sido ejercido exclusivamente por los españoles y hoy en día, aunque no parece tan grave como antes, nos ha generado una sociedad dividida por etiquetas que hemos estado cargando desde hace mucho.
La pobreza en México es alarmante y también está relacionada con la desigualdad que vivimos día a día. De los índices de pobreza, la mayor parte corresponde a las comunidades “indígenas”, la cual está relacionada con las diferencias culturales entre los grupos dominantes económicamente y las comunidades que representan una minoría por sus creencias, pero que juntos forman una cantidad notoria.
Esto nos hace pensar que la deficiencia de los proyectos de ayuda no se debe a la escasez de recursos, sino al diseño de los mismos, pues no toman en cuenta la estructura de la comunidad, ni a las personas que la conforman y a la que está dirigida. Además, estos grupos son más propensos a ceder ante la pobreza debido al nivel de educación que se les provee, así como los servicios que carecen, actualmente con la crisis sanitaria muchas comunidades no han sido atendidas como es debido, de igual manera se ven afectadas por proyectos turísticos que resulta en el desplazamiento de la población y el despojo de su patrimonio.
Diferentes grupos son estigmatizados día a día no sólo por formar parte de una comunidad indígena, también por ser mestizos con más rasgos de los pueblos nativos, son juzgados por su color, facciones, el nivel educativo, la manera de hablar, e incluso de vestir. Ellos son los que comúnmente reciben los apodos de “nacos”, “negros”, “indios”, “cholos” etc. El verdadero reto es cambiar el significado, es decir, dejar de usar los adjetivos como algo despectivo porque no lo son, de acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (2011): 54,8 por ciento de la población afirma que se les insulta por el color de piel y 15 por ciento cree que sus derechos son violentados por el mismo motivo. (Citado por Gonzáles, 2020, párr. 17).
Con la globalización es fácil hablar de temas alrededor del mundo, uno popular es sobre las expectativas irreales en relación a la belleza y como lo natural “es lo de hoy”, por lo que, en esta diversidad me gustaría añadir que en los medios de comunicación hacen falta representantes de estas comunidades, ya que, las hemos censurado en nuestro intento de alcanzar lo que se considera “ideal” y nos negamos a ver la riqueza cultural que nuestro país tiene para ofrecer.
No hace falta argumentar sobre problemáticas en otros países, cuando el nuestro está lleno de prejuicios raciales y clasistas que se esconden bajo etiquetas sociales y excluyen a ciertas comunidades porque “simplemente no pertenecen” causando consecuencias que nos afecta a todos. El problema con la discriminación reside en que se hacen juicios a partir del lugar que te tocó en la sociedad, hay que tener en cuenta que no se puede elegir bajo qué condiciones nacer o que características físicas tener…
Usualmente cuando se discute sobre la pobreza surge el argumento de las oportunidades abiertas a todo público, pero siendo francos la competencia en el mercado laboral exige preparación, experiencia y habilidades que resultan arduas para comunidades que: “sólo un 3 por ciento tiene posibilidad de acceso a la educación superior” (Fernández, 2017). Mientras que para considerarse competente se necesita mínimo una maestría.
No me es preocupante que haya problemas en nuestro país porque siempre ha habido, el verdadero problema es que las personas se han dejado de cuestionar y han sentenciado que “simplemente así es”, dejemos de folklorizar las culturas existentes en nuestro país, de usar argumentos basados en la crítica del físico, de la ropa que se usa o del acento para inferiorizar la dignidad, veamos más allá de las etiquetas que incluso nosotros cargamos y estoy segura de que se encontrara con otro ser humano.
Es el tema del que nadie quiere hablar, pero implora a gritos ser tomado en consideración, no se trata de grandes gestos, sino de pequeñas acciones, se necesita consciencia sobre la manera en que nos relacionamos con otros y poner a prueba los estigmas con los que crecimos. Olvidemos por un momento lo que nos han repetido que “debería de ser” y preguntémonos lo que nos gustaría que fuera, México es un país de tradiciones, considero podríamos crear nuevas.

Referencias
Oxfam. (s.f.). México justo: políticas públicas contra la desigualdad. Oxfam. Recuperado de
IGIWA. (2020). El Mundo Indígena 2020: México. IGIWA. Recuperado de
https://www.iwgia.org/es/mexico/3745-mi-2020-mexico.html
López-Bárcenas, F. (2013). ¿Qué hacemos con los indios? Pueblos indígenas y desarrollo: entre las políticas gubernamentales y el «buen vivir». Papeles de población, 19(77), 177-192. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-74252013000300010&lng=es&tlng=es
Gall, O. (2021). Mestizaje y racismo en México. Nueva sociedad. Recuperado de
https://nuso.org/articulo/mestizaje-y-racismo-en-mexico/
UNAM. (2017). El racismo en México se origina en el mestizaje y se detona en la familia: académico de la UNAM. Dirección general de comunicación social. Recuperado de
https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2017_519.html
INAH. (2010). Indígenas en la Independencia. INAH. Recuperado de
https://www.inah.gob.mx/boletines/3251-indigenas-en-la-independencia
Gonzáles, D. M. (2020). Racismo en México: cómo la muerte de George Floyd desató en el país un debate «del que nadie quiere hablar». BBC News. Recuperado de
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-52931479
Fernández, D. D. (2017). Cultura mexicana, profundamente racista, clasista y sexista. IBERO. Recuperado de
https://ibero.mx/prensa/cultura-mexicana-profundamente-racista-clasista-y-sexista-rector-ibero
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